miércoles, 22 de septiembre de 2010

Pogromos mediáticos

Pues ná, que después de un montón de tiempo dejando esto abandonado y triscando por donde Don Javier, ayer en un momento de inspiración me largué un texto que tuvo cierto éxito y hasta llegó a la portada. Se supone que el objetivo inicial de este humilde cutreblog era dejar constancia de mis grandes idas de olla en un sitio localizable, así que qué menos que traer aquí ese comentario, que ya ha sido copiado en otros blogs, aunque sea por tirarme el moco un poco. Lo copio retocando alguna errata que se me coló y copio también las puntualizaciones que hice después. Así que nada, aquí queda, y a ver si actualizo algo más de vez en cuando.

El rollo éste iba sobre la nueva matraca político-mediática de estos días: los gitanos rumanos. Lo que me hizo pensar en...

Es espectacular el modo en que, en tiempos de crisis, “los de arriba” (políticos, banqueros, empresaurios, poderes mediáticos, lo que sea) se las apañan para librarse de las iras de “los de abajo” haciendo que éstos se enfrenten entre ellos. El caso es que los que de verdad tienen poder y responsabilidad y capacidad para arreglar las cosas siempre consiguen escurrir el bulto: “la culpa de este sistema tan injusto no es nuestra, es de los putos [insertar aquí un colectivo de pringaos a los que culpar de todo], a por ellos”.


¿Que no? Sólo en este año de 2010 ya lo hemos visto en varias fases, no hay más que revisar las hemerotecas: hace unos meses la bicha eran los funcionarios (léase con voz lúgubre). Los funcionarios, en su amplia mayoría mileuristas puteados, eran culpados de ser demasiados, de ser unos privilegiados, de ganar mucho, de no currar nada, de ser los culpables de lo mal que va todo… esa opinión, azuzada por ciertos políticos y la derecha mediática, sirvió para instalar en el público la idea de que la solución a todos los males pasa por cepillarse a los funcionarios.


Pasada la fase de los funcionarios y el verano, el objetivo del siguiente “pogromo” fueron los sindicalistas: que si vagos, que si aprovechados, que si lastre para el país… de nuevo la derecha mediática y política consiguió crear el estado de opinión según el cual todo se arreglará dándoles pa’l pelo a los sindicalistas… o mejor aún (para los que promueven estas campañas): cargándose los sindicatos. El pim-pam-pum antisindical de las últimas semanas ha sido de órdago, y la masa borreguil de tertulianos de barra de bar se ha apuntado con entusiasmo: “hostia, que tenemos nuevo chivo expiatorio, a saco a por él”.


Pero como lo de los sindicalistas perderá actualidad después del día 29, pase lo que pase, ya se está preparando la nueva cabeza de turco de los males sociales: los inmigrantes. Lo cierto es que han tardado en sacarlos al disparadero (bueno, son un colectivo al que se puede convertir en chivo expiatorio varias veces si hace falta, así que aún les queda recorrido), así que ya tenemos otro “gran culpable” para que las masas despedacen mientras los que tienen la sartén por el mango respiran aliviados y se guiñan el ojo: “menos mal que tirándoles un huesico se calman”.


Al final, de una manera u otra, con la campaña de politicastro de turno y el altavoz de las vuvucelas mediáticas, el resultado es que nosotros los pringaos acabamos enfrentándonos entre nosotros mientras “los de arriba” se mantienen incólumes. Funcionarios, sindicalistas, inmigrantes y demás currantes y parados desperdiciamos nuestras iras culpándonos unos a otros, cayendo en la trampa que nos tienden: “ése es un privilegiado de la hostia”, “ése viene de fuera a quitarte el trabajo”, “tú no tienes que ver con ellos, que tú eres de clase media, que tienes DVD y móvil táctil”… ésos son los mensajes que llegan para enfrentar y dividir a los trabajadores.


Con ello los estamentos poderosos político-económico-mediáticos no sólo mantienen el descontento social a raya, sino que así pueden colar de rondón sus “soluciones” (los chivos expiatorios suelen ser cuidadosamente escogidos): “abajo los funcionarios, vamos a privatizar”, “abajo los sindicalistas, carguémonos la negociación colectiva y los derechos laborales”, “abajo los inmigrantes, vamos a policializar”. Lo de Niemöller falsamente atribuido a Brecht está muy manido, pero aquí se podría aplicar: “primero vinieron a por los funcionarios… después vinieron a por los sindicalistas… después vinieron a por los inmigrantes…”


Y mientras sigamos lanzándonos contra los huesecillos que nos tiran, en vez de ir a por el solomillo que guardan bien escondido, esto no va a ir a ninguna parte, y estaremos condenados a dar vueltas sin salir de la mierda, y generando más odio, más resentimiento y más injusticia.


A continuación, la adenda que añadí al día siguiente:

Bueno bueno bueno, madremía… qué gran honor que me hace usted, Don Javier, se me suben los colores, muchas gracias a todos.

Ya puestos quiero hacer un par de puntualizaciones, porque estos comentarios se escriben con prisa y medio en caliente (aparte de que se han colado un par de erratillas, pero que se entiende igual).


No pretendo en ese comentario sentenciar sobre quiénes son los verdaderos culpables de la crisis, ni cargar todas las iras sobre los malvados capitalistas de chistera como alguien ha apuntado, porque culpables, lo que se dice culpables, hay más. Por eso suscribo el comentario de Manu (#65) donde recuerda cómo éste país se ha entregado durante años a la cultura del pelotazo y el monocultivo del ladrillo, y aunque aquí “los de arriba” tienen su parte (y no pequeña), también “los de abajo” han participado con entusiasmo.


Lo que critico en el comentario original es cómo se dirigen interesadamente los focos de la atención mediática: no hay más que seguir los editoriales, las declaraciones de políticos, las portadas de los periódicos, los titulares de informativos o las columnas de opinión para ver cómo en los últimos meses vivimos una sucesión de ataques a colectivos concretos, a los que se carga con todos los males. Además esto sucede con una coordinación asombrosa, que parece que se abre la veda de caza: hoy toca leña a los funcionarios y tenemos durante una semana a todos los columnistas rajando de los funcionarios, y las portadas de los periódicos sacando titulares sobre si sobran nosécuántos o cuestan noséqué. Y mañana son los liberados sindicales, pasado los controladores aéreos o los del Metro de Madrid (que los había pasado por alto)… este fenómeno ya se ha reproducido varias veces en los últimos meses, y para señalarlo escribí el comentario.


Además, esos “progromos mediáticos” vienen de narices no sólo para que “los de arriba” escurran el bulto de la parte que les toca (librarse de responsabilidades y de buscar soluciones de verdad) y de paso puedan colar de rondón sus más húmedos sueños (recortes sociales, desregulación laboral…) También a muchos de “los de abajo”, los que se tragan esas consignas y las apoyan con entusiasmo, el mismo entusiasmo con el que se entregaron al ladrillazo (como dijo Manu en el #65), les viene de la leche para lavar sus conciencias.


Hay muchos especímenes, por ejemplo, que ahora están chupando paro, después de haber dejado los estudios a los 16 para irse a poner rasillas, ganar una pasta gansa en la burbuja del ladrillazo y gastársela en un cochazo tuneado y un plasma de 3.000 euros. Ahora sufren las consecuencias: no tiene formación, no tienen un duro y tienen un futuro muy negro. Hay otros que tenían cuatro duros ahorrados y se metieron a especular con pisos, y ahora se los tienen que comer con patatas por habérselo jugado todo a una carta y creerse aquello de “esto nunca baja”. Y hay casos y casos. A estos tíos nada les halaga más que que les digan que ellos no tiene ninguna culpa de su situación, que la culpa es del funcionario del INEM, del delegado de la UGT, del controlador de Barajas o del “paisa” que vende en el top-manta de la esquina. Con razón se tragan lo que dicen los editorialistas de turno.

Por eso digo que hay que dejar de tragarse esos cuentos de “¡ahí está el culpable de todo, a por él!”. Aquí falla el sistema entero de arriba a abajo, y mientras no seamos conscientes y sigamos persiguiendo a la liebre que nos señalen cada vez, esto no se va a arreglar.


Pero en fin, muchas gracias por los halagos, y también gracias a los críticos (y algún troll de los habituales) que ponen a parir a Nacho creyendo que ese texto lo escribió él: precisamente de eso trataba, de cuando se desvían responsabilidades y tal ;-)

3 comentarios:

Javier Solera dijo...

Un interesante comentario, ¿pero Escolar no se llama Ignacio?

Un saludo.

Darth dijo...

Es una coña que nos traemos por el blog: una vez escribieron, en una página ultracatólica, un artículo poniéndolo a parir, en el que le llamaban "Javier Escolar", y desde entonces le llamamos "Don Javier", en plan cachondeo.

hebert - casas en venta dijo...

bueno eso es porque la crisis no les afecta tanto a los de arriba...

 
Dejen a nuestros ancianos tranquilos
19A-lomojó