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viernes, 24 de septiembre de 2010

Morreu Ana Kiro



A miña infancia tiña unha banda sonora: as cancións que os meus pais puñan no coche cando íamos de aquí para alá. Na viaxe máis antiga que lembro non debía ter máis de catro anos, alá nos primeiros 80: saíamos de Barcelona para ir pasar o verán na aldea, en Galicia, e do casete saía unha voz que acabou sendo como a de alguén da familia: ANA KIRO.

Para min Ana Kiro era máis que música. Para os milleiros de galegos na emigración era o cordón umbilical que nos mantiña unidos á terra e nos aliviaba a morriña. E non só iso: Ana Kiro, unha galega dos pés á cabeza, loitadora e sen complexos, ensinounos co seu exemplo a sentirnos orgullosos da nosa terra e da nosa lingua, algo moi necesario para un pobo tan dado ó masoquismo e baixo de autoestima como o noso. A súa carreira, a súa personalidade e as súas cancións deixaron unha fonda pegada na nosa cultura, na nosa Historia... e nas nosas historias.



A Gran Dama da canción galega deixounos hoxe, e levou con ela o cariño, a admiración e o respeto dos galegos de todo o mundo. Descansa en paz, e graciñas.


Para mis lectores y colegas no gallegos, que posiblemente no la conozcáis, os diré que Ana Kiro era la gran dama de la canción popular gallega y en gallego, un personaje tremendamente popular en Galicia, querido por todo el mundo. No quiero meter la gamba con las comparaciones, pero por decirlo de algún modo la muerte de Ana Kiro viene a ser en Galicia lo que la muerte de Lola Flores en España o la de Amalia Rodrígues en Portugal.

A continuación traduzco lo de arriba:

Mi infancia tenía una banda sonora: las canciones que mis padres ponían en el coche cuando íbamos de aquí para allá. En el viaje más antiguo que recuerdo no debía tener más de cuatro años, allá en los primeros 80: salíamos de Barcelona para ir a pasar el verano en la aldea, en Galicia, y del casete salía una voz que acabó siendo como la de alguien de la familia: ANA KIRO.

Para mí Ana Kiro era más que música. Para los miles de gallegos en la emigración era el cordón umbilical que nos mantenía unidos a la tierra e nos aliviaba la morriña. Y no sólo eso: Ana Kiro, una gallega de los pies a la cabeza, luchadora y sin complejos, nos enseñó con su ejemplo a sentirnos orgullosos de nuestra tierra y de nuestra lengua, algo muy necesario para un pueblo tan dado al masoquismo y bajo de autoestima como el nuestro. Su carrera, su personalidad y sus canciones dejaron una honda huella en nuestra cultura, en nuestra Historia... y en nuestras historias.

La Gran Dama de la canción gallega nos ha dejado hoy, y se llevó con ella el cariño, la admiración y el respeto de los gallegos de todo el mundo. Descansa en paz, y graciñas.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Adiós, maestro

Esto lo iba a poner como postdata en el post anterior, porque no suelo publicar dos así tan seguidos, pero la ocasión lo merece. Ya que he venido, no me voy sin dejar un homenaje como está mandado a un grande que se nos ha ido: José Antonio Labordeta.

Lo malo que tenía era que se presentaba por Zaragoza y yo no podía votarle. Hasta siempre, maestro.



Pogromos mediáticos

Pues ná, que después de un montón de tiempo dejando esto abandonado y triscando por donde Don Javier, ayer en un momento de inspiración me largué un texto que tuvo cierto éxito y hasta llegó a la portada. Se supone que el objetivo inicial de este humilde cutreblog era dejar constancia de mis grandes idas de olla en un sitio localizable, así que qué menos que traer aquí ese comentario, que ya ha sido copiado en otros blogs, aunque sea por tirarme el moco un poco. Lo copio retocando alguna errata que se me coló y copio también las puntualizaciones que hice después. Así que nada, aquí queda, y a ver si actualizo algo más de vez en cuando.

El rollo éste iba sobre la nueva matraca político-mediática de estos días: los gitanos rumanos. Lo que me hizo pensar en...

Es espectacular el modo en que, en tiempos de crisis, “los de arriba” (políticos, banqueros, empresaurios, poderes mediáticos, lo que sea) se las apañan para librarse de las iras de “los de abajo” haciendo que éstos se enfrenten entre ellos. El caso es que los que de verdad tienen poder y responsabilidad y capacidad para arreglar las cosas siempre consiguen escurrir el bulto: “la culpa de este sistema tan injusto no es nuestra, es de los putos [insertar aquí un colectivo de pringaos a los que culpar de todo], a por ellos”.


¿Que no? Sólo en este año de 2010 ya lo hemos visto en varias fases, no hay más que revisar las hemerotecas: hace unos meses la bicha eran los funcionarios (léase con voz lúgubre). Los funcionarios, en su amplia mayoría mileuristas puteados, eran culpados de ser demasiados, de ser unos privilegiados, de ganar mucho, de no currar nada, de ser los culpables de lo mal que va todo… esa opinión, azuzada por ciertos políticos y la derecha mediática, sirvió para instalar en el público la idea de que la solución a todos los males pasa por cepillarse a los funcionarios.


Pasada la fase de los funcionarios y el verano, el objetivo del siguiente “pogromo” fueron los sindicalistas: que si vagos, que si aprovechados, que si lastre para el país… de nuevo la derecha mediática y política consiguió crear el estado de opinión según el cual todo se arreglará dándoles pa’l pelo a los sindicalistas… o mejor aún (para los que promueven estas campañas): cargándose los sindicatos. El pim-pam-pum antisindical de las últimas semanas ha sido de órdago, y la masa borreguil de tertulianos de barra de bar se ha apuntado con entusiasmo: “hostia, que tenemos nuevo chivo expiatorio, a saco a por él”.


Pero como lo de los sindicalistas perderá actualidad después del día 29, pase lo que pase, ya se está preparando la nueva cabeza de turco de los males sociales: los inmigrantes. Lo cierto es que han tardado en sacarlos al disparadero (bueno, son un colectivo al que se puede convertir en chivo expiatorio varias veces si hace falta, así que aún les queda recorrido), así que ya tenemos otro “gran culpable” para que las masas despedacen mientras los que tienen la sartén por el mango respiran aliviados y se guiñan el ojo: “menos mal que tirándoles un huesico se calman”.


Al final, de una manera u otra, con la campaña de politicastro de turno y el altavoz de las vuvucelas mediáticas, el resultado es que nosotros los pringaos acabamos enfrentándonos entre nosotros mientras “los de arriba” se mantienen incólumes. Funcionarios, sindicalistas, inmigrantes y demás currantes y parados desperdiciamos nuestras iras culpándonos unos a otros, cayendo en la trampa que nos tienden: “ése es un privilegiado de la hostia”, “ése viene de fuera a quitarte el trabajo”, “tú no tienes que ver con ellos, que tú eres de clase media, que tienes DVD y móvil táctil”… ésos son los mensajes que llegan para enfrentar y dividir a los trabajadores.


Con ello los estamentos poderosos político-económico-mediáticos no sólo mantienen el descontento social a raya, sino que así pueden colar de rondón sus “soluciones” (los chivos expiatorios suelen ser cuidadosamente escogidos): “abajo los funcionarios, vamos a privatizar”, “abajo los sindicalistas, carguémonos la negociación colectiva y los derechos laborales”, “abajo los inmigrantes, vamos a policializar”. Lo de Niemöller falsamente atribuido a Brecht está muy manido, pero aquí se podría aplicar: “primero vinieron a por los funcionarios… después vinieron a por los sindicalistas… después vinieron a por los inmigrantes…”


Y mientras sigamos lanzándonos contra los huesecillos que nos tiran, en vez de ir a por el solomillo que guardan bien escondido, esto no va a ir a ninguna parte, y estaremos condenados a dar vueltas sin salir de la mierda, y generando más odio, más resentimiento y más injusticia.


A continuación, la adenda que añadí al día siguiente:

Bueno bueno bueno, madremía… qué gran honor que me hace usted, Don Javier, se me suben los colores, muchas gracias a todos.

Ya puestos quiero hacer un par de puntualizaciones, porque estos comentarios se escriben con prisa y medio en caliente (aparte de que se han colado un par de erratillas, pero que se entiende igual).


No pretendo en ese comentario sentenciar sobre quiénes son los verdaderos culpables de la crisis, ni cargar todas las iras sobre los malvados capitalistas de chistera como alguien ha apuntado, porque culpables, lo que se dice culpables, hay más. Por eso suscribo el comentario de Manu (#65) donde recuerda cómo éste país se ha entregado durante años a la cultura del pelotazo y el monocultivo del ladrillo, y aunque aquí “los de arriba” tienen su parte (y no pequeña), también “los de abajo” han participado con entusiasmo.


Lo que critico en el comentario original es cómo se dirigen interesadamente los focos de la atención mediática: no hay más que seguir los editoriales, las declaraciones de políticos, las portadas de los periódicos, los titulares de informativos o las columnas de opinión para ver cómo en los últimos meses vivimos una sucesión de ataques a colectivos concretos, a los que se carga con todos los males. Además esto sucede con una coordinación asombrosa, que parece que se abre la veda de caza: hoy toca leña a los funcionarios y tenemos durante una semana a todos los columnistas rajando de los funcionarios, y las portadas de los periódicos sacando titulares sobre si sobran nosécuántos o cuestan noséqué. Y mañana son los liberados sindicales, pasado los controladores aéreos o los del Metro de Madrid (que los había pasado por alto)… este fenómeno ya se ha reproducido varias veces en los últimos meses, y para señalarlo escribí el comentario.


Además, esos “progromos mediáticos” vienen de narices no sólo para que “los de arriba” escurran el bulto de la parte que les toca (librarse de responsabilidades y de buscar soluciones de verdad) y de paso puedan colar de rondón sus más húmedos sueños (recortes sociales, desregulación laboral…) También a muchos de “los de abajo”, los que se tragan esas consignas y las apoyan con entusiasmo, el mismo entusiasmo con el que se entregaron al ladrillazo (como dijo Manu en el #65), les viene de la leche para lavar sus conciencias.


Hay muchos especímenes, por ejemplo, que ahora están chupando paro, después de haber dejado los estudios a los 16 para irse a poner rasillas, ganar una pasta gansa en la burbuja del ladrillazo y gastársela en un cochazo tuneado y un plasma de 3.000 euros. Ahora sufren las consecuencias: no tiene formación, no tienen un duro y tienen un futuro muy negro. Hay otros que tenían cuatro duros ahorrados y se metieron a especular con pisos, y ahora se los tienen que comer con patatas por habérselo jugado todo a una carta y creerse aquello de “esto nunca baja”. Y hay casos y casos. A estos tíos nada les halaga más que que les digan que ellos no tiene ninguna culpa de su situación, que la culpa es del funcionario del INEM, del delegado de la UGT, del controlador de Barajas o del “paisa” que vende en el top-manta de la esquina. Con razón se tragan lo que dicen los editorialistas de turno.

Por eso digo que hay que dejar de tragarse esos cuentos de “¡ahí está el culpable de todo, a por él!”. Aquí falla el sistema entero de arriba a abajo, y mientras no seamos conscientes y sigamos persiguiendo a la liebre que nos señalen cada vez, esto no se va a arreglar.


Pero en fin, muchas gracias por los halagos, y también gracias a los críticos (y algún troll de los habituales) que ponen a parir a Nacho creyendo que ese texto lo escribió él: precisamente de eso trataba, de cuando se desvían responsabilidades y tal ;-)

sábado, 25 de abril de 2009

Refrito postelectoral a la gallega (III): comentarios blasfemos sobre el voto emigrante

Un magro consuelo para los socialistas (y “consuelo de tontos”, de algún modo) en la resaca del 1 de Marzo fue el hecho de que el voto de los emigrantes arrebatara un escaño del PP y se lo diera al PSOE. Núñez Feijoo pasaba así, una semana después, de una holgada ventaja de 3 escaños sobre PSOE+BNG a una mayoría absoluta ajustada.

El resultado en la práctica de ese cambio está entre insignificante y nulo (mayoría absoluta a fin de cuentas), pero debemos plantearnos algo: ¿y si la noche del 1 de Marzo el PP hubiera obtenido 38 escaños en lugar de 39? Nos encontraríamos con que una semana después de celebrar la victoria y el cambio de gobierno les hubiera caído un jarro de agua fría y hubieran vuelto a la oposición. El escándalo no tendría precedentes, al margen de quién ganara o quién perdiera: que los gallegos de Galicia hubieran elegido al PP con mayoría absoluta y que unas sacas de correo de allende los mares torcieran la voluntad de los electores de Galicia. Eso no puede ser aceptable.

(quién me iba a decir que iba a estar aquí defendiendo los intereses del PP – claro que hace 4 años esos intereses eran opuestos, y el PP pretendía salvar la mayoría absoluta perdida en Galicia con los votos de los emigrantes – esa gente es así)

No me peguen muy fuerte, señores políticos

Y es que con esto del voto de los emigrantes hay cosas que no entiendo: que unos tíos que llevan décadas en el extranjero puedan tener esa capacidad de decidir unas elecciones (recordemos que en Galicia el censo CERA es cerca de una octava parte del total), votando de una manera muy poco fiable (cuestionada desde hace años son haberle dado una solución)… y que encima todos los políticos los traigan en palmitas. Hay gente votando que no ha puesto nunca los pies en Galicia, pero que cuando hay elecciones reciben visitas de políticos (de TODOS los partidos), que les montan un fiestorro, les llevan unas empanadas y unos gaiteiros y les hacen una queimada, y votos baratos pa’la saca. Total, mira qué bien les tratan a cambio de rellenar unos papelitos y escoger una papeleta. Pocos pubs son tan generosos con las horas felices y las segundas copas gratis.

Lo del voto emigrante de Galicia es UNA PUTA VERGÜENZA, y da igual a quién beneficie, sea PP, PSOE o el Cristo que lo fundó (ese escaño 25 del PSOE me importa más bien poco). Un señor que se fue de Galicia hace 40 años volviendo sólo una semana de vacaciones cada 2 ó 3 años tiene más poder de decisión que uno que, después de estar en Galicia toda su vida, se fue el año pasado a Madrid, Barcelona o Canarias, y se plantea volver en un par de años. Da igual que haya nacido, vivido, estudiado, trabajado, tributado y sufrido a los gobernantes en Galicia toda su puta vida: los hijos del primero, nacidos en América o Suiza y que nunca han pisado Galicia, pueden tener más poder de decisión que él.

He leído que el censo de presuntos gallegos en Argentina ha seguido creciendo desde hace años. Será por las masas de gallegos que siguen emigrando para allá, no te jode… Con esto de ampliar la nacionalidad a nietos y biznietos estamos llenando el censo de tíos que de Galicia sólo saben que es “una zona de España” de la que vino su abuelo hace muchos años, y poco más.

Aquí hay una avería que ningún partido está dispuesto a arreglar, porque no les conviene y porque el que se atreva a plantear esto en público será azotado, arrastrado por las calles y crucificado para escarnio público. Mis opiniones heréticas sobre el voto emigrante me harían ganar la acusación de ser un enemigo de la democracia que quiere arrebatar sus derechos a los hijos de Galicia en el exterior. Pero me consta que mucha gente en mi entorno opina lo mismo, aunque nadie se atreve a plantearlo en los medios de comunicación, y mucho menos en el Parlamento (el político que lo haga se estará suicidando políticamente). La cuestión es tan impopular y se presta a tanta demagogia que posiblemente nunca se plantee, pero no sería extraño que un día no muy lejano suceda lo que planteé antes (si no ha sucedido ya): que el voto exterior dé la vuelta a la tortilla, bien en unas autonómicas o bien en algún municipio (algunos tienen más gente censada en el extranjero que en el propio municipio). Entonces habrá que aguantarse.

Me parece muy bien y estoy a favor de que se reconozcan derechos a los emigrantes y sus descendientes… pero no el de votar, al menos pasado cierto tiempo. ¿Acaso si me voy a Madrid y me quedo 10 años tengo derecho a elegir al presidente de la Xunta o al alcalde de Ourense? Mi idea es que el que lleve más de X años fuera de Galicia (5, 8, 10 si me apuran), pierda su derecho al voto, y ya está (y lo mismo si se van a Buenos Aires que a Madrid). No digo que pierdan la nacionalidad (ni sus hijos); y si les da por regresar que tengan todos los derechos automáticamente (aunque no sé si tal cosa tendría fácil encaje jurídico). Pero mientras no vivan aquí, no deberían poder decidir el gobierno que va a gobernar a los que SÍ viven.

Mientras nadie (nadie con capacidad para impulsar ese debate) tenga suficiente audacia para cambiar esto, seguiremos dependiendo de las sacas de correo para saber si a quién hemos elegido, y seguirán apareciendo señoras que nacieron en el siglo XIX y que no se pierden ninguna votación. De momento "se va a estudiar" (ya se sabe que lo mejor para que un tema no se resuelva nunca es nombrar una comisión que lo estudie) , mientras que la gran preocupación se queda en poner urnas en los consulados y montar guateques en Buenos Aires.

jueves, 23 de abril de 2009

Refrito postelectoral a la gallega (II): ¿Y "Galicia Bilingüe"?

¿Y “Galicia Bilingüe”?

Un asunto que personalmente me tiene preocupado es esta especie de cruzada demencial contra la lengua gallega que ha surgido últimamente y de la que ya hablé largo y tendido en su momento. Durante la campaña el PP se apuntó a ella, diciendo que con el Bipartito el castellano “estaba perseguido” y que el gallego “se imponía a la fuerza”. Ahora, el PP ha ganado y el maligno Bipartito devoraniños castellanohablantes ha sido enviado a la oposición. ¿Ha alcanzado sus objetivos “Galicia Bilingüe”? (“Galicia Pilingui” he visto escrito por ahí) ¿Podrán los preocupados padres castellanohablantes impedir que sus indefensos hijos reciban esas espeluznantes clases en gallego, más allá, si acaso, de un par de horas semanales para que “les suene”?

Sobre este asunto Núñez Feijoo ha mantenido un discurso errático: continuamente apela a la “libertad lingüística”, pero cuando le preguntan si se refiere a lo que “Galicia Pilingui” (me lo quedo) entiende por “libertad lingüística” (“apartheid” escolar, que en la práctica y a la larga lleva a una división de la sociedad en dos comunidades monolingües…) dice que no, que él se refiere “a otra cosa”. Aunque nadie sabe muy bien a qué.

Las palabras “libertad” y “derechos” son muy bonitas y visten mucho cualquier reivindicación, incluso las más absurdas e injustificadas: si te opones a ellas, pueden responderte que estás en contra de la “libertad” (así, en genérico) y que eres muy malo malísimo (a mí ya me lo han dicho alguna vez). Pero ni aún así los “pseudobilingües” consiguen que sus prejuicios y sus fobias pasen por “libertades y derechos”.

¿“Derechos lingüísticos”? No está claro de cómo es eso en la teoría, pero en la práctica lo que plantea “Galicia Bilingüe” es un “derecho a la ignorancia”: reclaman una especie de derecho a que sus hijos NO aprendan una lengua, y a negarse a que les den clases en gallego. Claro que esto tiene un encaje peliagudo con la gran ambición de Feijoo, el “trilingüismo”: gallego, castellano e inglés. El objetivo de Feijoo es que se llegue a impartir un tercio de las clases en inglés. ¿Podremos, como hace “Galicia Bilingüe”, negarnos a que nuestros hijos reciban esas asignaturas en inglés, alegando que eso les causa “traumas psicológicos” a los niños y perjudica su rendimiento académico? (eso es lo que alegan contra las clases en gallego) ¿O es que los “derechos lingüísticos” sólo valen para invocarlos CONTRA el gallego?

¿“Libertad de idioma”? Pretenden que los padres tengan que escoger entre que sus hijos den clase en gallego O clase en castellano, y que según esta elección vayan a clases separadas. En la práctica hablamos de una “libertad para excluir”, porque con ello se impone un falso dilema y se obliga a escoger entre ambas lenguas. ¿Y si quiero que mis hijos estudien ambas lenguas al 50%? ¿Y si quiero un reparto de 60/40, ó de 25/75? ¿Qué hay de mi “libertad de idioma”? Algunos pseudobilingües reclaman un sistema de itinerarios como el vasco, pero… ¿hay alguna sociedad más dividida, por una brecha entre nacionalistas y no nacionalistas, que la vasca? ¿Hay en España un lugar donde las lenguas estén más politizadas que en Euskadi? Y me pregunto: ¿acaso ese sistema de modelos educativos separados por lenguas no tendrá algo que ver con ello? ¿Es eso lo que quieren para Galicia? Ese sistema de itinerarios separados por lenguas es un fracaso de la sociedad que de ninguna manera quiero para mi tierra.

En fin, que no me voy a extender mucho más sobre lo que pienso de las tesis de “Galicia Bilingüe”, pues ya escribí mucho en el post específico (y en sus comentarios). En un país con dos lenguas como Galicia el sistema educativo tiene que garantizar el dominio y la soltura en el empleo de ambas. Estudiar una de ellas con dos horas semanales como si fuera latín o francés, o directamente prescindir de ella, por el capricho de unos padres con prejuicios, es sencillamente un despropósito. Y exigirlo apelando a la “libertad lingüística” tiene el mismo fundamento que reclamar el derecho a conducir por la izquierda, en nombre de la “libertad de circulación” – y además reclamar una red de carreteras aparte.

Pero volviendo a la cuestión, ¿va a conseguir “Galicia Bilingüe” su red de carreteras aparte?

¿Ha ganado…?

“Galicia Bilingüe” lleva dando por saco con sus majaderías desde el Decreto de Normalización del Gallego en la Enseñanza de 2007, pero el PP (al menos el PP de Galicia) les ignoró porque veían claramente que eran unos colgaos… hasta que se acercaron las elecciones.

No es extraño: el caso es que el PP de Galicia realmente está a favor de la normalización. Sí, lo sé: con menos entusiasmo que los nacionalistas, vale; tal vez a regañadientes, de acuerdo, pero a favor a fin de cuentas. No podía ser de otra manera, pues la inmensa mayoría de votantes y militantes del PP gallego son gallegohablantes de toda la vida y muchos de ellos provienen de fuerzas de centro-derecha galleguista absorbidas por el PP (Coalición Galega, Centristas de Galicia… – por eso en Galicia no hay partidos nacionalistas conservadores tipo CiU). La normalización del gallego no es un invento del Bipartito: desde hace casi 30 años los gobiernos del PP en la Xunta (con Albor y con Fraga) han tomado y mantenido medidas por la enseñanza y normalización del gallego, que siempre han contado con el apoyo unánime de las fuerzas parlamentarias: desde la Ley de Normalización Lingüística del 83, hasta el Plan de Normalización de 2004, votado a favor por, entre otros, Alberto Núñez Feijoo (21 de Septiembre de 2004)

(por cierto: de lo anterior se puede deducir la insignificancia de los gallegófobos tipo Gloria Lago y su grupo en la sociedad gallega. Si esta gente ha alcanzado algún eco es por la pasta que manejan y el apoyo recibido del nacionalismo español “Españaserrompe!!!” promovido por ciertos medios madrileños – vamos, la COPE, El Mundo, Telemadrid… medios que llegaron incluso a atacar a Feijoo y al PP gallego por “romper España”)

Sólo fue en Octubre del año pasado cuando Núñez Feijoo decidió romper el consenso sobre la normalización del gallego y acercarse a “Galicia Bilingüe”. ¿Por qué lo hizo? Pues seguramente lo hizo aconsejado desde Génova, para seguir con la estrategia pepesuna de “España se rompe”, para tener algo con lo que montar follón contra el Bipartito (a falta de nada mejor) y sobre todo (creo) para frenar una posible fuga de votos hacia UPyDance. Incluso se puede dar una fecha exacta al giro de Feijoo: el 9 de Octubre de 2008 el PP votó a favor de las medidas de política lingüística de la Xunta Bipartita (entre otras cosillas, jejeje…), como se puede comprobar aquí (contado con gran ira por Libelo Digital). Y 15 días después, alegando noséqué polladas de procedimiento, el PP se desdijo y votó en contra, pero sólo porque “no nos han llamado para negociar el texto final”, aun cuando estaban de acuerdo con el contenido (aquí lo cuenta también Libelo Digital).

Pero aún así Feijoo se mantuvo ambiguo: cuando “Galicia Bilingüe” convocó aquella manifestación en Santiago (*) (que digan lo que digan fue un fracaso de asistencia, comparada con otras manifas en la misma ciudad, y aun trayendo autobuses de fuera de Galicia) el PP se sumó con la boca pequeña: sus representantes no acudieron en nombre del partido, sino “a título individual”. Miren si el apoyo fue tibio, que hasta por ello echaban pestes de Feijoo nada menos que Jomeini Losantos y Luis Herrero (el eurodiputado de la COPE elegido en las listas del PP en 2004), conspicuos representantes de los “defensores de la unidad de España” que tanto bombo dan a los pseudobilingües.

Núñez Feijoo fue listo: consiguió los votos y el apoyo de los pseudobilingües (y sobre todo el de los medios que les respaldaban, que era lo importante – el sector más radical de la derecha estaba esperando que Feijoo se la pegara para lanzar su ataque final a Rajoy); pero no se comprometió con ellos a nada. El precio a pagar fue meterse en un berenjenal a cuenta de la lengua del que ahora tiene que salir... pero eso no va a ser difícil.

¿… o ha perdido?

Que sí, que Feijoo prometió en campaña que derogaría el “Decreto del Gallego”… pero es que Feijoo ha prometido muchas cosas. Basta con echar un ojo a su programa electoral (hacia la página 304). Lo que el PP llevaba en su programa viene a coincidir con lo que ya ha anunciado Feijoo: que el reparto de clases entre castellano y gallego será paritario, al 50%, y que en los niveles infantiles (3 a 6 añitos) se consultará a los padres la lengua a emplear, en una especie de referéndum en cada clase.

Lo curioso de esto es que ambas cosas ya estaban contempladas en el decreto que Feijoo va a derogar: lo del 50% en el artículo 6º y lo del “referéndum” entre los padres en el artículo 7º. Otras cosas que escandalizaban tanto a los "defensores de la libertad" (las comunicaciones oficiales internas en gallego, los equipos de normalización o los requisitos para el profesorado) son cosas que de un modo u otro ya existían antes del Bipartito, y seguramente seguirán (quizás con algún cambio de nombre), porque no creo que Feijoo se cargue todo lo hecho por Fraga (de hecho, tendría que derogar leyes firmadas por Don Manuel). Y por “imposición del gallego y exclusión del castellano” no me viene nada. No habrá nada nuevo: Feijoo, simplemente, va a “acabar” con aquellos “abusos” del Bipartito que nunca existieron, porque no eran más que patrañas inventadas para la campaña. Y es que derrotar a los muñecos de paja que tú mismo te inventas está chupado.

En definitiva, que todo va a seguir igual y el cambio del Bipartito al PP, en política lingüística, será mínimo (como en su momento fue el cambio del PP al Bipartito, y es que de hecho es difícil hablar de “cambios” en este terreno). Queda la posibilidad de que Feijoo incumpla su programa, pero en este caso lo más probable, lógico, útil y barato es cumplirlo; no hacerlo costaría un huevo y desarmaría todo el sistema educativo gallego. Y sin necesidad: las polladas de “quiero estudiar en castellano, aldeanos de mierdaapenas las apoya un 20% de los votantes del PP, y aunque se llamen Corina Porro o Alfonso Rueda siguen siendo una minoría muy minoritaria.

De aquí salen dos noticias, una mala y otra buena: la mala es que se confirma que Feijoo ha mentido y manipulado sobre la “imposición del gallego” por parte del Bipartito y sus propuestas al respecto, porque de hecho nada diferencia su programa de lo hecho por PSOE y BNG (pero bueno, mentir y manipular es la marca de la casa). La buena es que el consenso en torno a la política lingüística se podrá recuperar fácilmente: Feijoo derogará el decreto de 2007 y a continuación aprobará su decreto, clavadito al anterior (cambiarán alguna coma y meterán varios sinónimos para que no cante demasiado, claro). Derogar pa ná es tontería, pero cuando uno ha hecho tanta demagogia con el asunto queda feo desdecirse y algún apaño hay que hacer.

Sic transit Gloria mundi

Hay una tercera noticia, no mala ni buena, sino mejor: los UPeyDeiros y “Galicia Pilingui” se van a comer los mocos. De clases separadas, nanay: Gloria Lago, esa atribulada madre desvelada por proteger a sus pobres hijitos de la “agresión” de esa lengua brutal y primitiva de aldeanos analfabetos llamada “gallego” (ella no pudo salvarse, pero luchará por que sus hijos sí)… lo lleva claro. ¿Ha sido bueno para los pseudobilingües que ganara Feijoo? Si hubiera ganado el Bipartito, podrían seguir con el raca-raca y seguir chupando del bote; si a Feijoo le faltaran escaños para la mayoría absoluta y se los pudieran prestar los hipotéticos diputados UPeyDeiros, podrían tener opciones para su proyecto lingüístico-educativo. Pero, ¡ay! no ha habido suerte: Feijoo ha ganado él solito, y el Club de Fans de Rosa d’Ejjjpaña ha obtenido un demoledor 1,41% de los votos (qué penita pena).

Por supuesto protestarán, patalearán, dirán que Feijoo les ha traicionado… pero deberán afrontar su drama: ya no son útiles. A Gloria Lago se le va a acabar lo de chupar cámara, y no sé si ella lo sabe. Muchos pseudobilingües deben ser perfectamente conscientes de que la verdadera y única razón de ser de todo su movimiento era la agitación política, la propaganda y el desgaste del Bipartito: y muerto el perro bipartito, se acabó la rabia pseudobilingüe. Seguramente un grupo de irreductibles se echará al monte para seguir la guerra por su cuenta, pero no pasarán de ser cuatro colgaos. Lo que eran en la época de Fraga, cuando ya en 1996 advertían de que los niños gallegos ya no sabían castellano. Pero que no desesperen: en un futuro, el PP dejará la Xunta (antes o después), y puedo asegurar que el movimiento “por la libertad de idioma” resurgirá cual ave fénix, con la nueva fuerza que la derecha crispadora le dé.

En fin: que ha ganado el PP y Núñez Feijoo será Presidente de la Xunta, pero como dijo otro ilustre gallego (un tal Franco) “no hay mal que por bien no venga”. El consenso por la normalización del gallego será restaurado, a Gloria Lago le cortarán los micrófonos (y los fondos) y “Galicia Bilingüe” tendrá que vender el autobús y comprarse un taxi. Un taxi Citroën, supongo.

(continuará)


(*) Apéndice: sobre la Manifestación de "Galicia Pilingui" del 8 de Febrero en Santiago

A propósito de aquella manifestación de “Galicia Bilingüe” en Santiago “por la libertad de idioma”… ¿os acordáis de aquel “honrado ciudadano agredido por las bárbaras hordas batasunas gallegas”? Aquel vejete al que le hincharon un ojo, sí, aquél, que decía que él no se había peleado, que fueron los otros los que le agredieron. Todos los medios bienpensantes lo sacaron en portada y prime time para que se viera lo malvados que somos los que defendemos el gallego y lo perseguidos y martirizados que están los que hablan castellano (y eso que a mí nunca me ha pasado nada).

Bueno, pues en esta página de A Nosa Terra hay un interesante vídeo (no he podido incrustarlo aquí) en el que se ve muy claramente (a partir del segundo 31) cómo es precisamente ese señor el que intenta agredir a los otros (siendo contenido por la Policía), y finalmente se escabulle de la Policía e inicia la pelea (segundo 51), aunque su víctima se defiende mejor que él y sale perdiendo.

Yo no me peleé, soy un abuelo de 60 años”, lloriqueaba después ante la prensa, el gilipollas. Ése es el “mártir” de “Galicia Pilingui”, los UPeyDeiros y la PPrensa del Movimiento. Que se sepa.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Los Reyes nunca votaban. ¿Y ahora?

Es un hecho conocido que ningún miembro de la Familia Real participa nunca en ninguna de las elecciones que se celebran, ni generales, ni autonómicas, ni municipales, ni europeas. Sólo han acudido a votar en algún referéndum de especial trascendencia (la Ley para la Reforma Política del 77, el de la Constitución en el 78 y no sé si alguno más).

Ni la Constitución ni ninguna ley les impone esa norma. En teoría, tanto el Rey, Jefe del Estado, como su familia, pueden ir a votar y meter en la urna la papeleta de un partido. Pero Juan Carlos I ha establecido y mantenido siempre esa costumbre de no votar, por propia iniciativa. El motivo de esa abstención es manifestar que como Rey y representante de “la unidad y permanencia” de la nación española, tal como establece la Constitución, es un representante de TODOS los españoles y como representante de todos debe mantener una exquisita neutralidad y una imparcialidad absoluta. Por eso no puede tomar partido por nadie, en este caso ejerciendo su derecho al voto. Aunque la ley no les obligaba, los Reyes han mantenido siempre una discreción ejemplar dentro de la agitada vida política española, discreción necesaria para cumplir su papel.

Gracias a esta postura de neutralidad política, nunca en 30 años de democracia ningún partido ni bando político ha podido apropiarse de la Corona para reforzar su posición ni sus ideas, ni nadie ha podido salir a la palestra a defender sus propuestas diciendo “la Casa Real está conmigo”. Y no han faltado veces que se ha intentado: recuerdo que cuando millones de españoles nos manifestábamos contra la invasión de Iraq hubo voces que pedían que el Rey interviniera para frenar a Aznar. Recuerdo haber discutido del tema con algún amigo, diciéndole que eso no podía ser, porque el rey no puede intervenir en la actuación del gobierno ni tomar partido en las discusiones de la opinión pública, por más que nos joda. Posteriormente, tampoco han faltado voces que han reclamado la intervención del Rey en asuntos polémicos como los últimos estatutos de autonomía que “rompían España”, según decían unos (y los otros también quisieron liar al Rey en eso). Y de nuevo, con buen criterio, la Corona no dijo ni pío, porque esa es su obligación.

El precio de mantener el puesto sin responder ante las urnas es la discreción absoluta, y eso es algo que Juan Carlos I sabe muy bien. La Corona española no tiene opinión: pueden pensar lo que les dé la gana, pero jamás lo expresarán públicamente, pues automáticamente se pondrían al lado de unos españoles y en frente de otros españoles. Ni el Rey ni su familia votan, ni se pronuncian, ni leen otros discursos que los que escriba el gobierno elegido por los ciudadanos. Durante 30 años esa ha sido la norma.

Pues bien, esa tradición de imparcialidad de la Casa Real ha saltado por los aires: en el último libro de Pilar Urbano sobre la Reina del que tanto se está hablando ha tirado por tierra esa imagen de que los Reyes son “de todos”: a partir de ahora, ya se sabe con quién va la Reina, y ésos ya han empezado a aprovecharse. El asunto es mucho más grave de lo que parece, porque ya sabemos de qué equipo va la mujer del árbitro, y en esa situación los partidos se enrarecen bastante.

Me importa poco (más bien nada) el contenido de las declaraciones de la Reina: estoy en desacuerdo con la mayoría, aunque comparto algunas (ha dicho que está a favor de una muerte digna – aunque ha añadido matices – y ha expresado una mala opinión sobre la actuación de George W. Bush). Lo que me parece inaceptable es que se haya pronunciado de forma tan clara sobre tantos temas: ha tomado partido sobre leyes que aún están en discusión, ha hablado de dirigentes mundiales en ejercicio y ha adoptado argumentos de determinados partidos. No me valen los paños calientes sobre que la Reina no tiene el papel constitucional del Rey, que “pobrecita, hay que dejarla opinar”, ni nada de eso. La Reina, en un libro de este tipo, debería haberse limitado a hablar de su familia y sus recuerdos, de sus aficiones, de arte y de proyectos humanitarios, evitando los pronunciamientos políticos. La Reina puede pensar lo que quiera, pero en su posición no puede airearlo alegremente como un ciudadano corriente, porque los Reyes no son ciudadanos corrientes. Al contrario, esta Reina que fue definida por su marido como “una gran profesional” ha demostrado una indiscreción propia de principiantes.

Después de oír las declaraciones de los implicados, sospecho que Pilar Urbano, periodista del Opus y de la escuela de PPedrOjete que ya ha estado metida en otras polémicas y que ahora se está haciendo una buena tournée de medios, haya aprovechado confidencias privadas para hacer públicas las opiniones de la Reina, que casualmente son las suyas (tal vez si fueran las contrarias no las hubiera publicado, quién sabe). Dice que no hizo grabaciones, así que será su palabra contra la de los demás. Pero como algún colega ha insinuado, esto apesta a sucia maniobra de la derecha más cavernaria para apropiarse de la Corona en su beneficio.

Algo que nunca había conseguido nadie, pero que Pilar Urbano ha conseguido por culpa de la indiscreción de la Reina, una indiscreción que ha hecho más daño a la Corona que el “cese temporal de la convivencia matrimonial” de la infanta Elena, las operaciones de nariz de la Leti y las cacerías de osos del Juancar juntas. La cagada de la Reina no tiene disculpas: a partir de ahora un gran número de españoles (no sólo los “gAys”, como dice Pilar Urbano) saben que al menos la mujer del Rey actual y madre del futuro les ve con antipatía. Posiblemente, el 30 de Octubre de 2008 haya significado el principio del fin de la monarquía. Este es un libro que no deberían haber dejado que se publicara; digo más, la Reina nunca debería haberse prestado a participar en él.

He visto en televisión que se rumorea que el Rey está con un cabreo monumental por este asunto: cabreo con los chupatintas a su servicio a los que le han colado esto, cabreo con la lianta de Pilar Urbano y sobre todo cabreo con su señora esposa. No es para menos, porque se ha cargado el trabajo de 30 años de “plebiscito diario”, como él lo definió una vez.

Por último, un aplauso y un tirón de orejas: aplauso para Esteban González Pons, portavoz del Partido Popular que ha dicho que con sus declaraciones la Reina ha ofendido a muchos españoles. Suscribo punto por punto lo que ha dicho González Pons, diciendo las cosas con claridad y sensatez (y eso que es del PP – aunque ya han pedido su cabeza desde los sectores más retrógrados de su partido). Y el tirón de orejas para el PSOE y el gobierno, que parece que han querido ser más papistas que el Papa, echando balones fuera e incluso atreviéndose a pedir la cabeza de González Pons por sus declaraciones. Lo primero se puede explicar porque desde la posición de gobierno deben tratar ciertas cosas con mucha delicadeza, pero lo segundo es inaceptable, porque lo que ha dicho González Pons es la pura verdad. Óle, óle y óle por González Pons.

En fin, a ver a dónde va a parar esto. Esperemos que la Reina sea discretamente apartada de la primera fila y se desautorice claramente a Pilar Urbano, por aprovechada y manipuladora. Si no, habrá que pedirle a la señora Sofía que abandone la Zarzuela, porque si va a defender posiciones políticas debería pasar por las urnas como los demás. Me quedo con el genial e irónico comentario de Poliket en lo de Escolar: yo, cuando esta mujer se presente a la reelección paso de votarla; creo que no me representa. ¿Para cuándo se vota?”

domingo, 21 de septiembre de 2008

Qué tiene de malo el libertarianismo (y III)

Después de la primera parte y la segunda, aquí tengo la tercera y última parte de mi traducción del magnífico ensayo de Mark Rosenfelder sobre el libertarianismo.

Ideologías del Malo Único

A pesar de la inteligencia de muchos de sus partidarios, el libertarianismo es un caso del tipo más simple (y por lo tanto más tonto) de política: la ideología del Malo Único. Todo es culpa del Estado (un libertariano, por ejemplo, leyendo mi lista de los males del laissez-faire de arriba, no habrá hecho caso de nada salvo de “diplomacia del gran garrote”. Es como la historieta de Gary Larson “qué entienden los perros”, con el nombre del perro substituido por “Estado”).

La ventaja de las ideologías del Malo Único es obvia: ante cualquier situación dada, nunca tienes que esforzarte en pensar para descubrir al culpable. Las desventajas, sin embargo, son peores: no puedes ver tu objetivo primordial claramente – el odio es un par de lentes oscuras – y no puedes ver los problemas causados por todo lo demás.

Es un hábito de la mente que hace al libertarianismo infalsable, y por tanto inaplicable al mundo. Todos los males son culpa de una institución; y como no tenemos ningún ejemplo del mundo real donde ese agente esté ausente, las premisas no pueden ser probadas.

No ser libertariano no significa adorar al Estado; significa aceptar la complejidad. El mundo real es un lugar monstruosamente complicado; no hay solamente una cosa que esté mal en él, ni con cambiar sólo una cosa se va a arreglar. Cosas como la prosperidad y la libertad no tienen una causa; son el resultado de un equilibrio.

Hay una teoría alternativa: el pecado original. La gente estropeará las cosas, sea por estupidez o por maldad activa. No hay ninguna clase mágica de gente (por ejemplo “el Estado”) que pueda ser eliminada para así producir la utopía. Cualquier institución puede fallar, o caer en la criminalidad activa. Pon a cualquiera en el poder – sean comunistas o ingenieros u hombres de negocios – y abusarán de él.

¿Significa esto que no hay esperanza? Por supuesto que no, sólo significa que debemos permitir que las instituciones se equilibren. Gobierno, partidos de la oposición, empresas, medios de comunicación, sindicatos, iglesias, universidades, organizaciones no gubernamentales, todos controlándose entre sí. El poder se distribuye tan extensamente como sea posible para evitar a cualquier institución monopolizarlo y abusar de él. No es siempre una solución bonita, y puede ser frustrantemente lenta e ineficaz, pero funciona mejor que cualquier alternativa que yo conozca.

El problema de los mercados

Los mercados son muy buenos para algunas cosas, como decidir qué producir, y distribuirlo. Pero los mercados sin restricciones no producen prosperidad general, y las empresas sin ley pueden abusar de su poder y lo harán. Los ejemplos pueden ser multiplicados ad nauseam: basta con leer algo de historia – o el periódico.

• Puesto que los recursos naturales son considerados como ganancias gratuitas mientras que la contaminación no se cuenta en los balances, las empresas sin control se apoderarán de los recursos y contaminarán hasta destruir el medio ambiente.

• La industria de los alimentos, dejada a su aire, pondrá porquerías en la comida y mentirá sobre su composición. Las pocas industrias que tienen excepciones respecto a las leyes alimentarias (por ejemplo, abastecedores de alcohol y suplementos) luchan duramente para seguir de esa manera. El sector alimenticio se resiste incluso a proporcionar información a los consumidores.

• Las empresas pondrán trabas para emplear a las minorías y rechazarán servirlas, o las servirán solamente de manera degradante.

• Las empresas crearán productos inseguros, pondrán en peligro a los trabajadores, se aprovecharán en tiempos de crisis, utilizarán violencia para evitar la sindicación – y gastarán millones en financiar a políticos que eliminarán el derecho de la gente a limitar estos abusos.

• Gracias al clima económico neoliberal, compañías están alegremente deslocalizando empleos, bajando los salarios y empeorando las condiciones de trabajo.

• El mismo clima libertariano anima a los narcisistas a pagarse hermosos sueldazos mientras dirigen de forma incompetente, y lleva a la contabilidad falseada, a los chanchullos bajo mano y a la corrupción.

• Las empresas crean monopolios y cárteles cuando pueden hacerlo; y lo primero que hacen los monopolios es subir los precios.

• Las empresas pueden crear burocracias tan impenetrables y despilfarradoras como la de cualquier administración pública (las peores con las que nunca he tenido que tratar son las de las aseguradoras médicas. Y no, no es la “regulación del estado” lo que las hace así; los aseguradores tienen interés en la hacer los procesos de demanda tan difíciles como sea posible).

• Los medios de comunicación controlados por el Estado son malos; pero los medios controlados por las corporaciones no son mucho mejores, especialmente teniendo en cuenta la consolidación de los medios importantes. La democracia necesita diversidad de voces, y en lugar de ello nos estamos moviendo hacia la dominación de las ondas por unos pocos conglomerados.

• Los pobres están mal servidos incluso en los servicios básicos: pagan más por el alimento; pagan un dineral por apartamentos asquerosos; no pueden conseguir préstamos aunque puedan conseguir cuentas bancarias; si pueden encontrar un trabajo está mal pagado, y sin seguro médico. Las áreas pobres también están altamente contaminadas (de modo que se producen problemas masivos de salud), mientras que carecen los servicios tales como cines.

Las respuestas libertarianas a esta lista van más allá de lo asombroso:

• "Las empresas tendrían que ser estúpidas para hacer esas cosas". Pues entonces deben ser estúpidas, porque las hacen. La discriminación racial privada, por ejemplo, duró cien años, y no terminó por un cambio de mentalidad de los empresarios, sino por la organización de los negros y los progresistas. El programa del Partido Libertariano de hecho pretende que la discriminación privada vuelva a ser legal.

• “El mercado corregirá esos problemas”. En algunos casos sí – si esperas lo suficiente. Pero muy a menudo es simplemente imposible: por ejemplo, los monopolistas se aseguran de que no haya alternativas (uno de los magnates del ferrocarril, por ejemplo, se aseguró de comprar también las líneas de vapores). Y aunque a veces se pudiera romper un monopolio empezando una competencia bien respaldada por los bancos, eso no era (en mi opinión) ningún consuelo para un productor de petróleo que veía a Rockefeller apoderarse de todas las refinerías. A duras penas podría haber montado su propia refinería, y se habría ido a la bancarrota antes de que alguien tuviera éxito actuando así.

La esclavitud es otro ejemplo: aunque algunos esperaban que eventualmente el mercado la hiciera poco rentable, con seguridad ello llevaría su tiempo, y ni el esclavo ni el abolicionista tenían otra forma de presionar a los esclavistas que el Estado.

(Habitualmente los libertarianos dicen oponerse a la esclavitud... pero eso es tremendamente fácil de decir después de la Guerra de Secesión y el movimiento pro derechos civiles. Los esclavistas pensaban que estaban defendiendo sus sagrados derechos de propiedad privada y autogobierno).

• “También creemos en las leyes”. Y en efecto lo hacen, de una manera bastante conmovedora; sólo que en lo que no creen es en su cumplimiento. En la ideología libertariana, el hecho de hacer cumplir las leyes aprobadas por legislaturas democráticas es llamado “hombres con armas” o “fuerza coercitiva”. Y si no se hacen cumplir, las leyes no son más que bonitas palabras. Esto se puede ver hoy día en Latinoamérica, que a menudo tiene leyes muy avanzadas. La elite capitalista y terrateniente sencillamente las ignora.

• “Entonces ¿qué pretendes, cines estatales?”. La ideología del Malo Único es tan fuerte que la única respuesta que algunos pueden dar a un fallo del mercado es inventarse una supuesta respuesta estatista y criticar esa respuesta inventada. A veces la mejor solución para estos problemas es usar los mercados – una vez que han recibido en el culo una buena patada progresista para que la encuentren.

Y estas son las mejores respuestas. Muy a menudo la única respuesta consiste en explicar que nada malo puede suceder en la utopía libertariana. Pero el dogma libertariano no puede ser sustentado con doctrina libertariana: eso es una “petitio principii”.

O sencillamente se niega que esas cosas sean problemas. Un correspondiente me sugería que los pobres no deberían “quejarse” por no conseguir créditos – “Yo no haría un préstamo si creo que no me será devuelto”. Esto no solamente es desalmado sino también ignorante. ¿Quién dice que los pobres sean un mal riesgo de crédito? A menudo reciben un impulso de organizaciones comunitarias, pero los bancos pueden servir bien en áreas de bajos ingresos – a la vez haciendo dinero y promoviendo la propiedad de la vivienda. Instituciones como el Banco Grameen han descubierto que los microcréditos funcionan muy bien y son rentables, en los países más pobres de la Tierra, tales como Bangladesh.

Una sociedad equilibrada

Una solución probada para la mayoría de estos males es el liberalismo progresista. Durante cincuenta años los progresistas gobernaron este país, generando una prosperidad sin precedentes, y convirtiéndolo en la primera nación consolidada de clase media.

Si buscas la prosperidad para la mayoría – ¿y por qué la mayoría habría de apoyar otro objetivo? – necesitas un equilibrio entre el Estado y el sector privado. Para ello necesitas varias cosas:

• El imperio de la ley. Esto significa regulaciones, policía efectiva y tribunales justos. Como dijo Stephen Holmes, “No hay imperio de la ley hasta que la mafia necesita abogados”. Neal Stephenson señala lo mismo en Zodiac: en una sociedad progresista puedes abochornar a las empresas para hacerlas obedecer la ley, porque no les gusta la mala publicidad. No tienes ese recurso con las mafias.

• Confianza de los consumidores. Eso significa que el fraude y el abuso son perseguidos, y que no necesitas pagar sobornos para que las cosas se hagan como deben (una gran razón por la que la mayoría de los países pobres permanecen pobres).

• Estado Y empresas responsables. Eso significa democracia, derechos sindicales y del accionista, y prensa libre. Personalmente, creo que llegaremos a darnos cuenta de que la monarquía tampoco sirve para los negocios.

• Competencia. Los monopolios suben las tarifas, ahogan la innovación, abusan de las empresas dependientes y dan unos servicios lamentables (los “barones del robo” del siglo XIX buscaban explícitamente los monopolios, y los querían para aumentar sus beneficios).

• Una pirámide empresarial de amplia base, no sólo unas pocas multinacionales en lo alto. Las pequeñas y medianas empresas son habitualmente el motor de la innovación y del desarrollo de las ciudades, y las mayores creadoras de empleo.

• Ninguna barrera a la promoción social ni a la innovación empresarial (por ejemplo, racismo, monopolios, “licencias” cuyo único propósito es proteger a los negocios existentes, préstamos o tribunales inasequibles, sistema educativo excluyente, sobornos, mafias).

El Estado cuesta dinero

Quizá el meme libertariano más mediático – y uno de los más nocivos – es la pretensión de pintar los impuestos como un robo.

Para empezar, eso no es honesto. La mayoría de los libertarianos aceptan el Estado para encargarse de la defensa y de hacer cumplir la ley (hay algunos extremistas que ni siquiera creen en la defensa nacional; supongo que desean tener su utopía libertariana durante un rato, para al poco entregársela a invasores externos).

Ahora bien, la defensa nacional y el cumplimiento de la ley cuestan dinero: cerca del 22% del presupuesto del 2002 – 33% si se excluye la seguridad social. No puedes tragarte eso y al mismo tiempo sostener que todo impuesto es malo. Al menos, el coste de esas funciones no es “tu dinero”, sino un justo pago por servicios que son necesarios.

Los americanos disfrutan de los frutos de la investigación científica, una fuerza de trabajo cualificada, autopistas y aeropuertos, alimentos limpios, etiquetado honesto, Seguridad Social, seguros de desempleo, bancos de confianza, parques nacionales... El libertarianismo ha promovido ese espejismo peculiarmente americana de que todo eso es gratis. Eso convierte el “morder la mano que te da de comer” en una filosofía.

En segundo lugar, lleva directamente a la irresponsabilidad financiera de George Bush. ¿Animaría algún libertariano a su familia, o a su empresa de software, o a su club de tiro, a gastar el doble de lo que ingresan? Cuando los libertarianos mantienen que, entre los pobres, esa irresponsabilidad es tan mala, ¿por qué es buena en el Gobierno?

No es excusa decir que los libertarianos no querían que el Gobierno aumentara los gastos, como ha hecho Bush. Como juzgues a los demás, así serás juzgado. Los libertarianos quieren juzgar al progresismo no por sus metas (por ejemplo, ayudas a los niños pobres), sino por sus efectos colaterales (por ejemplo, embarazos adolescentes). La cosa más fácil en el mundo para un político es bajar los impuestos y aumentar el gasto. Atacando al propio concepto de la imposición, los libertarianos ayudan a los políticos – y al público – a complacer sus peores impulsos.

Finalmente, oculta la dependencia del Gobierno: el motor económico de los Estados Unidos aún está en el Medio Oeste, el Nordeste y California – áreas demócratas ampliamente progresistas. Como Dean Lacy ha señalado, en la última década los “estados azules” [estados de mayoría demócrata – N. del T.] del 2004 pagaron 1,4 billones de dólares en impuestos federales más de lo que recibieron, mientras que los “estados rojos” [estados de mayoría republicana – N. del T.] recibieron 0,8 billones de dólares más de lo que pagaron.

La moralidad de los “estados rojos” no solo consiste en ser irresponsable con el dinero que ellos pagan como impuestos: es ser irresponsable con el dinero que pagan otros. Equivale a oponerse que haya becas a base de robarle el dinero a los otros niños.

Moralidad inaceptable

En último término, mi oposición al libertarianismo es moral. Discutir teniendo en medio un abismo moral es habitualmente ineficaz; pero al menos deberíamos ser claros con respecto a cuáles son nuestras diferencias morales.

Primero, la adoración del que ya es afortunado y el desdén por el impotente es esencialmente la moralidad de un sicario. El dinero y la propiedad no deberían estar privilegiados por encima de todo lo demás – amor, humanidad, justicia.

(Y no olvidemos esa espeluznante fascinación por el poder de las armas – como se ve en ESR, Ron Paul, Heinlein y Van Vogt, en el presidente de “Advocates for Self-Government” Sharon Harris, en el Cato Institute, en el website de Lew Rockwell y en el Mises Institute).

Me gustaría poder convencer a los libertarianos que los extremadamente opulentos no les necesitan como sus abogados gratuitos. El poder y la riqueza no necesitan “equipo de animadoras”; ellos no son – por definición – una clase oprimida que necesite nuestra ayuda. El poder y la riqueza pueden cuidarse solos. Son los pobres e indefensos quienes necesitan ayudas y defensores.

Los libertarianos me recuerdan la descripción que hizo G.K. Chesterton de aquella gente tan ansiosa por combatir a la ideología odiada, que serían capaces de destrozar sus propios muebles para hacerse palos con los que golpear. Una vez más, James Craig Green:

Las excusas típicas son “bien común”, “moralidad pública”, “valores familiares tradicionales”, “derechos humanos”, “protección del medio ambiente”, “seguridad nacional” e “igualdad”. Cada una de ellas apela a la histeria confusa de un sector de la población. Cada una de ellas permite negar la propiedad a su legítimo poseedor. Cada una de ellas niega el concepto de propiedad privada.

Aquí hay un punto de vista moral muy diferente: Jimmy Carter describiendo por qué construye casas con Habitat para la Humanidad:

Desde mi niñez rural, cuando a menudo pasaba las noches con vecinos negros que vivían en chabolas ruinosas y frías, hasta mis años en la Casa Blanca cuando vi los apuros de los sin hogar y de aquellos atrapados en infraviviendas por todo el mundo, he sabido que tener donde vivir es importante. Y sé, como cristiano, que tengo la responsabilidad de ayudar en lo que pueda, pues como trate “al último de estos”, estaré tratando a mi Creador.

¿Es esto “histeria confusa”? No, es simple decencia humana. Es triste ver a algunos retorcerse en subterfugios para denigrar la aspiración humana (y el mandamiento Bíblico) de ayudar al prójimo.

En segundo lugar, es la filosofía de un niñato, de alguien que ha leído demasiado Heinlein, que ha asimilado la sórdida idea de que una elite intelectual debería gobernar a las masas infrahumanas, y que se ha convencido a sí mismo de que haber leído un par de noveluchas lo convierte en parte de esa elite.

Lo tercero, y quizá lo más común, es que es la visión del mundo de un paleto narcisista. Como ya he observado en mi repaso al siglo XX, el liberalismo progresista ganó sus batallas tan incontestablemente que la gente ha olvidado por qué se lucharon esas batallas.

Es difícil leer a los libertarianos sin sacar la conclusión de que nunca han estado fuera del país – tal vez nunca han ido más allá de los suburbios. No conocen cómo es el dominio de las elites en Latinoamérica; no conocen ninguna manera de gestionar una economía industrial, aparte de la estadounidense; no saben cómo es un gobierno realmente opresor; nunca han vivido una depresión; nunca han vivido en un barrio bajo ni han sufrido discriminación racial. Al mismo tiempo, tienen un sentido del privilegio muy americano: un sentimiento interior de que se han ganado la prosperidad en la que nacieron, de que no le deben nada a la comunidad, de que tienen derecho a tener cualquier cosa que quieran y de que nadie debería estorbarles.

En fin, que están malcriados, y han desarrollado una filosofía según la cual deben ser malcriados.

No quiero descartar la posibilidad de la confusión sin mala fe. Alguna gente puede estar atraída por algunas partes del programa libertariano sin aceptar con ello su moralidad subyacente.

Conclusión

“La prueba de nuestro progreso no es que agreguemos más a la abundancia de los que tienen mucho; es que proporcionemos lo suficiente a aquellos que tienen demasiado poco” – Franklin D. Roosevelt

Tengo mis propios artículos de fe. Pienso que una filosofía política debería:

• beneficiar a toda la población, no a una elite, cualquiera que ésta sea;

• ofrecer una visión positiva, no sólo aversión por otra filosofía;

• apoyarse en lo mejor que la ciencia y la historia puedan enseñarnos, más que en la ciencia ficción;

• modificarse a la vista de lo que funciona y lo que no; y

• producir mayor libertad y prosperidad cuanto más se acerca a ella una nación.

En todos estos aspectos, el libertarianismo sencillamente no se sostiene. Una vez que la gente sea capaz de ser racional respecto a la política, espero que lo desechen como un fracaso práctico y una bazofia moral.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Qué tiene de malo el libertarianismo (II)

Continúo, tras el comienzo de ayer, con la segunda parte del ensayo de Mark Rosenfelder sobre el libertarianismo.

Mi amigo Franklin

A estas alturas algunos lectores libertarianos están agitando sus manos en el aire como un pistón, impaciente por explicar que su ideal no es Rothbard o von Mises o Hayek, sino solamente los Padres Fundadores.

Buen intento. Todo el mundo quiere a los Fundadores en su lado; pero entonces había detrás un país diferente – el 95% agrícola, baja densidad, altamente homogéneo, primitivo en tecnología – y el libertarianismo moderno simplemente no se puede aplicar (en el Oxford English Dictionary, las citas de la palabra en aquella época son todas teológicas).

Todos los movimientos políticos americanos tienen sus raíces en el siglo XVIII – de hecho, en el lado ganador, puesto que la opinión lealista esencialmente desapareció. Todos – progresistas, conservadores, libertarianos – estamos contra la monarquía georgiana y a favor del derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Se pueden ciertamente encontrar citas en las que un fundador u otros protestan contra el gobierno; se pueden encontrar otras citas en donde un fundador u otros protestan contra la rebelión, la anarquía y los antifederalistas. El mismo fundador puede ser citado a veces en ambos lados. Había un manojo mezclado, y vivieron lo suficiente para encontrarse ante situaciones diversas.

No puede haber escapado, a los que han atendido con sinceridad a los alegatos empleados contra los poderes extensos del estado, que sus autores han tenido muy poco en consideración hasta qué punto estos poderes eran medios necesarios para lograr un fin necesario.
James Madison

La propiedad estable es el regalo de la ley social, y se da tarde en el progreso de la sociedad.
Thomas Jefferson

Toda la propiedad privada que es necesaria para un hombre es su derecho natural, del cual nadie puede privarlo, pero toda propiedad privada superflua a tales propósitos es la propiedad del público que, por sus leyes la han creado y que pueden, por otras leyes disponer de ella.
Benjamin Franklin

La Constitución es sobretodo una definición de un gobierno fortalecido, y El Federalista es una argumentación extendida de ella. Los Fundadores negociaron un equilibrio entre un gobierno que era arbitrario y coactivo (su experiencia como sujetos coloniales británicos) y uno que era impotente y dividido (los fallidos Artículos de la Confederación).

Los fundadores no anticiparon el New Deal – no había necesidad de ello – pero eran tan rápidos para recurrir a los recursos del estado como cualquier progresista moderno. Ben Franklin, por ejemplo, manejaba a su antojo la legislatura de Pennsylvania – usándola para financiar un hospital que quiso establecer, por ejemplo. Él no tenía obviamente ningún escrúpulo en usar el poder del estado para hacer buenos trabajos sociales.

Es también conveniente precisar que las palabras de los Fundadores eran más nobles que sus hechos. La mayoría de ellos estaban absolutamente cómodos con la esclavitud, por ejemplo. Nadie se preocupaba del consentimiento de las mujeres en ser dominadas. La propia administración de Washington convirtió en crimen criticar al gobierno. Y como Robert Allen Rutland nos recuerda,

Durante casi 150 años, de hecho, la Declaración de Derechos era honrada de boquilla en los discursos patrióticos, e ignorada en la calle. No fue hasta después de la Primera Guerra Mundial cuando el Tribunal Supremo comenzó el proceso de dar significado real a la Declaración de Derechos.

El proceso de dar vida a las nuestros derechos constitucionales ha sido en gran parte el trabajo de los progresistas. En la lucha más grande de todas, tratar a los negros como seres humanos, los libertarianos apoyaron al otro bando.

¿Por qué son una molestia?

Los chiflados son generalmente inofensivos; ¿qué decir del Partido Libertariano?

En sí mismo, me temo, no es más que una nota a pie de página. No consigue más que el 1% del voto – una prueba de que es sobrepasado históricamente por el Partido Anti-Masónico, los Greenbacks, el Partido de la Prohibición, los socialistas, los verdes, y cualquier cosa que fuera John Anderson. Si eso fuera todo, no me molestaría en dedicar páginas y críticas a él. Estoy totalmente a favor de la expresión de la excentricidad pura en política; incluso me gusta más el Partido del Monstruo Chalado Delirante británico.

¿Por qué son las ideas libertarianas importantes? Debido a su influencia en el partido republicano. Forman la base ideológica para la revolución de Reagan/Gingrich/Bush. Los republicanos han tomado el caballo libertariano de “el estado es malo” y cabalgado lejos con él:

• Reagan: “el Estado es el problema”
• Phil Gramm: la “crisis económica” y la “crisis moral” del país eran debidos “a la expansión del Estado”
• Tertulias radiofónicas donde se defiende la resistencia armada a los “sicarios uniformados del gobierno”
• La campaña de Dole en 1996, extendiendo la idea de que los impuestos son “tu dinero” que te es arrebatado.
• El “Contrato con América” de Gingrich (recortes del estado del bienestar, reducciones de impuestos, limitaciones de la responsabilidad de las corporaciones y de la capacidad del estado para regularlas)
• El comentario de Dick Armey de que Medicare (ayuda médica para los ancianos) es “un programa no debería existir en un mundo libre”
• Las reducciones de impuestos de Bush, previstas no sólo para recompensar a los ricos, sino para “matar de hambre la bestia”, en palabras de Grover Norquist: crear un déficit permanente como medida peligrosa para reducir el gasto social
• La esperanza de Jeb Bush de que los edificios gubernamentales del Estado de la Florida un día estén vacíos
• Apoyo intelectual a los ataques contra la calidad de la vida laboral en este condado, y para desmantelar el New Deal

Tal vez este uso de sus ideas esté aterrando a los “verdaderos libertarianos”… bien, el mundo es aterrador a veces. ¿Es justo para el comunismo que todo el mundo piense que su manifestación leninista es la única posible? ¿Crees que me alegra tener representantes nacionales como Dukakis, Gore y Kerry?

Por lo menos algunos libertarianos han entendido la conexión. Rothbard otra vez, escribiendo en 1994:

La verdad es que desde que hemos estado atrapados en un sistema bipartidista, cualquier revolución electoral contra el “gran gobierno” tuvo que ser expresada con una victoria republicana. Así, es realmente cierto que Newt Gingrich y su facción, así como Robert Dole, han subido al poder sobre la ola libertariana.

¿Puede olerse el compromiso aquí? “Tapaos la nariz y votad por los Repubs, muchachos”. Pero luego no os hagáis los despistados cuando los republicanos comiencen a mofarse del “gobierno limitado”.

Hay una lección más profunda aquí, y es parte del porqué no compro estampitas libertarianas de la futura utopía. Los movimientos fuera del poder son siempre anti-autoritarios; pero no hay ninguna garantía de que permanecerán así. Los comunistas antes de 1917 prometían el marchitamiento del Estado. Los fascistas fuera del poder sonaban a algo similar a los socialistas. Los republicanos eran grandes defensores de la limitación de mandatos cuando podía utilizarse para quitar el puesto a los demócratas; hoy no dicen nada sobre ello. Si piensas que a ti no puede sucederte, no estás siendo honesto sobre la naturaleza y la historia humana.

¿Qué hay del lado social?

El Partido Libertariano tiene una pequeña monada de test que pretende dividir política americana en cuatro cuadrantes. Hay la dimensión económica (donde los libertarianos son aliados de los conservadores) y la dimensión social (donde los libertarianos son aliados de los progresistas).

Pienso que el diagrama es seriamente engañoso, porque da visualmente igual importancia a ambas dimensiones. Y cuando se meten en harina, los libertarianos van casi siempre con la dimensión económica.

El filósofo libertariano comienza siempre con los derechos de propiedad privada. El Libertarianismo surgió en oposición al New Deal, no a la Ley Seca. El votante libertariano es instruido principalmente sobre impuestos, regulación y programas sociales; el ala libertariana del partido republicano ha ido, durante cuarenta años, del brazo de la guerra a las drogas, las ayudas públicas a las empresas, el establecimiento de dictaduras en el extranjero y la alianza con los teócratas. Los libertarianos cristianos como Ron Paul desean a Dios en las escuelas públicas y son felices haciendo que el gobierno prohíba la unión gay y el aborto. Nunca vi a los libertarianos oponerse a las burlas de Bush padre contra la protección de los derechos civiles, o a la investigación gubernamental de Ken Starr sobre las vidas sexuales de los políticos. En la lista del Cato Institute de libros recientes, cuento 1 de 19 que se ocupan de un asunto en el cual los libertarianos y los progresistas tienden a estar de acuerdo, y se refería a la política exterior (específicamente, la guerra de Iraq).

Si esto cambiara, a medida que la interminable “guerra contra el terrorismo” de Bush amplía los poderes del gobierno, demoniza la disensión y enreda al país en cruzadas militares y construcción de naciones; a medida que los republicanos presionan para eliminar los controles y equilibrios que sigue habiendo en nuestro sistema del gobierno; si los libertarianos llegan a darse cuenta de que son los republicanos y no los demócratas la mayor amenaza a la libertad, estaría encantado.

Pero para eso, ya sabes, tienes que votar contra Bush. Creer en las libertades sociales significa poco si votas por un partido que se propone claramente restringirlas.

Para los propósitos de mi crítica, sin embargo, el lado social del libertarianismo es inaplicable. Un libertariano y yo realmente podemos ponernos de acuerdo en legalizar las drogas, dejar a la gente casarse con quien quiera y derogar el “Acta Patriótica”. Pero esto no importa nada si el capitalismo del “barón del robo” es visto como algo bueno.

Lo intentamos, y falló

El libertarianismo que tiene algún efecto en el mundo, entonces, no tiene nada que ver con la libertad social, y todo que ver con la eliminación de todas las restricciones al capital. ¿Qué tiene esto de malo?

Miremos algunos casos que caen a tiro de piedra del ideal libertariano. A algunos libertarianos no les gustarán, porque no son Casos Intachables de la Utopía de la Libertad; pero como he dicho, no se puede probar nada mediante la ciencia ficción. Si se supone que la completa libertad económica y la completa inexistencia de Estado son la solución para todo, la libertad económica parcial y el gobierno limitado deben ser la solución para algo.

EEUU antes del New Deal

A comienzos del siglo XX las empresas podían hacer lo que quisieran – y lo hacían. El resultado eran los “barones del robo”, los monopolios, los sicarios de la patronal que atacaban a sindicalistas, los alimentos adulterados, un castigador ciclo económico, la esclavitud y la opresión racial, el hambre entre los ancianos, la diplomacia del “gran garrote” en apoyo de los intereses capitalistas.

El New Deal mismo era una respuesta a la crisis (sin embargo de ninguna manera a una crisis sin precedentes; no era mucho peor que las depresiones de la Edad Dorada). Un cuarto de la población estaba sin trabajo. Cinco mil bancos quebraron, destruyendo los ahorros de 9 millones de familias. Las plantas siderúrgicas funcionaban a una capacidad del 12%. Los bancos ejecutaron hipotecas sobre un cuarto de la tierra de Mississippi. Wall Street fue desacreditado por los negocios bajo mano y los apaños con los bancos a costa de los inversores. Los granjeros estaban estallando en abierta rebelión; los mineros y los trabajadores desempleados de la ciudad se sublevaban.

No pensemos, por cierto, que si los gobiernos no proporcionaran los ejércitos para la diplomacia del “gran garrote” nadie lo haría. Las grandes corporaciones construirán sus propios ejércitos en caso de necesidad: la Compañía de las Indias Orientales lo hizo; Leopoldo de Bélgica lo hizo en el Congo; y también la patronal para luchar contra los sindicatos.

La Rusia post-comunista

O tomemos Rusia en la década posterior a la caída del comunismo, tal como fue asesorada por absolutistas del libre mercado como Jeffrey Sachs. El PIB ruso se redujo un 50% en cinco años. La elite se apoderó de los activos que pudo y los centrifugó fuera de Rusia tan rápidamente que los préstamos del FMI no podían compensarlo. Sólo en 1994, los gángsteres asesinaron a 600 hombres de negocios, periodistas y políticos. Rusia careció un sistema de carreteras operativo, un sistema bancario, una regulación antimonopolio, una aplicación eficaz de la ley o cualquier clase de sistema de protección social para los ancianos y los desempleados. La inflación alcanzó el 2250% de 1992. De hecho, la autoridad del gobierno central desapareció en muchas regiones.

A propósito, Rusia es la respuesta para esos paisanos intoxicados de testosterona que piensan que teniendo armas se evita la opresión: la mafia siempre tendrá más potencia de fuego que tú.

La Rusia de hoy está regresando al autoritarismo bajo Putin. Una vez más esto debe consternar a los libertarianos: al parecer, una vez dado un poco de libertad, mucha gente exigirá menos. Debes tener cuidado al crear tu utopía; en diez años podría ser capturada por los autoritarios.

El Chile de Pinochet

O consideremos a la niña bonita de muchos conservadores de los años 80: el Chile de Pinochet, instalado por Nixon, y elogiado por Jeanne Kirkpatrick, George Bush y Paul Johnson. En veinte años, la deuda exterior se cuadruplicó, los recursos naturales fueron malvendidos, la asistencia médica universal fue abandonada (llevando a epidemias de fiebres tifoideas y hepatitis), los sindicatos fueron prohibidos, el gasto militar se disparó (¿para qué? ¿quién coño va a atacar Chile?), la Seguridad Social fue “privatizada” (con resultados predecibles: rescates por el Estado cada vez mayores) y la tasa de la pobreza se duplicó, del 20% al 41%. La tasa de crecimiento de Chile desde 1974 hasta 1982 fue del 1,5%; el promedio latinoamericano fue del 4,3%.

Pinochet era un dictador, por supuesto, lo que hace que algunos libertarianos se laven las manos pensando que no tienen nada que aprender aquí. De alguna manera, la experiencia de Chile (opinan) sobre la privatización de la Seguridad Social no puede decirnos nada sobre la privatización de la Seguridad Social aquí, porque Pinochet era un dictador. Probablemente si instalaras un negocio en Chile, las leyes de la oferta y la demanda y quizás incluso la de la gravedad no se aplicarían, porque Pinochet era un dictador.

Cuando les conviene, los libertarianos incluso proclaman su asociación con las políticas de “libre mercado” de Chile; self-gov.org (autores de aquella monada de test) incluye una página que alaba a Milton Friedman, libertariano autoproclamado, que ayudó a formar y aconsejar al grupo de profesores y graduados de la Universidad Chicago que pusieron en marcha las políticas de Pinochet. El Cato Institute incluso puso a un premio “por el avance de la libertad” el nombre de este benefactor de la dictadura chilena.

Destino: la República Bananera


El más reciente campo de pruebas para el laissez-faire son los EEUU actuales, de Ronald Reagan en adelante.

Elimina el New Deal, y los males anteriores al New Deal clamarán para volver. Reagan quitó el derecho a la huelga; las empresas ahora despiden a los huelguistas, externalizan los trabajos de alto salario y los substituyen por prestaciones de servicio con salarios cercanos al mínimo y sin futuro. Los salarios de la clase media se están estancando – o cayendo a plomo, si se considera que están aumentando las horas de trabajo. Las compañías están presionando en el Tercer Mundo para restablecer el trabajo infantil.

A dónde van las ganancias

Bajo el liberalismo progresista, los aumentos de la productividad beneficiaron a todas las clases – las tasas de pobreza declinaron de más del 30% a menos del 10% en los treinta años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, mientras que la economía creció más del cuádruple.

En el clima libertariano actual, los aumentos de la productividad van solamente a los ya acomodados. Aquí está el porcentaje de la renta nacional de los EEUU percibida por ciertos porcentajes de la población, según datos del IRS [la Agencia Tributaria de los EEUU – N. del T.]:


1986

1999

1% mayor

11,30

19,51

5% mayor

24,11

34,04

10% mayor

35,12

44,89

25% mayor

59,04

66,46

50% mayor

83,34

86,75

99% menor

88,70

80,49

95% menor

75,89

65,96

90% menor

64,88

55,11

75% menor

40,96

33,54

50% menor

16,66

13,25



Esto debería poner una cierta perspectiva al lloriqueo libertariano sobre los altos impuestos y cómo estamos destruyendo los incentivos para el pobre empresario oprimido. El 1% más rico de la población dobló su trozo de la tarta en apenas 15 años. En 1973, un alto ejecutivo ganaba 45 veces la paga de un empleado medio (aproximadamente el doble en Japón); hoy gana 500 veces más.


Hace treinta años, los directivos de las empresas asumían que trabajaban tanto para sus trabajadores, consumidores y vecinos como para sí mismos. Algunos economistas (notablemente Michael Jensen y William Meckling) decidieron que los únicos actores que debían ser tenidos en cuenta eran los accionistas – y que la gerencia sería más responsable si se les dieran cantidades masivas de acciones. No debe sorprender que los altos ejecutivos se las arreglaran para conseguir las acciones sin las responsabilidades – reciben sueldos obscenamente altos tanto si la compañía va bien como si hace aguas – y la obsesión con el precio de las acciones condujo a los despidos masivos, al pensamiento a corto plazo y a la falta de honradez financiera en WorldCom, Enron, Adelphia, HealthSouth y otros lugares.



Dando la bienvenida a los nuevos amos

La naturaleza de nuestro sistema económico ha cambiado en el pasado cuarto de siglo, y la gente no lo ha entendido todavía. La gente de más de 30 años o así creció en un ambiente donde los ricos conseguían más, pero todos prosperaban. Cuando la productividad subía, el rico se hacía más rico – no somos unos puñeteros comunistas, después de todo – pero crecían los ingresos de todos.


Si fuiste parte de la generación de la Segunda Guerra Mundial, la realidad fue que tuviste acceso a educación y vivienda subvencionadas, viviste mejor cada año, y estabas casi inimaginablemente mejor que tus padres.


Éramos una nación de la clase media, quizás la primera nación en la Historia donde estaba cómoda la mayoría de la gente. Esto enfurecía a los comunistas (pues esto no era lo que suponían que tenía que suceder). Los primitivos libertarianos también podían irritarse, pero los ricos tenían pocas razones para quejarse – estaban mejor que nunca antes, también.


Los conservadores – alimentados por ideas libertarianas – se las han arreglado para cambiar todo eso. Cuando la productividad se incrementa, ahora los ricos se guardan los incrementos; la clase media a duras penas permanece donde está; los pobres se vuelven más pobres. Tenemos mucho camino para recorrer antes de convertirnos en un país del Tercer Mundo, pero el modelo está claro. La meta es una mayoría empobrecida, y una minoría estupendamente rica sin limitaciones eficaces a su poder o ganancias. Cambiaremos la prosperidad de los EEUU de los años 50 por la del Brasil de los 80.



Terminará...

 
Dejen a nuestros ancianos tranquilos
19A-lomojó