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miércoles, 6 de junio de 2007

Paisaje después de unas municipales (con retraso)

Esto de no actualizar a menudo es un problema, porque se te van acumulando los temas y luego es un desastre ponerse al día. Debido a asuntos personales que no vienen al caso he tenido que dejar el blog aparcado dos semanas, y ahora tengo un montón de cosas de las que quiero hablar que se me han amontonado: el resultado de las municipales, las consecuencias del resultado de las municipales, la magufada de "debe gobernar la lista más votada por cojones", la propuesta de ponerle letra al Himno Nacional, los últimos rebuznos PPezoniles del 11-M, el 30 Aniversario de El Jueves... y encima va ETA y caga un comunicado para decirnos que rompe la tregua (aunque parece que los de ETA están más desactualizados que yo, porque lo del fin de la tregua ya lo sabíamos hace más de cinco meses).

Tengo la norma de no comentar más de una cosa por día, así que iré poco a poco con cada asunto, a pesar de que voy a ir pelín retrasado con respecto a la actualidad (espero que no se me acumulen más noticias). Pero bueno, yo no gano dinero con esto, así que tampoco tengo por qué andar a la última. Así que hoy comentaré, con semana y media de retraso, los resultados de las municipales del 27-M, al menos en la parte que me toca, la política municipal y provincial de Ourense. Los análisis de si ha ganado Rajoy o ZP los dejo para más adelante.

Los rojo-separatistas se apoderan de Ourense

En mi ciudad han terminado doce años de mayoría absoluta del PP y hemos entrado en la era del bipartito rojo-separatista del PSdeG-PSOE y el BNG. Salvo cataclismos de última hora (algún Tamayo, alguna Susana Vázquez Dorado...), el socialista Francisco Rodríguez será el nuevo alcalde de Ourense. Yo le voté, pero he quedado sorprendido porque no esperaba que fuera alcalde: calculaba que el BNG quedaría por delante del PSOE y que el alcalde sería Alexandre Sánchez Vidal, que ha sido el jefe de la oposición estos años. Y me ha sorprendido porque no le veía a Rodríguez ni gota de carisma como para llevarse tantos votos, al menos al lado del BNG de Anxo Quintana, que se han mandado una campaña por todo lo alto. Dicen por ahí que ha sido el efecto ZP, o el efecto Touriño, o que la gente ha votado, en este caso, más al partido que a la persona (como si eso no fuera lo que pasa casi siempre - votar a la persona es la excepción, no la regla, incluso en las municipales). Naturalmente no está faltando el lloriqueo pepero sobre la lista más votada y tal y cual: próximamente dedicaré un post a este tema (sólo adelanto que democracia es el gobierno de la mayoría, y por tanto que la oposición sea la minoría; cuando gobierna una minoría, por muy "lista más votada" que sea, y la mayoría está en la oposición, entonces ya no está funcionando bien la democracia).

Algo jodido debe haber quedado Sánchez Vidal, que después de 8 años como líder de la oposición (el BNG tenía más votos que el PSOE), no sólo no ha recogido la alcaldía perdida por el PP, sino que encima ha perdido votos y un concejal. De hecho en las primeras horas tras conocerse los resultados llegó a decir que el alcalde no tendría por qué ser necesariamente Rodríguez: "los pactos los decide la dirección del partido", afirmó en la radio, insinuando que alomojó en Santiago decidían ponerle de alcalde a él. Afortunadamente rectificó pronto y ha negociado un acuerdo que parece marchar sin contratiempos, aunque este detalle me deja intranquilo, pues deja abierta la puerta a un posible "castrillazo" como el de Vigo.

El peligro de un castrillazo en Ourense: aviso para navegantes

¿Qué es eso del "castrillazo"? Pues veréis: esta actitud inicial de Sánchez Vidal me ha recordado lo sucedido en Vigo en la legislatura pasada (entre 2003 y 2005 viví allí y lo ví de cerca): entre 1999 y 2003 gobernó la ciudad un bipartito PSOE-BNG, con alcalde del BNG (Lois Pérez Castrillo), porque era el que más votos tenía de los dos. En las elecciones de 2003 se repitió el pacto, pero como en esta ocasión los socialistas lograron más votos, pusieron ellos el alcalde (Ventura Pérez Mariño). Sin embargo, a Castrillo no le sentó nada bien (sobre todo les quitaron también urbanismo), y desde el primer día se dedicó a sabotear el gobierno municipal, haciéndole la vida imposible a Pérez Mariño. Además, Mariño metió mano en la red de compadreos que Castrillo había montado, como alcalde, con algunos medios de comunicación y promotores inmobiliarios de la ciudad: suculentos gastos en publicidad, tejemanejes urbanísticos varios (el enlace de antes lo describe todo con detalle). Mariño optó por la austeridad, recortó esos gastos publicitarios, frenó los manejos urbanísticos, se bajó el sueldo y exigió al resto de la corporación que le siguiera.

En fin, que Castrillo decidió cargarse a Mariño como fuera, con el apoyo de sus amigos periodistas y promotores y la alianza circunstancial del PP. Que digo yo, ¿tan nefasto era Pérez Mariño para la ciudad? ¿En cinco meses de mierda (parte de ellos de vacaciones de verano), hizo tanto daño a Vigo como para cargárselo, según contaban Castrillo y Radio Vigo? 'amos, venga! El sabotaje interno del BNG de Castrillo obligó al alcalde a destituir a sus concejales, lo que llevó a una cuestión de confianza, la derrota de Mariño, su salida de la alcaldía y la entrada de un gobierno en minoría del PP, apoyado por Castrillo en algunos asuntos claves, como... el urbanismo. Aún recuerdo con qué cinismo hablaba Castrillo en la radio cuando se cargaron a Mariño: "el BNG apoyará como alcalde a cualquier candidato que presente el PSOE, excepto a Pérez Mariño". El PSOE, con razón, dijo que o Mariño u oposición, así que, gracias a Castrillo, el PP se hizo con Vigo, convirtiendo la ciudad en un ariete contra el gobierno de ZP primero y el de Touriño después, y aprobando un plan de urbanismo que tuvo que ser "depurado" por la Xunta, que algunas organizaciones vecinales califican de "ilegal"...

Finalmente Castrillo abandonó la política (o lo abandonaron) porque su cruzada personal contra Mariño había dañado gravemente la relación PSOE-BNG a nivel de Galicia, en la época en la que la era fraguiana llegaba a su fin. La sentencia sobre el enfrentamiento PSOE-BNG en Vigo fue dictada por los vigueses el pasado 27 de Mayo: el PSOE subió (no mucho) y el BNG bajó (y bastante, y eso que habían largado a Castrillo). Y como la historia está para aprender de ella, espero que lo sucedido en Vigo sirva de ejemplo y aviso para todos los bipartitos PSOE-BNG que van a surgir de estas elecciones. Especialmente espero que Sánchez Vidal tome nota y se trague sus supuestos "celos". A esto me refiero con lo del "castrillazo", que espero que no suceda: que quede como aviso para navegantes.

Hondonadas de ostias en el PP

"Vamos a llevarnos bien, porque si no van a haber hondonadas de ostias aquí, eh". Esta mítica frase de Manuel Manquiña en "Airbag" describe la situación del PP de Ourense tras perder el gobierno de la capital. El sursum corda del PP provincial, José Luis Baltar, que es de los que pasa lista cuando hay que ir a votar, se ha revisado los resultados mesa por mesa y ha encontrado a los "culpables" de la derrota: los responsables de los distritos del centro de la ciudad, esto es, los hombres del ex-alcalde Manuel Cabezas, que le habrían hecho la cama al candidato pepero, "Poly" Nóvoa (elegido a dedo por Baltar). Detalle curioso del enlace anterior: "[Baltar] ha detectado casi 1.000 votos en blanco, la mayor parte de esta área y que, piensa, son de militantes ‘populares’". Acojonante lo de este señor: lo de pasar lista no es ninguna exageración mía (¡viva el "voto secreto"!). Se dice que el pobre Poly ha tenido que recibir la patada de los votantes que iba dirigida a Cabezas, pero yo disiento: Poly Nóvoa no era un inocente corderito, sino el Concejal de Urbanismo. Es decir, que algo de responsabilidad tendrá en el PPelotazo de As Burgas y en que en esta ciudad no se haya hecho una vivienda social digna de tal nombre en 10 años.

Los enfrentamientos entre Baltar (líder de los boinas) y Cabezas (figura de los birretes) tienen ya una larga historia: Baltar dominaba la provincia, pero Cabezas la ciudad, y en su lucha por a-ver-quién-manda-más, han ocupado más páginas de actualidad que la administración del Concello. Se ha hablado de una rebelión de los cabecistas (joder, qué mal suena) para disputarle el liderazgo a Baltar, pero el propio Cabezas dice que no existe tal rebelión, sino que todo es un invento del diario local La Región, que como ya he dicho en alguna ocasión, no es más que la hoja parroquial de Baltar y lleva años haciendo campaña contra Cabezas. Exista o no la rebelión, el caso es que Baltar ha triunfado sobre los rebeldes (cosa fácil, si como dice Cabezas todo era un montaje) y sigue teniendo la sartén por el mango, a pesar de los malos resultados de las elecciones, de los que algo de culpa tendrá (digo yo). Más bien me parece que Baltar ha lanzado un ataque preventivo contra Cabezas para cargarle el muerto de la derrota, antes de que Cabezas se lo cargara a él.

Con todo, Baltar es el dirigente pepero menos dañado tras estas elecciones: el PP salvó la Diputación de Pontevedra en el último minuto, pero si no lo hubiera logrado, Baltar se habría convertido en el dirigente del PPdeG con mayor poder institucional. Baltar había sido relegado tras la sucesión de Fraga, pero ahora puede acudir ante Núñez Feijóo (otro de sus grandes adversarios dentro del partido) a presentar sus resultados (al menos ha conservado la Diputación y en las otras provincias otros lo han hecho peor) y reclamar "¿qué hay de lo mío?". Esta depuración que ha hecho en Ourense capital esta semana es el primer aviso.

Claro que, aunque recupere poder dentro del partido, la estrella de Baltar comienza a apagarse. El resultado de estas elecciones ha sido un duro golpe para él, peor de lo que esperaba, y para más inri su antaño lozana red caciquil se empieza a marchitar por falta de riego. Antes, con el PP en la Xunta y en el Gobierno Central, Baltar podía prometer montes e moreas a cambio de los votos y acudir a Santiago para que le firmaran cheques en blanco con los que hacer favores: una subvencioncilla por aquí, un puestecillo en la administración por allá... pero eso se le ha terminado. Mucha gente a pie de calle aún no se ha dado cuenta, pero algunos más enterados (sectores empresariales, sobre todo) ya ven claramente que las vacas gordas de Baltar se han acabado. Es muy posible que dentro de cuatro años Baltar siga el camino de su amigo de Lugo, Francisco Cacharro, y la red clientelar de la provincia de Ourense se derrumbe. Esperaré ansioso para verlo.

Por cierto, antes de que me olvide: el PP, antes de dejar libre el despacho de alcalde de Ourense, ha convocado "urgentemente" oposiciones para cubrir ciertas plazas en el Concello. Es decir, el barco se les hunde y han sacado los salvavidas. Hay cosas que nunca cambian.

Mis Estampitas Electorales

Por último, no debo olvidar a mis tres Estampitas Electorales: la alcaldesa de Porqueira, el ex-alcalde de Os Blancos y el candidato Troitiño.

Susanita, candidata menos votada del 2003, tránsfuga del PSOE y repescada por el PP (que es un partido que respeta los pactos, como el anti-tránsfugas, y que defiende que gobierne la lista más votada) ha revalidado su mandato. Su lucha contra la despoblación del municipio (traducida en ciento y pico censados por ella de una tacada a principios de este año, aumentando la población un 10%!!!) le han valido la vida. El PP exhibe Porqueira como uno de los municipios que "ha ganado" en estas elecciones, aunque de hecho ya lo gobernaban. Al menos ahora Susana no ha cambiado de chaqueta, que no es poco. Claro que es mala época para hacerse del PP (y si no, siempre le quedará el Inorde).

El Último Casique, el ex-alcalde de Os Blancos, también ha visto casi colmadas sus expectativas: la lista de Terra Galega, que él apoyaba en esta ocasión, ha ganado las elecciones (la cuadrilla de votos manejados por Rodríguez Ferreiro ha sido decisiva). Pero se han quedado a un concejal de la mayoría absoluta: ha sido una pena, porque si los misteriosos 80 censados en casa del Último Casique hubieran podido votar, Terra Galega habría conseguido mayoría absoluta (bueno, he echado cuentas y con sólo 26 votos más lo hubieran logrado). Eso sí, tienen mucho donde escoger, porque la corporación de Os Blancos está más fragmentada que las Cortes de la II República: cuatro concejales de TeGa, dos del PP, uno del PSOE, uno del BNG y un independiente (ADEI). Vamos, que las cinco candidaturas de ese municipio de mil habitantes han sacado algo. Me huelo que la política municipal de Os Blancos volverá a estar en el candelero durante esta legislatura.

Y en cuanto a Troitiño, pues bueno, parece que como galeguista moviliza menos voto que yendo por libre: ha perdido unos mil votos respecto a 2003, y eso que esta vez se ha gastado en la campaña algo más de 600 € (120.000 he leído por ahí). Aunque no creo que en su nuevo partido le vayan a decir nada, porque peor lo han hecho otros: Manoel Soto, secretario general del PG, ha perdido los dos concejales que tenía en Vigo. Supongo que seguirá de tertuliano, y estoy seguro de que en 2011 volverá a la carga, como galeguista o como vaya usted a saber qué. Alomojó lo ficha Baltar para el PP.

Mención especial merece Democracia Ourensana, los autores de aquel vídeo tan espectacular. No han sacado ningún concejal, pero desde luego han dado la campanada padre: una subida de un 600% desde 2003 y un gasto de campaña de 0,50 € por voto obtenido (aunque esto tiene truco, porque no se contabiliza el uso de espacio televisivo en la cadena local que poseen). Desde luego, en términos comparativos, le han dado un baño a Troitiño, del Partido Galeguista (con 30 votos más le hubieran superado), y a Valcarce, candidato en la capital de Terra Galega, que habiendo montado una campaña por todo lo alto no han quedado mucho mejor que ellos (Valcarce, de hecho, ha quedado peor, con 1.730 votos, detrás de los 1.882 de DO y los 1.905 del PG). Si mantienen esta progresión, o mucho cambian las cosas en esta ciudad, o con total seguridad entrarán en el Concello en 2011.


En fin, que ya he escrito bastante por esta vez. Mi conclusión es que estoy contento y salgo satisfecho de estas elecciones: se ha producido el cambio que deseaba en mi ciudad, y además el alcalde será el tío al que yo voté. Espero que PSOE y BNG estén a la altura y no acaben dinamitando el pacto y devolviendo el poder a los de siempre como sucedió en Vigo hace cuatro años. Y espero que pronto asistamos al fin de este sistema caciquil que ahoga a la provincia, manteniéndola en el subdesarrollo y la dependencia de favores, y que más que caciquismo es casi un "neo-feudalismo".

Dejo para un próximo post los análisis, proyecciones y demás mandangas que pretenden vincular el resultado de las municipales con las generales o las autonómicas.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Estampitas electorales III: alguna vez tendrá que tocarle

Prosigo con mi serie de estampitas electorales: tras un recorrido por la provincia con la alcaldesa de Porqueira y el ex-alcalde de Os Blancos, regreso a la capital para hablar de otro personaje, que tiene ganado hace tiempo su papel en el reparto de protagonistas de la política de esta ciudad. Se trata de Antonio Troitiño López, todo un clásico.

Hace unos días dió un mitin en mi barrio, pero sólo llegué a tiempo de ver el final, cuando volví a casa. Me pregunto cómo empezaría su discurso: "Hola, soy Troy-Tiño. Tal vez me recuerden de otras campañas electorales como la del PSOE del 99 o la de 'Socialistas Por Ourense' del 2003". Porque sí, amigos: esta es la tercera ocasión en la que se presenta para alcalde, y cada vez lo ha hecho con un partido distinto. Aunque todavía está lejos de la plusmarca establecida en esta ciudad por José Luis Mondelo, antiguo concejal que pasó por media docena de partidos diferentes y logró ser alcalde durante unos meses entre 1990 y 1991, tras varias carambolas de pactos, transfuguismos y mociones de censura (y eso que en las elecciones había sido el tercero de la tercera lista en votos). Troitiño también parece que va probando partidos hasta dar con el bueno, el que le dé la alcaldía. Alguna vez tendrá que tocarle, pensará.

Antonio Troitiño, el eterno candidato (alguna vez tendrá que tocarle...)

Además, Troy-Tiño tiene un parecido razonable con Troy McClure, "tal vez me recuerden de otras campañas electorales..."

El primer intento: de estrella socialista a estrella rebelde

La primera vez que se presentó fue en 1999, encabezando la lista del PSdeG-PSOE tras la retirada del ex-alcalde socialista Manuel Veiga Pombo, con el que había sido concejal. Los socialistas de Ourense, desorientados buscando candidato, escogieron a Troitiño, que estaba bien relacionado con los movimientos vecinales y era bueno organizando campañas y mítines (y sigue siéndolo - siempre ha sido un gran actor, especializado en los apasionados discursos populistas). A Troitiño le cupo el honor de obtener los peores resultados del PSOE en el Concello de Ourense en muchos años: pasó de ser el segundo partido a ser el tercero, detrás del BNG, aunque siendo justos no podemos cargarle toda la culpa a él, pues en aquella época el PSOE estaba hecho unas bragas en toda España, en vísperas de la mayoría absoluta de Aznar. En aquella ocasión yo le voté (a Troitiño, no a Aznar), y de todas las veces que he votado, esta ha sido la única vez en la que después me arrepentí, viendo el esperpento del PSOE de Ourense durante la legislatura 1999-2003. La cosa empezó por la situación de "bicefalia" creada dentro del partido tras las elecciones: Troitiño había sido escogido como cabeza de cartel por su tirón electoral, pero no acababa de ser del agrado de la directiva, y ya estaba desde tiempo atrás metido en pugnas por el poder interno entre las "familias" del PSOE orensano... en el partido eran sus adversarios los que tenían la sartén por el mango, pero Troitiño, al verse con el grupo municipal en sus manos, no desaprovechó la ocasión para usar su cargo municipal contra ellos.

Confiado en su habilidad para los mítines, populista, demagogo, vanidoso, indisciplinado, soberbio, con aires de estrella y aficionado a chupar cámara y a actuar a su libre albedrío, Troitiño convirtió al grupo de concejales en un reino de taifas que él dirigía a su aire, al margen del partido, y a menudo en contra de los intereses de éste, empezando con plantes a la directiva y llegando incluso a acusaciones de corrupción e insubordinaciones varias. Es más: uno de los concejales (Manuel Salgueiro), discrepante con Troitiño, sufrió auténtico "mobbing", siendo marginado y acallado dentro del grupo. Daba la casualidad de que Troitiño y Salgueiro estaban enfrentados por un viejo asunto de cuando gobernaban: un vertido irregular del matadero al río Miño. Troitiño era el responsable del matadero y Salgueiro el de la red de saneamiento, y la patata caliente de "¿quién había sido el negligente?" estaba entre ambos (aunque parece que Salgueiro no era culpable; entonces...)

Hartos de la situación, los dirigentes locales del partido estudiaron suspender de militancia a su supuesto "portavoz", provocando la respuesta de algunos barones provinciales que apoyaron a Troitiño, el carismático. Ante el desbarajuste del PSOE orensano, intervino la ejecutiva del PSdeG-PSOE, declarando estado de sitio en la agrupación, suspendiendo de militancia a tó Cristo y nombrando una gestora para refundar el partido. Ante esto, Troitiño y sus seguidores se declararon república independiente y se atrincheraron en sus concejalías. Se lo tomaron bastante mal, y rajaron a saco de Touriño y Zapatero, acusándolos de débiles y de mendigar "pactos vergonzantes" con Fraga y Aznar (hoy día Troitiño ataca a ZP por lo contrario, ya saben, el argumentario pepero de ZP rompe España y tal y cual...) Con esto, Troitiño se autoexcluyó del PSOE, dejando claro quién era el culpable de la ruptura.

Troitiño se llevaba 5 concejales de 6 y su puesto de diputado provincial (devolvieron los carnets pero no las actas, no eran listos ni ná). El único concejal socialista fiel a la dirección del partido, Salgueiro, estuvo realmente secuestrado políticamente por los de Troitiño: Salgueiro solicitó pasar al grupo mixto para poder tener voz, en nombre del PSOE (ya que no tenía fuerza numérica para quedarse con el nombre de "grupo socialista", a pesar de ser el único socialista del grupo); algo que consiguió seis meses después. Pero Troitiño se empeño en mantenerlo sometido a su mando, alegando triquiñuelas reglamentarias. Qué puñetas pretendía lograr Troitiño con esto, nunca lo entendí, salvo como puro odio vengativo. La saña, la soberbia y la mezquindad empeñada por el ex-socialista en esta operación (que tuvo éxito) fue el punto más bajo que alcanzó como concejal: en lugar de ejercer la oposición, Trotiño dedicaba sus mayores esfuerzos a pisotear a sus ex-compañeros, mientras el alcalde del PP, con irónica sonrisa, hacía y deshacía a su antojo. En lugar de preocuparse por la ciudad y el bienestar de los orensanos, Troitiño dedicaba su puesto en el Concello a sus vendettas personales. La de Salgueiro no sería la única: su otrora fiel aliada, Carmen Refojo, que le había seguido ciegamente en su aventura, sufrió sus iras por no compartir sus puntos de vista sobre urbanismo (el rey de la indisciplina exigía ahora disciplina a los demás). La coña marinera dió así otra vuelta de tuerca: en 1999 el PSOE había obtenido 6 concejales en el Concello de Ourense, haciendo oposición; a unos meses de las elecciones de 2003, no tenía ninguno, pues Salgueiro seguía atado y amordazado por Troitiño (aunque ya cerca del final de la legislatura los tribunales le dieron la razón). En cambio, tras abandonar por las malas el partido que le había dado el puesto, Troitiño tenía su asiento de concejal, los de otros tres fieles y los de dos concejales "encadenados", para hacer no-se-sabe-qué. Bueno, algo sí: aún tuvo tiempo de apoyar el plan de urbanismo del PP, rechazado por el BNG y el PSOE oficial.

El segundo intento: de estrella rebelde a estrella independiente

Pero las municipales del 2003 se acercaban, el PSOE se había reconstituido sin él (bueno, "daquela maneira", porque esto daría para otro largo artículo) y Troitiño, tras dedicar toda la legislatura a sus batallitas particulares, dedicó los últimos meses a su propia supervivencia política. Todo un ejemplo de abnegado y desinteresado servidor público. Así que, para tratar de conservar la poltrona, se montó su propio partido (aunque reconoció que hasta un año antes había tratado de acercarse al PSOE): Socialistas Por Ourense, SPO. Se veía a la legua que el único objetivo de Troitiño era embaucar a la suficiente gente como para mantenerse en el Concello, o en su defecto ponerle las cosas fáciles al alcalde Cabezas, dividiendo el voto anti-PP para impedir que sus odiadísimos ex-compañeros se hicieran con la alcaldía. Más chulo que un ocho, se presentó a su estilo (populista de discurso fácil y verbo florido) y dijo que con 100.000 pesetas "de las de antes" de su bolsillo se montaría la campaña.

No consiguió (afortunadamente) el sillón en el consistorio, pero demostró ser un excelente gestor de fondos de campaña, porque las 100.000 pelas cundieron de carallo: la ciudad quedó empapelada con su cara, se infló a dar mitines (que se le dan bastante bien), organizaron cenas, repartieron pasquines a puntapala, atronaron las calles con mensajes por megáfono... ¡hasta fletaron un globo aerostático para pasear su jeta por los cielos!. Decían las malas lenguas (una de ellas la mía) que alomojó la campaña de SPO estaba subvencionada por la DiPPutación. Troitiño devoró con ansias todas las cámaras y micrófonos que se le acercaron, y de hecho en una de las teles locales hubo follón, porque al parecer Troitiño había puesto dinero para que hablaran bien de él y una periodista de cierto nivel acabó largándose con un portazo. Genio y figura, Troitiño. Aunque tal vez su mensaje de campaña iba un poco desviado: recuerdo haber visto que en un programa en una tele local le acercaron un micro para que contara su rollo, su opinión sobre el gobierno municipal pepero, su programa, sus proyectos para la alcaldía... y dedicó aquellos valiosos minutos televisivos ¡a rajar de sus ex-compañeros del PSOE!, reclamando noséqué dinero de unas cuotas que le tenían que devolver a él y sus seguidores. "Joder," pensé, "así que ese es su programa electoral, que le devuelvan la pasta".

Tal vez las malas lenguas tuviéramos razón al decir que SPO era una criatura del PP para dividir el voto opositor y mantenerse en el poder, o tal vez estuviéramos equivocados. Pero "se non è vero, è ben trovato", porque eso precisamente fue lo que consiguió. Con casi 3.000 votos (exactamente 2.938), SPO se quedó por debajo de ese injusto y antidemocrático umbral del 5% que la ley electoral impone para entrar al reparto de concejales: 4,98%, que con un reparto proporcional justo (sin exclusiones a priori como impone ese 5%) le hubiera dado un concejal. Troitiño se quedó a unas 200 papeletas del Concello. Pronto agarré la calculadora y empecé a hacer números sobre "¿y si...?" (el auténtico y genuino deporte nacional español: las cábalas, practicadas en las elecciones, en los mundiales, en Eurovisión, en la liga de fútbol...): si los casi 3.000 votos de los socialistas de Troitiño se hubieran sumado al PSOE oficial, le hubieran quitado un escaño al PP y Cabezas habría perdido la mayoría absoluta (y con seguridad la última ciudad gallega con mayoría absoluta del PP). Así que, independientemente de los planes que tuviera Troy-Tiño (¿a quién habría apoyado de haber entrado en la corporación? Ay, esa es la gran pregunta cuya respuesta nunca conoceremos - ¿o sí?), Cabezas y Baltar pudieron estarle muy agradecidos.

El tercer intento: de estrella independiente a estrella "galeguista"

Algo debe haber, me huelo, porque su cotización mediática ha subido considerablemente desde 2003. Cuando era el líder del segundo partido de la oposición en el Concello, políticamente era un cero a la izquierda, pues ocupaba su tiempo en darse de hostias con sus compañeros socialistas mientras el PP hacía y deshacía a su antojo, a veces incluso con su apoyo. Pero desde que es un mindundi que representa a menos de 3.000 votantes (dicho sea con todos los respetos), chupa más cámara que Ana Obregón, el tío: se ha convertido en tertuliano habitual de la tele local, donde se trabaja su imagen pública, habla de lo divino y lo humano y cosecha numerosos aplausos de bajo coste rajando de ZP, ahora que está fuera del partido (que si rompe España y todo eso). Incluso hubo rumores de un acercamiento al Gran Cacique Baltar, cuando éste amenazó con romper el PPdeG allá por 2004.

Pero sigue en la brecha, tratando de recuperar el cómodo sillón del salón de plenos que tanto añora. En esta ocasión, mirando a horizontes más amplios, Troitiño se hizo con la franquicia en Ourense del Partido Galeguista de Manoel Soto. Este PG, fundado (o refundado) en 2004 no tiene nada que ver con el Partido Galeguista histórico de la II República, el de Castelao y Bóveda, en el sentido de que su supuesto nacionalismo gallego está sólo para "hacer bonito" y dotarse de una especie de abolengo y noble estirpe política (algo así como el que se inventa un antepasado con título de marqués para dárselas de alta sociedad). De hecho, el Partido Galeguista actual está formado por una variopinta amalgama de ex-miembros centrifugados de otros partidos nacionales (como Troitiño), que por un motivo u otro fueron expulsados o se largaron echando pestes. Sin ir más lejos, ese es el caso de uno de sus fundadores y actual secretario general, Manoel Soto, ex-alcalde de Vigo por el PSOE del 79 al 91. Visitando su web la impresión que me dan es la de un "galeguismo", en una palabra, SOBREACTUADO, con esa exageración de gestos y afectación del converso de conveniencia. Los nacionalistas gallegos se parten de risa (o se encabronan) al ver a estos nuevos galeguistas, cuyo galeguismo práctico está más bien en la línea del de PPaco Vázquez (al candidato del PG a la alcaldía de A Coruña, "galeguista" de pro, sólo habla castellano y utiliza el topónimo LA CUruña, auténtico grito de guerra de nuestro actual embajador en el Vaticano - que no en el Batikano). En fin, hecho de ambigüedades y sin nada definido, este nuevo Partido Galeguista se llama "Galeguista" por llamarse de alguna manera, y no por otra cosa.

Troitiño ya no podrá ser alcalde, pero se ha lanzado con entusiasmo a esta su tercera campaña, confiado en superar aquella maldita barrera del 5% y regresar al Concello: las encuestas dicen que alomojó lo logra, aunque lo más probable es que repita la jugada del 2003 y logre salvar la mayoría absoluta del PP, dividiendo el voto progresista. Si lo hace conscientemente y en qué grado los miembros de su lista comparten esa estrategia es un misterio, pero Baltar mueve los hilos más insospechados, en esta provincia. Ha recuperado sus amigos de los movimientos vecinales (los ha metido en la lista), y como la otra vez está desarrollando una campaña por todo lo alto, no sé si por 600 € o por algo más. Y sigue saliendo por la tele local, con otros miembros de su candidatura, mientras centra su campaña en los barrios de la periferia (como el mío), con sus mítines a pie de calle y su discurso arrebatador y populista de toda la vida.

Pero claro: una cosa es oírle hablar en sus mítines, y otra muy diferente es verle actuar en las instituciones, y esto último, por desgracia para él, ya lo hemos visto.

viernes, 18 de mayo de 2007

300 (de Ourense)

Haciendo zapping entre las webs de las candidaturas que se presentan en mi ciudad, Ourense, a Vella Auria, Cidade das Burgas, he recalado en la de Democracia Ourensana.

Democracia Ourensana es un pequeño partido de ámbito local, con medios escasos y presencia en los medios más escasa aún. Fue fundado en plan partido-protesta, y cosechó unos 300 votos en las elecciones del 2003 (284, exactamente), duplicando esa cifra en las autonómicas de 2005. Sus dirigentes tienen una cadena de TV local, Auria TV, que es su principal plataforma de difusión. Aunque hasta ahora el voto por D.O. era, más que nada, un voto-protesta, en esta ocasión aspiran a colocar un concejal en la corporación, para lo que necesitarían unos 3000 votos. Todo un reto, pues a día de hoy aún no he visto ni un cartel, ni un folleto, ni nada de ellos: sólo lo que he visto en internet. Se definen como "ni de izquierdas ni de derechas", una definición que ya me suena de otros sitios (y que por cierto no me gusta nada, pues normalmente encubre un populismo derechoso). Algunos sospechan que van en plan "Ciutadans", una especie de segunda marca del PP para canalizar el voto descontento (tras poner a parir al PP, han dicho, según me informa Misterkaplan, que "si hay que pactar con el PP se pacta" - cuando se huele moqueta...) Otros, en cambio, los ven como una renovación al margen de los partidos tradicionales, que buscan una mayor participación de los ciudadanos en la gestión municipal. Sinceramente, no tengo suficiente información como para dar una opinión sobre ellos.

Pero el motivo por el que les dedico un post en este humilde cutreblog es por sus vídeos de campaña. La falta de dinero agudiza el ingenio, y desde luego en D.O. le han echado ingenio, imaginación y ese punto de mala leche que tanto me gusta. Han creado varios vídeos para difundir por internet (y su canal local) que merecerían un premio en un hipotético concurso de campañas electorales (sería una buena idea organizarlo...) El mejor de todos, este que os traigo: una versión de 300, adaptada a la política local orensana. Son casi 8 minutos, pero merecen la pena.

Para los que no sean de Ourense os doy algunas explicaciones. El emisario persa al que tira al pozo Leónidas (que supongo que será Gonzalo Jácome, líder de D.O.) representa al anterior alcalde, Manuel Cabezas "el Ausente", porque casi siempre estaba de viaje, atendiendo sus numerosos y prósperos negocietes y cargos al margen de la alcaldía. La "puta mansión" a la que se refiere Leónidas-Jácome es una que se ha construido estos años, obscenamente lujosa y de financiación sospechosa, asunto con el que su partido le hizo la cama. Y digo que le hicieron la cama porque el periódico que destapó y difundió el escándalo fue La Región, que nunca ha sido sino el boletín oficial del PP provincial y que no publica una línea sin el placet de José Luis Baltar, el Gran Cacique.

Baltar, que es el que hace y deshace en esta provincia y en el PP (y del que ya hablé al contar la historia de la alcaldesa tránfuga de Porqueira y la de El Último "Casique"), aparece en la peli en el lugar del emperador persa Jerjes. Ha salido muy favorecido (el verdadero Baltar apenas levanta metro sesenta del suelo). Curiosamente no sale en la historia el actual alcalde hereditario, o mejor dicho el pre-ex-alcalde Poli Nóvoa "el Breve": fue colocado a dedo en la alcaldía hace tres meses, "para que cogiera rodaje" (así lo dijeron los de su partido, con toda la jeta - Baltar nombra al alcalde como si eligiera a su secretaria), tras haber sido quinto de su lista y concejal de Urbanismo (ejem). "Baltar maneja a Nóvoa como José Luis Moreno a sus muñecos", dijo hace unos días el candidato socialista.

Este candidato socialista, Francisco Rodríguez, hace un cameo como líder de la tropa que acude a las Termópilas a ayudar a los esforzados 300 de D.O. Se lo encuentran en el camino y le saludan como "Paco". No aparecen otros candidatos, para no complicar la peli demasiado. En fin, tras estas aclaraciones, a disfrutarlo, porque es una obra de arte:



No tengo pensado votarles, y desde luego está claro que no van a ganar. Eso sí, debo reconocer que este vídeo merece un premio, sin duda.

jueves, 17 de mayo de 2007

Estampitas Electorales II: El Último Casique

Continúo, ahora que ha empezado la campaña de las municipales, con otra de mis "estampitas electorales" para ilustrar la clase de (funestos) personajes, (malos) usos y (pésimas) costumbres de la política de a pié en estas mis tierras urensanas. Hoy voy a hablar de todo un personaje que, más que de la política, forma parte del folklore: un personaje que ha protagonizado tantas escenas de esperpento, que ha dado tanto espectáculo de vergüenza ajena y que ha vivido tantas desventuras en esto de las elecciones, sin la más mínima gota de sentido del ridículo, que ha acabado por hacerse entrañable y abrirse un huequecito en mi duro corazón de Sith. Estoy hablando de José Antonio Rodríguez Ferreiro, más conocido por estos lares como "el ex-alcalde de Os Blancos".


Rodríguez Ferreiro podría ser definido como "el último casique", de la misma manera que Makinavaja era "el último choriso". Es un cacique de los del siglo XIX, el modelo más perfecto y ajustado de esa clase de cacique: un tío carente de cualquier atisbo de ideología o proyecto político, que entiende la política como una cadena de favores personales entre el amo y los paisanos (a través de una pirámide de intermediarios de la que él forma parte) y que considera la democracia como un paripé que hay que hacer cada cuatro años, un mal necesario. Su historia, que voy a relatar a continuación, es tan apasionante y novelesca como la del Cid, la de Juana de Arco o la de Robin Hood: el más noble y leal caballero del Rey, que víctima de las envidias cae en desgracia, pero sigue en la brecha defendiendo su ideal y a su Señor. Este post va a resultar muy largo (más incluso de lo habitual), así que la voy a dividir en capítulos para facilitar su lectura.

Episodio I: una estatua para el Amo

La primera vez que oí hablar de él fue en una fecha indeterminada de mediados de los 90 (lamento no poder ofrecer enlaces de las noticias: la hemeroteca on-line de La Voz de Galicia sólo llega hasta el 2000, la del Faro de Vigo hasta 2001 y La Región ni la tiene: hasta el 2000, hablo de memoria). La noticia venía en La Región, nuestro periódico provincial, diciendo que el alcalde de Os Blancos iba a dedicarle una estatua en la Plaza Mayor del pueblo al presidente de la DiPPutación PProvincial de Ourense, Don José Luis Baltar Pumar. No es que Baltar hubiera fallecido recientemente, ni hubiera sido galardonado con un Nobel, ni nada de eso: el motivo de la estatua era "agradecerle todo lo que ha hecho por Os Blancos". El alcalde y padre de la idea, Rodríguez Ferreiro, afirmaba que Baltar había "dado mucho trabajo" en Os Blancos y que había que ser agradecido. Lo que Baltar había hecho por Os Blancos era sencillamente lo que había hecho siempre (y ha seguido haciendo), desde que es presidente de la DiPPutación (y del PP de la provincia): repartir subvenciones y adjudicar puestos de trabajo A DEDO, en una poderosa red de clientelismo / enchufismo / amiguismo / nepotismo / favoritismo que ya forma parte del paisaje de esta hermosa provincia.

Es vox populi en la provincia de Ourense que el baremo seguido por la DiPPutación, a la hora de adjudicar presupuestos, contratos o chollos para municipios, es el número de votos para el Partido Popular que aporte el solicitante: consígueme votos, y yo te consigo lo que pides. Ese es el motivo por el que se dice que los alcaldes del PP son más "eficaces" que los de otros partidos. Otra forma de abrirse todas las puertas es disponer de la VISA PP, también llamado "carnet de militante": en las convocatorias de empleo público dependientes de Baltar ya sólo les falta pedir, en las solicitudes, una fotocopia del carnet del PP junto con la del DNI. En las oposiciones, siempre resulta que los primeros de la lista son o miembros del PP, o hijos de miembros del PP, o sobrinos de miembros del PP, o cuñaos de miembros del PP, o así. "Es que la gente decente, honrada y como Dios manda (o sea, del PP) está mejor preparada y va a los mejores colegios", dijo una vez Fraga cuando le preguntaron por este asunto (tendría yo que enseñarle lo "bien preparados" que están los peperos de infantería medios, al menos los que conozco, que son unos cuantos). Pero no voy a liarme más con esto (que da para otro post) y voy a volver a la historia del Último Casique (afortunadamente la caída de Fraga y la entrada de los rojo-separatistas en la Xunta ha empezado a cambiar todo esto, y espero que el 27-M se mantenga la tendencia).

Episodio II: el más fiel y leal vasallo

Como decía, Baltar reparte sus favores y mercedes a quien se los gane, y desde luego Rodríguez Ferreiro se los ganó de la hostia: en las municipales del 95, cosechó para el PP más del 80% de los votos (los datos electorales se pueden ver en detalle en la web del Ministerio de Interior). Y no sólo eso: en esa época Os Blancos se convirtió en el municipio con más militantes del PP por kilómetro cuadrado de España: se llegó a cerca de 800 carnets del partido, para poco más de un millar de residentes.

Esto de los carnets merece una explicación a mayores: que en un pueblo haya muchos militantes no hace ganar las elecciones, pero sí hace ganar al PP local de ese pueblo más peso en la organización del partido, y por lo tanto es más poder para el que los maneje (es un problema que ha aparecido en algunos partidos en vísperas de congresos: los "censos inflados" de militantes). Rodríguez Ferreiro no sólo le daba a Baltar unos suculentos resultados electorales, sino que además, en la época en que empezaban las banderías internas del PP gallego ("boinas" vs "birretes"), le reclutó un pequeño ejército de militantes para apoyar, dentro del partido, "lo que diga Don José Luis". Y no debió costarle convencer a sus paisanos de que, si querían prosperar, se hicieran una "Visa PP": posiblemente esa era la condición para conseguir cualquier cosa del alcalde.

Y si encima de todo eso, te pone una estatua... lo de la estatua fue la coña del año, pero a pesar de la polémica, se hizo. Al final fue un busto de granito, que por una década ha presidido la plaza del centro del municipio. La oposición (PSOE y BNG) puso el grito en el cielo, como es lógico, hablando de adulación rastrera por el amo caciquil, de despilfarro, de vergüenza ajena... pero como el PP de Baltar se afeita para arriba, ahí quedó la cosa (bueno, justamente ahí, no: además, Rodríguez Ferreiro le puso el nombre de "José Luis Baltar" a la propia plaza, a la calle principal del pueblo y al nuevo edificio multiusos - como para dar que pensar). Un par de años después saltó a los medios el escándalo de las oPPosiciones de la DiPPutación (lo de la sospechosa correlación "aprobado-PP" de la que hablé antes) y, ante los ataques y acusaciones contra Baltar, Rodríguez Ferreiro saltó a la palestra para decir que todo eso era mentira, que Baltar es el más mejor y que si hacía falta, como desagravio, le hacía otra estatua. Esto último es textual. Este comentario, unido a lo de la primera estatua, la calle, la plaza y el edificio multifuncional, hizo pensar a muchos que alomojó ese tío no estaba muy bien de la azotea. Pero como era uno de los más fieles y leales de Baltar, siguió a su aire.

Episodio III: la caída en desgracia

Y siguió a su aire hasta que se empezó a desmadrar: su talibanismo baltarista, su estilo de gobierno, sus frecuentes exabruptos públicos y su imaginativa contabilidad municipal (denunciada por la propia secretaria del Concello) empezaron a traer problemas. Durante varios meses el alcalde de Os Blancos salía, día sí, día también, en la prensa provincial: destacaban sus incidentes con la arrinconada oposición: llegó a organizar una manifestación contra del único concejal opositor, socialista (que digo yo: con 8 concejales de 9, y la DiPPutación, la Xunta y el Gobierno central en manos del PP, ¿qué problemas podía darle un concejal del PSOE?). Especialmente llamativo fue cuando la secretaria municipal (con la que ya tenía follones por los cheques y gastos del ayuntamiento) le denunció por agresión: la explicación a la prensa de Rodríguez Ferreiro fue que, en el curso de una discusión, la secretaria le llamó "hijo de puta", y que él, lógicamente, le respondió con un puñetazo, "porque le había faltado a mi madre y una madre es sagrada" (esto también es textual - os váis haciendo una idea del personaje, ¿eh?).

El caso es que entre estas cosas y sobre todo sus irregularidades contables, acabó haciéndose realmente incómodo para el partido. Finalmente, como último acto de supremo sacrificio al servicio de su idolatrado Baltar, dimitió poco antes de las elecciones del 99, para no causarle problemas a su Señor. Recuerdo a Baltar en la tele local ese día, anunciando la noticia: "pues sí, tal vez eso es lo mejor que puedes hacer", le respondió a su fiel Rodríguez Ferreiro. Tras dejar la alcaldía, el nuevo alcalde levantó las alfombras, y encontró de todo: talones no justificados, gastos sin destino conocido, facturas por obras no realizadas... Rodríguez Ferreiro se defendió diciendo que todo era una represalia urdida por la secretaria (la que había insultado a su madre). Siguió el juicio y Rodríguez Ferreiro quedó inhabilitado y apartado del PP, aunque el caso no se resolvería hasta el 2006.

Episodio IV: el retorno del héroe

Pero las aventuras del último casique no acabaron así como así: volví a encontrármelo en las páginas de La Voz de Galicia durante la campaña de las municipales del 2003. Y lo más sorprendente fue que, aunque ya no era alcalde, seguía haciéndole obras a los vecinos por su cuenta, como una especie de Robin Hood municipal: acusando de inoperancia al nuevo alcalde, se montó una pequeña empresa de infraestructuras con la que se puso a hacer obras por las aldeas, en plan ONG, y sin contratos oficiales (que me pregunto yo: ¿todo eso quién lo pagaba? ¿De dónde sacaba la pasta?). Canalizaciones, asfaltados, lavaderos... ahí, trabajándose como nadie los votantes de cara a las elecciones del 2003, todo un artista.

Siendo militante del PP, y baltarista hasta los tuétanos (como siempre), participó activamente en la campaña de Os Blancos... a favor de Coalición Galega (un partido de centro-derecha galleguista que tuvo su época de gloria en los 80 y que ahora es casi residual, tras ser fagocitado por el PP). Este artículo en La Voz no tiene desperdicio: el militante baltarista del PP afirma ser además presidente local de CG, y proclama con desparpajo que controla las listas de CG, de los independientes de ADEI y de medio BNG: es decir, "votad por quien os dé la gana, que al final siempre ganaré yo". Esta alegría de mearse en la democracia llegó a avergonzar a Coalición Galega, que al día siguiente sacó una nota en el mismo periódico desvinculándose de Rodríguez Ferreiro. Con el apoyo del último casique, CG obtuvo un 27% del voto y 3 concejales (de 9), pero el PP "oficialista" mantuvo la mayoría absoluta.

Episodio V: la venganza de los malvados

Tras esto parecía que la leyenda de Rodríguez Ferreiro había acabado, y de hecho no volvió a dar guerra (o al menos no nos enteramos en la capital) durante tres años. Ni siquiera se le oyó cuando su amado Baltar amenazó con romper el PP gallego en 2004. Sólo en 2006 salió el juicio por malversación: fue hallado culpable de "distraer" 228.000 € de las arcas municipales. Él siempre defendió su inocencia y su defensa afirmó que su firma en los talones estaba falsificada: por eso han recurrido al Tribunal Supremo la condena (5 años y 3 meses de cárcel y 9 años de inhabilitación). A la espera del Supremo, Rodríguez Ferreiro continúa en libertad provisional, sin fianza e inhabilitado.

Después de tantos años siguiendo al personaje, he de decir que tengo cierta "corazonada" con él y creo que es inocente; y si no es inocente, estoy seguro que no actuó de mala fe: siendo un cacique 100% genuino, no hizo más que actuar según lo que él consideraba "normal" según su forma de ver la política: disponer de los recursos públicos como si fueran un cortijo y ejercer el poder sin control ni limitaciones, al servicio de su red de favores. Además, se ve a las claras que es demasiado ceporro como para montarse una trama de enriquecimiento como las que vemos en otros lugares. Él es asín.

Episodio VI: el Último Casique cabalga de nuevo

Pendientes de lo que decida el Supremo, parece que, ahora sí, la leyenda del Último Casique es cosa del pasado: hasta su obra más emblemática, el busto de Baltar, ha sido retirado. Pero no: Rodríguez Ferreiro cabalga de nuevo, y meses antes de estas elecciones municipales del 2007, su nombre ha vuelto a la prensa: el INE está investigando el censo electoral de Os Blancos, porque, en los últimos meses (antes de las elecciones), se han empadronado 85 personas ¡con domicilio en casa de Rodríguez Ferreiro y de un tío suyo! (eso sí que son "pisos patera" - joder, cómo está el problema de la vivienda en Os Blancos). El caso fue denunciado por el alcalde actual: le llamaron la atención un montón de solicitudes de empadronamiento rellenadas con la misma letra, e incluso un buen puñado con la misma firma (hasta me imagino que con las mismas faltas de ortografía, jo, jo, jo...).

Rodríguez Ferreiro sigue inhabilitado, pero en esta ocasión patrocina la candidatura de Terra Galega, un nuevo partido de centro-derecha galleguista, heredero de CG, y que metido en época de crecimiento ficha personajes sin muchos miramientos (porque para hacer un fichaje como éste, le han echado unos huevos... ellos verán lo que hacen). Parece que como su ONG de obras en los pueblos no le funcionó en el 2003, Rodríguez Ferreiro ha optado por técnicas de captación de voto menos nobles. Veremos lo que sucede, porque estoy seguro que aún oiremos hablar de él.

Epílogo

Aunque le obligaron a dejar la alcaldía, y a pesar de estar metido en proceso judicial e inhabilitado, José Antonio Rodríguez Ferreiro nunca dejó de batirse el cobre en política. En política a su manera, se entiende. Sin él, el PP, aunque siguió gobernando Os Blancos con mayoría absoluta, nunca recuperó las espectaculares cifras de voto y militancia de los tiempos de Rodríguez Ferreiro: a fin de cuentas, él se había tejido su propia red clientelar y al irse, se la llevó con él, y con esa cuadrilla sigue haciendo la guerra por su cuenta, cual Viriato o Curro Jiménez consistorial. Y he de reconocer que, aunque me repugnan sus prácticas y todo lo que representa, el personaje ha acabado cayéndome en gracia, pues se ha convertido en una especie de héroe romántico del caciquismo rural, un cruce de Cid Campeador y Bartolín: si bien pienso que otros de sus pares, como la alcaldesa de Porqueira, son unos sinvergüenzas que deberían estar entre rejas, creo que Rodríguez Ferreiro debería estar en un museo, o que habría que hacer una película o escribir una novela con su vida (como he tratado de hacer en este larguísimo post).

Siempre en la brecha y siempre leal a su ex-jefe, como el más heroico caballero del reino. Porque Rodríguez Ferreiro nunca fue realmente del PP: Rodríguez Ferreiro siempre ha sido, es y será de Baltar, y así lo proclama siempre que tiene ocasión. ¿Ideología? ninguna. ¿Proyecto político? ninguno. ¿Principios? ninguno; él sólo cree en la adhesión inquebrantable al jefe, en el clientelismo y en los favores personales. Eso convierte a José Antonio Rodríguez Ferreiro en "El Último Casique".

lunes, 30 de abril de 2007

Estampitas electorales I: la última será la primera

Ante las inminentes elecciones locales (en Galicia no tocan autonómicas, por eso del hecho diferencial), inicio una serie de articulillos-rajada, sobre este maravilloso mundo de las elecciones municipales que tanto me ha llamado la atención desde pequeñito.

La política municipal siempre ha tenido un halo de respetabilidad, al menos hasta que empezaron a aflorar los pelotazos urbanísticos tipo Marbella. Es decir, los políticos locales eran vistos como gente cercana, gente de la calle, personas con las que te cruzabas de vez en cuando o coincidías en un bar, mientras que los del Congreso y otros grandes prebostes eran vistos como lejanos, como elites alejadas del pueblo y de eso tan simpático que se llama "el sentir de la calle". Por el contrario, los munícipes conocen nuestros asuntos de cerca, podemos ir a hablar con ellos, están alejados de esos asuntos en los que los ministros y parlamentarios emplean su tiempo y montan guerras interminables, y que nos tocan de refilón.

Tras varios años de uso de razón, mi conclusión es la contraria: es a nivel municipal donde se ven más chanchullos, marrullerías, corruptelas, miserias y golpes bajos. Los Zapateros, Rajoys, Aznares, Felipes, Pujoles y Carodes me parecen todos unos castos querubines al lado de muchos alcaldes y aspirantes a alcalde, especialmente en los pueblos. Dicen que cada país tiene los gobernantes que se merece, y es bien cierto: añadiría que cuanto más te acercas "al pueblo", más "parecidos" son gobernantes y gobernados. Desde pequeño he contemplado, en el entorno de mi ciudad de Ourense y de las aldeas de mis padres en municipios rurales de la provincia, las mezquindades y fullerías escandalosas que se montan cada vez que vienen las municipales. En las elecciones generales y autonómicas también hay chicha, pero en este caso los alcaldes y militantes sólo son infantería de las grandes batallas de los partidos; en cambio, en las municipales, esta gente se juega su propio puesto, no el del jefe de filas, con lo que la guerra es a cuchillo. Acarreos de votantes, vejetes a los que les ponen el voto en la mano en sobre cerrado, transfuguismos, traiciones... caciquismo, en una palabra, esa enfermedad de la democracia de la que Galicia no acaba de librarse. Este estilo de política, para más inri, está asumido como "normal" por gran número de gallegos, como si fuera parte del clima y del paisaje, como el orballo y las xestas. Afortunadamente las generaciones más jóvenes empiezan a rebelarse contra este estado de cosas, de la manera que hay que rebelarse: con el voto. Y así, a medida que se produce el hecho biológico (la generación anterior desaparece - o los viejos se van muriendo, hablando en plata), la situación se va corrigiendo. Pero la cosa va para largo.

Para dar a conocer el grado de degradación y marrullerismo político de mi tierra, voy a hablar de varios casos sangrantes, sucedidos en los últimos años, a los que he llamado "Estampitas electorales". Estos casos, que hemos vivido en los medios de comunicación, dan la medida de la escasa calidad de la democracia que vivimos, al menos por acá.


La última será la primera
(antes de continuar quiero mostrar mi agradecimiento por la magnífica hemeroteca on-line de La Voz de Galicia, si la cual este artículo no hubiera sido posible)

El caso más sangrante de marrullería política de los últimos años lo vivimos en el Concello (ayuntamiento) de Porqueira, en la comarca de A Limia (a unos 35 km al sur de Ourense capital). La historia es así: tras muchos años de gobierno del PP con mayoría absoluta, en las municipales de hace cuatro años se produjo el vuelco: el BNG ganó las elecciones con 419 votos (4 concejales), frente al PP (359 votos y 4 concejales); el PSOE, con 121 votos y un concejal, quedó último. Tras las elecciones, el PSOE y el BNG firmaron un acuerdo para formar coaliciones de gobierno y se apoyaran mutuamente en aquellos concellos donde fuera posible. En Porqueira, significaba que la única concejala socialista, la cabeza de lista del PSOE Susana Vázquez Dorado, apoyaría al candidato del BNG. Así se acordó y así se instruyó a los implicados.

Pero hete aquí que llegó el pleno de constitución del ayuntamiento, y la señora Vázquez Dorado, en lugar de votar al candidato nacionalista (como había acordado y le había ordenado su partido), sorprendentemente se votó a sí misma para alcaldesa, recibiendo de inmediato, de forma no menos sorprendente, los cuatro votos del PP. En virtud de vaya usted a saber qué acuerdo entre el PP y Susana Vázquez (un tamayazo en toda regla), quedó elegida como nueva alcaldesa de Porqueira la candidata menos votada.

Esto debería darnos cierta perspectiva sobre la vieja cantinela pepera de "debe gobernar la lista más votada". Cada vez que el PP ve amenazado un gobierno suyo (el nacional, cualquiera autonómico o municipal) por un posible acuerdo entre otros partidos (ellos casi nunca pueden pactar con nadie, gracias a su política de "fuera del PP todo es ETA"), enseguida sale el pre-ex-alcalde de turno o algún gran preboste del partido, para gimotear y rasgarse las vestiduras diciendo que, si son los más votados, tienen que gobernar por cojones, y que los acuerdos post-electorales (que son consustanciales a un sistema parlamentario como el nuestro) son una especie de "traición" al electorado. Otro día hablaré de la vieja magufada esa, que mucha gente considera "lógica y razonable". Por hoy, baste con decir que esa regla, como buena ley del embudo que es, sólo rige cuando se trata de beneficiar al PP: cuando la lista más votada es la de otro (el BNG en este caso), el PP no sólo no tiene inconveniente en hacer un pacto de segundo y tercero para derrocar al primero (lo mismo que tanto censuran en los demás), sino que, si hace falta, incluso son capaces de dar la alcaldía a la candidata con menos votos.

El escándalo formado fue de órdago: tras una investidura llena de tensión e insultos (¡Traidora! ¡Vendida!), la paisana Susana fue expulsada a patadas del PSOE y denunciada a la comisión anti-tranfuguismo; el BNG y el PSOE se enfrentaron por el asunto, llegando a poner en peligro su acuerdo global; se presentaron denuncias por cohecho al haber indicios de acuerdo bajo mano entre Susanita y el jefazo comarcal del PP, Isaac Vila... Se sospechaba que el PP le había ofrecido un puesto de trabajo en un organismo de la DiPPutación PProvincial (el cortijo particular de José Luis Baltar) y una hermosa cantidad de dinero a la susodicha, a cambio de impedir que el BNG entrara a gobernar en Porqueira. Toda la operación contó con el beneplácito del PP provincial (Baltar definió lo sucedido como una "cerdada consciente (je je je)"), pero para que la cosa no cantara demasiado, los concejales del PP en Porqueira no entraron en el gobierno: de este modo, Susanita pasó a gobernar sin grupo de gobierno, por decreto, con el respaldo del PP, convertida en una especie de monarca municipal.
Susana Vázquez Dorado, alcaldesa tránsfuga de Porqueira tras ser la candidata menos votada del 2003

La gestión de la "Zarina" de Porqueira ha sido todo un espectáculo durante estos cuatro años: básicamente ha hecho lo que le decían desde el PP que hiciera, pues para algo le dieron el puesto, con dedicación exclusiva y sueldo (al principio) sospechosamente bajo, uno 900 euros (aunque se saca un hermoso sobresueldo en dietas). Tuvo momentos chanantes, como cuando el concello (o sea, ella) compartió patrocinio de eventos culturales con dos clubes de alterne o sus follones con los sindicatos, y otros menos chanantes, como sus intentos de engañar a la Xunta para conseguir más subvenciones, o cuando perdió otras subvenciones por pasársele el plazo (es lo que tiene gobernar ella solita), o cuando cobró una subvención para una obra que no se hizo, y otros muchos casos que demuestran su gloriosa gestión.

El caso es que finalmente Susanita fue declarada tránsfuga por la comisión del Congreso encargada, declaración que ella se pasa por... y que no impide a sus nuevos amigüitos del PP presentarla a la reelección, esta vez sí, como su candidata, por el PP (a pesar de que el propio Rajoy anunció medidas antitránfuga). Además, las denuncias por cohecho fueron archivadas (aunque el PSOE ha recurrido), con lo que la nena salvó el culo... de momento.

En fin, que ella, más chula que un ocho, sigue aferrada a su trono y con intenciones de repetir para la próxima legislatura. Claro que debe pensar que alomojó no volverán a votarle los 121 votantes del PSOE que le dieron el asiento en el consistorio (recordemos, fue la menos votada, y traicionó a los que la votaron: es decir, se representa sólo a sí misma). Así que, ante el peligro de que ella y sus amigüitos del PP se queden con los menos de 400 votos del 2003 y los del BNG vuelvan a ganar las elecciones, parece que Susanita ya ha empezado a tomar medidas: misteriosamente, en un mes, el censo electoral de Porqueira ha crecido un 10% (un 10%, que se dice rápido, de 1.001 a 1.102 - casi tantos como votos cosechó la alcaldesa en su momento). El INE está investigando, porque esto huele a censo inflado (y no es el único: 30 municipios, de 92 que hay en la provincia de Ourense, están siendo investigados - esta es otra de las repugnantes prácticas caciquiles de las que hablaba al principio, tan típicas por mi tierra). Ante preguntas de la prensa, la Zarina Susana ha respondido, con esa chulería y contundencia que la caracteriza, que no hay ninguna irregularidad y que todo está en orden. Es decir, que ya sabemos quién ha apuntado a esa gente y por quién van a votar. Susanita ha aprendido mucho estos años.

Habrá que estar atentos al 27 de Mayo en Porqueira, provincia de Ourense.

 
Dejen a nuestros ancianos tranquilos
19A-lomojó