Mostrando las entradas con la etiqueta Biba Ejpaña. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Biba Ejpaña. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de noviembre de 2010

Hay gente que está fatal de lo suyo, pero fatal fatal

Suelo pasar con cierta frecuencia por la avenida de las Islas Filipinas, en Madrid. En un cruce de esa avenida hay una estatua dedicada a José Rizal, héroe nacional filipino. El caso es que hará cosa de un año, al pasar delante de la estatua, vi que la habían vandalizado con pintadas insultantes, entre las que le llamaban "masón" (se supone que pretendiendo ser ofensivo con eso). Recuerdo que me llamó la atención, y me acuerdo de la fecha porque era en vísperas del Día del Orgullo Facha, motivo por el cual supuse que se habían hecho las pintadas. Días después la estatua fue limpiada y la vida siguió.

Pues bien: esta semana, cuando he vuelto a pasar ante el monumento, me he encontrado con ésto:Las pintadas han vuelto, y también estamos en vísperas del Día del Orgullo Facha (supongo que vandalizar la estatua de Rizal debe ser uno de los rituales de la "celebración"). Esto me hace pensar, igual que hace un año, en quién habrá sido el cretino, seguramente el mismo. Con total seguridad se trata de algún cerebro rapado que no tiene ni pajolera idea de quién fue José Rizal, ni seguramente tampoco de qué es un masón. Pero sí debe tener bastante interiorizadas ciertas consignas sacadas de los años 40 que campan de nuevo a sus anchas en el siglo XXI.

De todas maneras resulta divertido imaginar el proceso mental (no se le puede llamar "pensamiento") del autor de esta hazaña: habrá oído o leído por ahí que Rizal tuvo algo que ver con la independencia de las Filipinas (otro antiespañol*, vaya), que era masón y que los masones son unos tipos mú malos malísimos enemigos de EEEEEEJJJJPPAÑAAAUNNGGGG!!!

Resulta divertido ver cómo una chaladura obsesiva contra los masones de un mediocre acomplejado ha llegado a convertirse en guía ideológica de algunos descerebrados, que hasta escriben libros y hacen programas de radio. Pero en fin, con chorradas más gordas hasta se han fundado religiones.

En unos días los servicios municipales habrán eliminado la pintada y la vida seguirá. La empanada mental del que la hizo ya tiene un arreglo más complicado.

* Para ver lo antiespañol que era Rizal basta echar un ojo a su entrada en la Wikipedia. Un intelectual pacifista no independentista (ni siquiera autonomista, sólo quería igualdad con la metrópoli) fue acusado injustamente y ejecutado por "traidor", convirtiéndolo en mártir y desencadenante de la rebelión, ésta sí, armada e independentista. Una muestra más del profundo cretinismo que subyace al ideario y la práctica "imperial".

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Pogromos mediáticos

Pues ná, que después de un montón de tiempo dejando esto abandonado y triscando por donde Don Javier, ayer en un momento de inspiración me largué un texto que tuvo cierto éxito y hasta llegó a la portada. Se supone que el objetivo inicial de este humilde cutreblog era dejar constancia de mis grandes idas de olla en un sitio localizable, así que qué menos que traer aquí ese comentario, que ya ha sido copiado en otros blogs, aunque sea por tirarme el moco un poco. Lo copio retocando alguna errata que se me coló y copio también las puntualizaciones que hice después. Así que nada, aquí queda, y a ver si actualizo algo más de vez en cuando.

El rollo éste iba sobre la nueva matraca político-mediática de estos días: los gitanos rumanos. Lo que me hizo pensar en...

Es espectacular el modo en que, en tiempos de crisis, “los de arriba” (políticos, banqueros, empresaurios, poderes mediáticos, lo que sea) se las apañan para librarse de las iras de “los de abajo” haciendo que éstos se enfrenten entre ellos. El caso es que los que de verdad tienen poder y responsabilidad y capacidad para arreglar las cosas siempre consiguen escurrir el bulto: “la culpa de este sistema tan injusto no es nuestra, es de los putos [insertar aquí un colectivo de pringaos a los que culpar de todo], a por ellos”.


¿Que no? Sólo en este año de 2010 ya lo hemos visto en varias fases, no hay más que revisar las hemerotecas: hace unos meses la bicha eran los funcionarios (léase con voz lúgubre). Los funcionarios, en su amplia mayoría mileuristas puteados, eran culpados de ser demasiados, de ser unos privilegiados, de ganar mucho, de no currar nada, de ser los culpables de lo mal que va todo… esa opinión, azuzada por ciertos políticos y la derecha mediática, sirvió para instalar en el público la idea de que la solución a todos los males pasa por cepillarse a los funcionarios.


Pasada la fase de los funcionarios y el verano, el objetivo del siguiente “pogromo” fueron los sindicalistas: que si vagos, que si aprovechados, que si lastre para el país… de nuevo la derecha mediática y política consiguió crear el estado de opinión según el cual todo se arreglará dándoles pa’l pelo a los sindicalistas… o mejor aún (para los que promueven estas campañas): cargándose los sindicatos. El pim-pam-pum antisindical de las últimas semanas ha sido de órdago, y la masa borreguil de tertulianos de barra de bar se ha apuntado con entusiasmo: “hostia, que tenemos nuevo chivo expiatorio, a saco a por él”.


Pero como lo de los sindicalistas perderá actualidad después del día 29, pase lo que pase, ya se está preparando la nueva cabeza de turco de los males sociales: los inmigrantes. Lo cierto es que han tardado en sacarlos al disparadero (bueno, son un colectivo al que se puede convertir en chivo expiatorio varias veces si hace falta, así que aún les queda recorrido), así que ya tenemos otro “gran culpable” para que las masas despedacen mientras los que tienen la sartén por el mango respiran aliviados y se guiñan el ojo: “menos mal que tirándoles un huesico se calman”.


Al final, de una manera u otra, con la campaña de politicastro de turno y el altavoz de las vuvucelas mediáticas, el resultado es que nosotros los pringaos acabamos enfrentándonos entre nosotros mientras “los de arriba” se mantienen incólumes. Funcionarios, sindicalistas, inmigrantes y demás currantes y parados desperdiciamos nuestras iras culpándonos unos a otros, cayendo en la trampa que nos tienden: “ése es un privilegiado de la hostia”, “ése viene de fuera a quitarte el trabajo”, “tú no tienes que ver con ellos, que tú eres de clase media, que tienes DVD y móvil táctil”… ésos son los mensajes que llegan para enfrentar y dividir a los trabajadores.


Con ello los estamentos poderosos político-económico-mediáticos no sólo mantienen el descontento social a raya, sino que así pueden colar de rondón sus “soluciones” (los chivos expiatorios suelen ser cuidadosamente escogidos): “abajo los funcionarios, vamos a privatizar”, “abajo los sindicalistas, carguémonos la negociación colectiva y los derechos laborales”, “abajo los inmigrantes, vamos a policializar”. Lo de Niemöller falsamente atribuido a Brecht está muy manido, pero aquí se podría aplicar: “primero vinieron a por los funcionarios… después vinieron a por los sindicalistas… después vinieron a por los inmigrantes…”


Y mientras sigamos lanzándonos contra los huesecillos que nos tiran, en vez de ir a por el solomillo que guardan bien escondido, esto no va a ir a ninguna parte, y estaremos condenados a dar vueltas sin salir de la mierda, y generando más odio, más resentimiento y más injusticia.


A continuación, la adenda que añadí al día siguiente:

Bueno bueno bueno, madremía… qué gran honor que me hace usted, Don Javier, se me suben los colores, muchas gracias a todos.

Ya puestos quiero hacer un par de puntualizaciones, porque estos comentarios se escriben con prisa y medio en caliente (aparte de que se han colado un par de erratillas, pero que se entiende igual).


No pretendo en ese comentario sentenciar sobre quiénes son los verdaderos culpables de la crisis, ni cargar todas las iras sobre los malvados capitalistas de chistera como alguien ha apuntado, porque culpables, lo que se dice culpables, hay más. Por eso suscribo el comentario de Manu (#65) donde recuerda cómo éste país se ha entregado durante años a la cultura del pelotazo y el monocultivo del ladrillo, y aunque aquí “los de arriba” tienen su parte (y no pequeña), también “los de abajo” han participado con entusiasmo.


Lo que critico en el comentario original es cómo se dirigen interesadamente los focos de la atención mediática: no hay más que seguir los editoriales, las declaraciones de políticos, las portadas de los periódicos, los titulares de informativos o las columnas de opinión para ver cómo en los últimos meses vivimos una sucesión de ataques a colectivos concretos, a los que se carga con todos los males. Además esto sucede con una coordinación asombrosa, que parece que se abre la veda de caza: hoy toca leña a los funcionarios y tenemos durante una semana a todos los columnistas rajando de los funcionarios, y las portadas de los periódicos sacando titulares sobre si sobran nosécuántos o cuestan noséqué. Y mañana son los liberados sindicales, pasado los controladores aéreos o los del Metro de Madrid (que los había pasado por alto)… este fenómeno ya se ha reproducido varias veces en los últimos meses, y para señalarlo escribí el comentario.


Además, esos “progromos mediáticos” vienen de narices no sólo para que “los de arriba” escurran el bulto de la parte que les toca (librarse de responsabilidades y de buscar soluciones de verdad) y de paso puedan colar de rondón sus más húmedos sueños (recortes sociales, desregulación laboral…) También a muchos de “los de abajo”, los que se tragan esas consignas y las apoyan con entusiasmo, el mismo entusiasmo con el que se entregaron al ladrillazo (como dijo Manu en el #65), les viene de la leche para lavar sus conciencias.


Hay muchos especímenes, por ejemplo, que ahora están chupando paro, después de haber dejado los estudios a los 16 para irse a poner rasillas, ganar una pasta gansa en la burbuja del ladrillazo y gastársela en un cochazo tuneado y un plasma de 3.000 euros. Ahora sufren las consecuencias: no tiene formación, no tienen un duro y tienen un futuro muy negro. Hay otros que tenían cuatro duros ahorrados y se metieron a especular con pisos, y ahora se los tienen que comer con patatas por habérselo jugado todo a una carta y creerse aquello de “esto nunca baja”. Y hay casos y casos. A estos tíos nada les halaga más que que les digan que ellos no tiene ninguna culpa de su situación, que la culpa es del funcionario del INEM, del delegado de la UGT, del controlador de Barajas o del “paisa” que vende en el top-manta de la esquina. Con razón se tragan lo que dicen los editorialistas de turno.

Por eso digo que hay que dejar de tragarse esos cuentos de “¡ahí está el culpable de todo, a por él!”. Aquí falla el sistema entero de arriba a abajo, y mientras no seamos conscientes y sigamos persiguiendo a la liebre que nos señalen cada vez, esto no se va a arreglar.


Pero en fin, muchas gracias por los halagos, y también gracias a los críticos (y algún troll de los habituales) que ponen a parir a Nacho creyendo que ese texto lo escribió él: precisamente de eso trataba, de cuando se desvían responsabilidades y tal ;-)

domingo, 18 de abril de 2010

Una pregunta... y sus respuestas

La pregunta: ¿Por qué no podemos dar un entierro digno y rehabilitar la memoria a las víctimas de Franco que aún hoy siguen tiradas en las cunetas como perros?

La respuesta en 1975: Por rojos y separatistas, pedazo de masón. Y a tí te vamos a curtir a hostias por preguntar. ¡Viva Franco! ¡Ribaspaña!

La respuesta en 1980: Porque estamos en un delicado proceso de transición a la democracia y eso podría provocar un golpe militar involucionista del cagalsen. Mejor más adelante, cuando se consolide la democracia.

La respuesta en 1985: Porque todavía no está la cosa lo bastante asentada, que hemos tenido intentos de golpe de estado hace nada y eso podría ser visto como una provocación, ahora que gobiernan los sociatas.

La respuesta en 1990: Porque no es conveniente recordar esos temas, que podrían avivar resentimientos, que con lo que ha costado “consolidar la democracia” no vamos a arriesgarnos a “reabrir heridas”.

La respuesta en 1995: Porque ahora no toca, que España está atravesando una crisis del copón y eso sería una cortina de humo para tapar los GAL y la corrupción, pedazo de felipista.

La respuesta en 2000: Porque eso no es más que una artimaña propagandística de progres trasnochados que ladran su rencor por las esquinas y quieren fomentar el odio, y además ¿a qué viene eso ahora? ¿No podrían haberlo hecho en el 80, o en el 85, que es cuando tocaba?

La respuesta en 2005: Porque eso es una operación sectaria de ZP para criminalizar a media España, reabrir heridas y sembrar odio, y también está lo de Paracuellos, que a ver qué pasa con Paracuellos, rojos sectarios, eso es lo que sois.

La respuesta en 2010: Porque eso ahora no es importante, que con la crisis que hay ahora deberíamos preocuparnos de otras cosas y dejarnos de desviar la atención reabriendo heridas, porque el momento para eso era en los 80 y no ahora, y además no se puede porque la Ley del Embudo dice que “La parte contratante…”

jueves, 10 de diciembre de 2009

Sigue la polémica sobre los símbolos en las aulas

El debate se ha instalado en torno al Colegio Montes del Valle, centro escolar de infantil y primaria de la ciudad de Burgos. El motivo es la retirada de los escudos del Real Madrid CF que presiden las aulas del centro. Desde que hace un año un padre solicitó al centro que se retiraran, la polémica entre los que apoyan la retirada y los que defienden la permanencia no ha cesado.

Los emblemas madridistas, tallados en madera y colgados sobre las pizarras, permanecen en las aulas desde que el colegio fue abierto en 1989: "aquella era la época de la Quinta del Buitre, la época dorada de las cinco ligas seguidas, y todo el mundo estaba entusiasmado con el Madrid. Colocar los escudos en las clases era lo más normal y todo el mundo estaba a favor", recuerda Saturnino, el conserje. También recuerda que en los primeros años se cantaba el himno del Real Madrid todos los días, al empezar las clases: "Luego se dejó de hacer, no recuerdo muy bien por qué. Supongo que habría algún niño del Barça, o algún profesor pensaba que cantar el himno ya era mucho, que esto tampoco es el Bernabeu... pero los escudos se han mantenido porque son la tradición, y bien bonitos que están ahí", comenta Saturnino, que no entiende por qué se deberían retirar.



"Es inaceptable que el colegio exhiba un símbolo tan partidista ahí, presidiendo la clase; es una falta de respeto para los que somos del Barça", afirma Ricardo R., el padre que inició la disputa. Ricardo pidió al director del centro que se retirara ese símbolo "para no ofender a otras sensibilidades". Sin embargo, no todos están de acuerdo y la polémica se ha instalado en el colegio.

"En este barrio hemos sido todos del Madrid de toda la vida", sostiene Encarna, madre de tres alumnos. Aunque Encarna se confiesa madridista no practicante ("nunca veo el fútbol en la tele, pero soy del Madrid de siempre"), cree que el madridismo es un rasgo cultural fundamental del colegio y del barrio: "ese señor [Ricardo] vino hace dos años de Zaragoza y nos viene con imposiciones. Ojo, que a mí si él es del Barça yo lo respeto, que yo no tengo nada en contra de esa gente, que en mi calle viven dos familias del Barça y nos llevamos muy bien... pero tienen que integrarse en nuestra sociedad y aceptar nuestra cultura. Y el escudo del Madrid en la clase es una cosa de toda la vida que tienen que aceptar", argumenta Encarna ante gestos aprobatorios de la concurrencia.

"Si a alguien no le gusta que se vaya a Barcelona", tercia José Manuel, otro padre que se opone a la retirada del escudo: "Y esos que tanta escandalera montan por un escudo de nada que se vayan a montar follón a Cataluña, que seguro que allí tienen el escudo y la bandera del Barça, y está prohibido ser del Madrid y no puedes hablar español, que lo he oído en la radio. Pero con esos no se atreven". Encarna retoma la palabra: "Además, eso no ofende ni molesta a nadie: a ver, ¿qué tiene de malo que haya un escudo del Real Madrid? ¿A quién le puede molestar sólo por estar ahí en la pared? Que alguien me lo explique porque yo no lo veo", añade.

Algunos sí lo ven: la retirada de los escudos madridistas de las aulas cuenta con el apoyo de algunos otros padres y de varios colectivos sociales y políticos. El concejal del PSOE Leonardo Rubio apoya sin fisuras la retirada: "No es de recibo que en un estado democrático y neutral en materia futbolística las aulas de un centro de enseñanza estén presididas por el escudo de un equipo concreto", argumenta. Preguntado sobre si él es del Madrid o de otro equipo, responde: "Es que esto no es una cuestión sobre si uno es de este equipo o de otro, que a mí el fútbol me da igual; es una cuestión de principios", explica; "el aula es un espacio educativo que es de todos, y ser del Madrid, del Barça o del Betis es una opción personal. Lo que no puede ser es que los niños, en las aulas, tengan que ver el escudo de un equipo presidiendo las clases, diciéndoles que ser de ese equipo es lo "ortodoxo" y que si eres de otro, o simplemente pasas del fútbol, ya no eres del grupo, sino un "rarito". Es discriminatorio e incompatible con lo que debe ser un colegio, un sitio de todos y para todos, independientemente de que les guste el Real Madrid, el Atleti, o que prefieran el tenis".

Ante la observación de que una muy amplia mayoría de padres y alumnos del centro son madridistas, Rubio insiste: "Repito que es una cuestión de principios, de principios básicos en un estado democrático y de derecho. Como si el 100% de alumnos, profesores y padres son madridistas furibundos: la escuela no es el lugar apropiado, y mucho menos se puede poner el escudo del equipo en el lugar de honor del aula, ideologizando el centro. Y quiero subrayar eso: el escudo presidiendo el aula en un lugar de honor. Yo también puedo ser del Real Madrid como el que más, pero no considero que eso me dé derecho a convertir el colegio, que repito que es un lugar para la convivencia de todos, en un púlpito del madridismo; el colegio no está para eso. Esas cosas tienen su momento y su lugar: en las casas, en las peñas, en los estadios, en los bares cuando se van a ver los partidos..."

En la AMPA no opinan lo mismo: "¿No estamos en una democracia?", afirma Antonio J., su presidente; "Pues el tema fue llevado a la asociación de padres y lo votamos, y se decidió por amplísima mayoría que los escudos del Real Madrid debían seguir", sentencia. "El 99,9% de los alumnos y los padres de este colegio son del Real Madrid, yo mismo me considero muy madridista, y tienen que respetar nuestras creencias y los sentimientos de la mayoría. No tenemos por qué plegarnos por una exigencia de unos pocos: hay que respetar el sentir mayoritario. Quitar los escudos del Real Madrid de nuestro colegio es antidemocrático".

La dirección del centro prefiere no pronunciarse y se remite a lo que decida la Consejería de Educación. Sin embargo, la Consejería tiene el asunto parado y da largas ante nuestras preguntas: "Se está estudiando", responden, aunque entre el profesorado y los padres circulan rumores de que dejarán en manos de cada centro la decisión. "Se quieren lavar las manos", interpreta Ignacio H., otro padre que pide la retirada; "Lo que pasa es que en la Junta son todos muy merengones y si por ellos fuera pondrían escudos del Madrid en todas las aulas y también en los ambulatorios. Saben que la razón está de nuestra parte, pero prefieren ganar tiempo o pasarle el muerto a otro porque realmente no quieren retirar los escudos, o no se atreven". Ignacio asegura que están dispuestos a ir a la vía judicial si es necesario.

César F. es uno de los profesores; concretamente imparte educación física y es secretario de una de las varias peñas madridistas del barrio. Y se muestra disgustado por todo este asunto: "Los escudos del Real Madrid en nuestras aulas son una parte inseparable de nuestra historia y nuestra cultura, sin ellos no seríamos lo que somos", explica; "El Real Madrid es importantísimo en nuestra comunidad y nos ha dado muchas alegrías y emociones; además ha hecho una gran labor por estos niños: muchos han ido de excursión a verlo jugar y alguno de ellos ha entrado en la cantera del Madrid". César cree que la pretensión de retirar los escudos es una muestra de intolerancia futbolística: "Yo tampoco entiendo cómo puede molestar tanto ese escudo en la clase, porque que esté ahí no te obliga a ser del Madrid. Ése escudo no ofende ni impone ni nada de lo que se ha dicho. En cambio éstos [los que piden la retirada] quieren recortar la libertad de expresión y de pensamiento de los demás, al querer privarnos de la visión del símbolo básico de nuestra afición".

César también defiende los valores educativos que simboliza el emblema, al tiempo que niega que su presencia en las aulas sea un acto de partidismo: "el escudo del Real Madrid no es para nada un símbolo partidista, sino que es un signo cultural universal que encierra muchos valores. Ese escudo significa esfuerzo, superación, trabajo en equipo, compañerismo, fraternidad, historia, honor... un montón de cosas buenas que es bueno que los niños conozcan y aprendan. No podemos borrar nuestra historia y nuestra cultura por la falta de tolerancia de unos pocos. Sólo pedimos que respeten nuestra libertad y sean un poco más tolerantes: nosotros tampoco prohibimos que un niño venga con un plumier o un llavero del Barça, incluso si quiere puede venir con la camiseta azulgrana puesta. Entonces ¿por qué la toman con el escudo del Real Madrid de la clase?".

Mientras se espera la resolución del debate, la polémica ha llegado al Ayuntamiento, donde el concejal socialista Rubio presentó una moción al respecto, pidiendo la retirada de símbolos de equipos de fútbol de las aulas. Inmediatamente se encontró con el rechazo absoluto del Partido Popular: "¿Qué será lo próximo?", afirmó la concejala del PP Lola Sáenz; "¿Prohibir que los niños lleven la camiseta del Real Madrid? ¿Prohibirles ver los partidos por la tele? ¿Suprimir el fútbol del patio del colegio? Esta ofensiva de talibanismo antifútbol del PSOE es un ataque frontal a las libertades y los derechos de los ciudadanos, una muestra más del régimen totalitario al que nos lleva el señor Zapatero".

Mientras, los escudos de la discordia siguen contemplando impasibles a los escolares desde encima de la pizarra. No saben si seguirán o tendrán que ir a un trastero.

viernes, 27 de noviembre de 2009

"... pero que no lo llamen nación"

Anda el gallinero alborotado por la noticia de portada de El País del domingo pasado y el editorial conjunto de 12 diarios catalanes de ayer, en respuesta a lo que contaba El País. Personalmente suscribo plenamente ese editorial, excepto el título ("La dignidad de Catalunya"), que me parece que se pasa de efectista. Aunque más efectistas son las respuestas airadas a ese editorial, acusándolo de pretender "presionar al Constitucional", y más viniendo de quien vienen (los mismos medios madrileños que desde hace años presionan al Constitucional, al Supremo, al Congreso, al Gobierno, a la oposición... creyendo que España es suya).

Pero no hubiera habido editorial si no hubiera saltado la alarma con lo publicado por El País. Al parecer (tengamos presente que se trata de una información un pelín cogida con pinzas) el Tribunal Constitucional pretende darle un buen tajo al Estatuto de Cataluña. Habría artículos anulados o interpretados por todo el texto, aunque las principales objeciones se centrarían en el preámbulo y el título preliminar, que hablan de la identidad y definición de Cataluña.

Considero que si hay cosas en el Estatuto que contradigan la Constitución es legítimo que se adapten o anulen, faltaría más, especialmente en lo tocante a derechos, competencias, financiación, arquitectura institucional... vamos, la "chicha", la parte normativa, lo que afecta al día a día. ¿Que se declara inconstitucional la obligación de conocer el catalán? Me parecería injusto, pero la Constitución está hecha así (aunque creo que en este aspecto debería ser reformada: actualmente impone la obligación de conocer el castellano, pero eso es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión). ¿Que la organización del poder judicial en Cataluña no encaja con la estatal? Se puede ajustar.

Pero los temas identitarios, con ser los que menos afectan al día a día, son los que más afectan a cosas más vaporosas, pero no baladíes, como los sentimientos, el amor propio, el honor y muchas cosas con las que hay que andarse con pies de plomo. Podrán podarse todos los demás artículos sin cabrear demasiado al personal; pero un tajo a las cuestiones identitarias puede ser considerado una ofensa, un "ataque a Catalunya" y una provocación gratuita que sólo traerá crispación y desafección por "España". Ante este asunto, el Tribunal Constitucional debería ser especialmente cuidadoso y aparcar cualquier talibanismo.

Por ello me voy a centrar en la cuestión que yo creo crucial (aunque parezca, y probablemente sea, una chorrada): la definición de Cataluña como nación, que la derecha pretende suprimir. Lo que pretendo argumentar en este largo artículo que nadie va a leer se resume como:

1º: la definición de Cataluña como nación SÍ cabe en la Constitución,

2º: la obsesión de la derecha por suprimirla es fruto de un nacionalismo español excluyente obsesionado por borrar la pluralidad de España, y

3º: la intransigencia de la derecha en este asunto va contra el espíritu de la Constitución, por más que pretendan escudarse en ella.

Vamos allá, y que sea leve.

Por qué la Constitución reconoce implícitamente a España como nación de naciones...

En mi opinión, con la palabra "nación" estamos ante la misma gilipollez pepera de “me parece bien que los maric... los homosexuales se casen, pero que no lo llamen matrimonio”. En este caso, al PP le parece muy bien la palabra “nacionalidad”, que viene en la Constitución:

Artículo 2º: La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.

Pero ¿qué coño es eso de “nacionalidades” de lo que habla la Constitución?

Pues un apaño que se hizo en su momento para reconocer la plurinacionalidad de España sin decir que hay “naciones”, no fuera a ser que algún militroncho facha se cabreara y diera un golpe. Hubo un debate del copón, ya entonces: se propuso “naciones”, “países”, “pueblos”, sólo “regiones”... al final se recurrió a “nacionalidades”, que en el diccionario de entonces no era sino “condición y carácter peculiar de los pueblos e individuos de una nación” (DRAE 1970). En definitiva, la Constitución introdujo la plurinacionalidad “sin pasarse”, con un eufemismo cursi para que el texto resultase ambiguo (como casi todo su texto): “nacionalidades de España” es a “naciones de España” como “pompis” es a “culo”.

¿Que no? Bueno, basta con leer ciertas opiniones autorizadas: nada menos que las de los que redactaron la Constitución, que ya en el mismo proceso de elaboración del texto explicaron claramente qué querían decir con "nacionalidades":

Se define, en consecuencia, que España es una nación de naciones, y éste es un término que no es extraño en nuestra reflexión política y teórica como han demostrado algunos historiadores.
Jordi Solé Tura, 4 de Julio de 1978

Nación de naciones es un concepto nuevo, es un concepto -se dice- que no figura en otros Estados o que no figura en otras realidades, quizá sí; pero es que, señores, ayer ya se decía que nosotros tendremos que innovar.
Miquel Roca Junyent, 12 de Mayo de 1978

Primero, nosotros hemos dicho en Comisión, y lo afirmamos de nuevo aquí, que el término «nacionalidad» es un término sinónimo de nación, y por eso hemos hablado de España como nación de naciones.
Gregorio Peces-Barba Martínez, 4 de Julio de 1978

Y no es el momento de volver sobre el hecho indiscutible de que nación y nacionalidad es lo mismo.
Manuel Fraga Iribarne, 5 de Mayo de 1978

Esos cuatro señores de arriba fueron ponentes redactores de la Constitución, y todas las citas están fusiladas de la Wikipedia, que las documenta nada menos que en el diario de sesiones del Congreso, en pleno debate constitucional, en 1978. Esas actas del debate parlamentario son realmente instructivas: Mariano Rajoy debería echarles un vistazo para entender por qué el concepto "nación" es "discutido y discutible", en lugar de tanto aspaviento escandalizado y tanto rasgar de vestiduras, y para enterarse de qué significa eso de "consensos de la Transición" con los que tanto se llena la boca.

En ese debate se discute sobre qué significa nación, sobre la configuración de España como "nación de naciones" (naciones castellana, catalana, gallega y vasca, se llega a mencionar) y de cómo ello no es incompatible con la existencia de la nación española ni con su unidad. Se cita un ejemplo interesante: el Reino Unido. Allí, la nación inglesa, la galesa y la escocesa (lo de Irlanda del Norte es otra historia) conviven y se reconocen sin que nadie lo considere un peligro para la unidad británica (por algo juegan el Seis Naciones).

Ya en ese debate Manuel Fraga (y con él su partido) se oponía a la introducción del término "nacionalidades" en la Constitución, precisamente porque lo consideraba sinónimo de "nación" y no aceptaba la posibilidad de la "nación de naciones". Miquel Roca argumentaba que lo que modernamente se llama "nacionalidad" no es sino una nación que no tiene Estado propio, pero nación al fin y al cabo (aunque modernamente la costumbre ha reservado el uso de la palabra "nación" a los "estados-nación"). Finalmente, aun con la oposición de AP, el término se introdujo, se aprobó, se refrendó y aún hoy sigue vigente. Y sigue vigente con todos sus significados e interpretaciones, incluido el que permite que Cataluña (y también Galicia, y Euskadi, y Castilla...) se considere "nación" sin menoscabo de la unidad de España.

... y por qué algunos se niegan a reconocerlo

Desengañémonos: el “hecho nacional”, “realidad nacional”, “nacionalidad”, “carácter nacional” o como puñetas queramos llamarlo de Cataluña, Euskadi y Galicia dentro de España está asumido por prácticamente todo el mundo, incluido el PP (quitando a los cuatro friquis fachas como los que magistralmente parodia Fireside chats/La Brasa en Casa/etcétera en Escolar.net todos los días). Por más que podamos proclamar a los cuatro vientos que "España es una y no cincuenta y una" y que no hay más nación que España, sabemos que no es así y que la "uniformidad nacional de España" (por llamarlo de algún modo, en contraposición a la plurinacionalidad) es una quimera que el poder central ha perseguido sin éxito durante los últimos dos siglos (la prueba de ese fracaso es que aún hoy seguimos discutiendo el tema). No quisiera pasarme de pedante, pero es que esto ya lo decía Pi i Margall en "Las nacionalidades" (afirmando que España "tendía" a la federación de manera casi "natural"), y hasta un conservador centralista como Cánovas del Castillo definió a España como (cito de memoria) "un conjunto de pueblos unidos no por el amor, sino por la necesidad y el odio común a los judíos y los franceses".

Está tan asumido por todos que de vez en cuando a algún miembro del PP “se le escapa” (como la actual Presidenta del Parlamento de Galicia Pilar Rojo, que se refería al himno gallego como “nacional” - no creo que fuera tan "lapsus" como dicen). Hasta los fachas más furibundos están íntimamente convencidos de que “los catalanes” (léase con ese tono de desprecio del facha carpetovetónico típico), "catalinos", "catalufos", "catanazis"... son una gente aparte, o por lo menos no son “españoles como debe ser”. No es raro que los españolazos más radicales afirmen que los catalanes y los vascos "no son españoles" al tiempo que se niegan radicalmente a que dejen de serlo. No hay más que asomarse a sus foros para comprobarlo: hasta los nacionalistas españoles más nacionalistas asumen, aunque sea de manera negativa, esa plurinacionalidad, aunque no sean conscientes (o no quieran serlo).

¿Cual es el problema? El nacionalismo excluyente. No es difícil distinguir al nacionalista excluyente del que no lo es (lo que uno “diga que es” es poco fiable: como dice el Dr. House, “todo el mundo miente”): el nacionalista excluyente identifica “nación” con “estado” de manera biunívoca: toda nación debe tener su estado, y a cada estado le debe corresponder una nación (y sólo una). En la mayoría de los casos creo que esa idea (muy extendida) se debe a que no distinguen entre "estado" y "nación", pero de esa manera la posibilidad de un estado plurinacional queda excluida (o al menos no se "entiende"). Un “periférico” independentista que rechaza cualquier forma de integración en España es uno de ésos. El españolista que remacha con insistencia que “no hay más nación que España” es otro (ahí está la línea oficial del PP, la de UPyDance y el facherío en general). Toda esta neura con que el Estatuto catalán NO diga que Cataluña es una nación se basa en ese argumento.

En la extrema derecha (que rechaza las autonomías) o en UPyDance (que quiere eliminar la expresión “nacionalidades” de la Constitución) su postura tiene coherencia con su ideario y su praxis. Pero no es así en el caso del PP, al que lo de “nacionalidades” le parece cojonudo pero lo de “nación” le suena a palabrota. En este asunto, lo del PP no es más que un prejuicio, incluso podríamos llamarlo tabú supersticioso: el PP no puede aceptar la palabra “nación” por una especie de pudor absurdo que no se sostiene, si atendemos a lo que significa "nacionalidad" y cómo está en la Constitución.

Y el Tribunal Constitucional está repitiendo ese prejuicio: comentan que de la definición de Cataluña como nación “podría interpretarse como un derecho a la nacionalidad de los catalanes”. ¿Y con la propia palabra “nacionalidad”, que significa lo mismo, no pasa igual? Si les preocupa la “interpretación” (la interpretación del preámbulo, te cagas), deberían recordar que el Tribunal Constitucional, aparte de “declarar inconstitucional” y por ende anular frases y párrafos, tiene otra herramienta: la de definir cómo se ha de interpretar algo, sin necesidad de anularlo. Éste es el caso adecuado para aplicarla, y no la simple eliminación de un plumazo, que provocaría un problema mucho mayor.

Pero no, parece que debe ser anulado, eliminado, destruido. ¿Por qué? Pues porque al parecer lo de “nación” suena “demasiado fuerte” para sus castos oídos. En conclusión, al PP y sus seguidores les parece muy bien que Cataluña tenga rasgos de nacionalidad (la Constitución admite eso, por algo habla de “nacionalidades y regiones de España”); “pero que no lo llamen nación”

¿Tan peligrosa es la mención del preámbulo?

Mención aparte merece el hecho de que la palabra “nación” está en el PREÁMBULO, que no regula ni legisla NADA, y que dentro de éste es citada como un ANTECEDENTE de la elaboración de ese Estatuto, al simplemente recordar que el Parlamento de Cataluña, como representante que es de los catalanes, ha definido Cataluña como una “nación”. ¿Qué van a hacer, declarar inconstitucional el diario de sesiones del Parlamento catalán?

Esa intención de borrar algo que no es sino la mención de un hecho constatado (la declaración del Parlamento) tiene poco de asunto jurídico o constitucional y mucho de prejuicio y de obsesión por que “no hay más nación posible que España”. Nacionalismo excluyente, en este caso del español. Podrán coger la goma de borrar y ponerse a eliminar con obsesión neurótica cualquier palabra que suene parecida a nación (que como dije al principio, en nada afecta a los derechos ni competencias de nadie). Pero como dijo aquél, eppur si muove. Y como decía al principio, que Cataluña se denomine “nación” en el preámbulo de su Estatuto no va a afectar ni a los derechos, ni a las libertades, ni a la democracia, ni a las competencias, ni a la financiación, ni nasti de plasti. Cataluña puede ser considerada “nación” ¡y no pasa nada!

Por el contrario, excluir categóricamente la posibilidad de una nación catalana dentro de la nación española está dejando fuera a aquellos que se sienten miembros de ambas (que no son pocos) y obligándolos a “escoger”: “o mamá Catalunya o papá España”. Es lo que parece: un divorcio. Por no hablar de los efectos políticos: sería un ataque directo a una cuestión sentimental, no "regulable", que causaría una ofensa gratuita: el nacionalismo radical (el que es tan excluyente como el de los que quieren anular el Estatuto) se vería reforzado y avalado (“¿véis cómo España y Catalunya no son compatibles?”), y el nacionalismo moderado, el que cree en la integración, se radicalizaría. El escenario político y social no podría ser más nefasto. Algunos pretenden “corregir” un “exceso” nacionalista cometiendo el mismo exceso en sentido contrario, pero dos errores no hacen un acierto: España se puede “romper” de dos maneras: tirando hacia afuera o apretándola hacia adentro.

Cómo cargarse la Constitución pretendiendo "salvarla"

Una de las virtudes de la Constitución del 78 es que con su redacción ambigua permite interpretaciones amplias y margen de maniobra para adaptarse a la realidad del país. No hay nada más alejado del espíritu de esa Constitución que pretender convertirla en una Sagrada Escritura con una sola interpretación posible, rígida e incontestable. Reconocer a Cataluña, Euskadi o Galicia como naciones es “encajable”: basta con dejarse de paripés y pudores supersticiosos y admitir de una p... vez, sin tapujos, que “nacionalidades” significa lo que significa, lo que todos pensamos y que parece que sea obsceno decir.

Si los magistrados del Tribunal Constitucional (que por cierto, en este momento NO CUMPLE la Constitución, por su composición adulterada con tíos que deberían estar fuera hace ya dos años) se guían por prejuicios nacionalistas (de “estado=nación” por cojones), y ciertos medios y partidos se apuntan a considerar al Constitucional como una especie de Sumo Pontífice cuya palabra es infalible, estarán convirtiendo a la propia Constitución en algo que no es: un texto rígido e inflexible, con el que no se podrá identificar mucha gente, mucha más gente que nunca en sus 30 años de historia.

Porque empeñándose en eliminar lo de “nación” (que es ¡una mención en el preámbulo!) no sólo se cargarán el Estatuto Catalán de 2006: se habrán cargado también la Constitución Española de 1978.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Las comparaciones son odiosas

Hay que ver la seriedad, el rigor, el decoro y el respeto institucional que se gastan en el Congreso de los Estados Unidos. Hace unos días Obama pronunciaba un discurso defendiendo su reforma sanitaria. En un momento dado, un senador opositor interrumpió el discurso de Obama gritándole "¡MIENTES!"



Inmediatamente su conducta fue unánimemente afeada por políticos, medios y opinión pública, incluso por destacados miembros de su propio partido, y él mismo presentó también sus disculpas por comportamiento inapropiado. Finalmente el propio Congreso americano aprobó una resolución reprobando esa actitud. Vamos, que allí el respeto por las formas, las normas y la cortesía parlamentaria se lo toman realmente en serio, como corresponde a esas instancias.

Comparemos ahora este caso con la seriedad, el rigor, el decoro y el respeto institucional que se gastan en los parlamentos de otras latitudes:

lunes, 23 de febrero de 2009

23 de Febrero de 1996

Cuando se cumple el 15º aniversario de aquella gloriosa jornada del 23 de Febrero de 1981, es el momento de echar la vista atrás y ver con la perspectiva de los años el inmenso valor de aquellos sucesos. Lo que hoy es España se lo debemos a la actuación decidida de un pequeño grupo de hombres que, sin temer el grave peligro que corrían sus vidas, pusieron la lealtad y el patriotismo por encima de todo.

Por ello es necesario situarse en el contexto de aquellos años y conocer la encrucijada en la que se hallaba España, para mejor comprender la trascendencia de aquél día.

Transición al caos: 1975-1981

En Febrero de 1981 la situación de España era insostenible. La “Transición Democrática”, el experimento iniciado por Juan Carlos de Borbón (el “Rey Perjuro”), con la colaboración de elementos reformistas del Régimen y los opositores, había llevado a España al borde del colapso: el terrorismo, los desórdenes públicos, el separatismo, las ofensas a la Iglesia y al Ejército habían devuelto a la nación a los aciagos tiempos de 1936.

Tras la muerte del Caudillo Franco, su heredero designado Juan Carlos I había trabajado sin descanso por desmontar la España del Generalísimo. Comenzando con un tímido “aperturismo” y bajo el disfraz de adaptar el Franquismo a los nuevos tiempos, poco a poco el Rey se aproximó a los sectores subversivos cuyo objetivo era arrebatar la Victoria a la España de Franco y abrirla al comunismo. Juan Carlos pronto se deshizo del Presidente de Gobierno Don Carlos Arias Navarro, patriota sin tacha que constituía el principal obstáculo para sus planes. Lo reemplazó con un político joven, ambicioso y sin escrúpulos, Adolfo Suárez, que en estrecha colaboración con comunistas y separatistas planeó la implantación en España de una democracia partitocrática y un sistema de “autonomías” que disminuyera el poder del gobierno para darlo a gobiernos “autonómicos” controlados por los grupos separatistas.

Suárez, de acuerdo con el Rey, legalizó el Partido Comunista, permitió toda clase de partidos (incluidos los pro-terroristas y los separatistas), abrió España al regreso de los expatriados subversivos (permitiendo el regreso impune de dirigentes comunistas como Carrillo y la Pasionaria, o separatistas como Tarradellas), estableció gobiernos “autonómicos” en Cataluña y las Vascongadas y disolvió el Movimiento Nacional.

Apenas un año y medio tras la muerte de Franco, Juan Carlos y Suárez culminaron sus planes con una “Ley de la Reforma Política”, que desmantelaba la arquitectura institucional del Franquismo. Se convocaron unas elecciones donde se permitió participar a terroristas, comunistas e independentistas varios. A través de la manipulación electoral organizada desde la Presidencia del Gobierno, Suárez ganó todos los referendums necesarios y formó un Congreso de los Diputados, en sustitución de las Cortes, donde marginó a las fuerzas nacionales, para dar paso a toda clase de movimientos antiespañoles. Este Congreso elaboró la Constitución de 1978, marxista y disgregadora, obra cumbre del “Juancarlismo”.

Mientras tanto, España se hundía en una terrible crisis económica, que llevó al paro a millones de españoles. La delincuencia y los conflictos sociales, especialmente las huelgas y las manifestaciones violentas en la calle, convenientemente fomentados por los sindicatos rojos (también legalizados por Suárez) deterioraron el orden público hasta extremos no vistos desde 1936. A esto se unía el terrorismo de la extrema izquierda (GRAPO, ETA, CAAC…) que mataba casi a diario a agentes del orden y militares.

El gobierno, en lugar de defender a los que defendían España, daba concesiones a esos grupos terroristas, con el pretexto de la “democracia” y la “libertad”. El separatismo no sólo era tolerado, sino que incluso el gobierno Suárez lo fomentaba activamente, siguiendo la Constitución del 78: no contentos con autorizar la instauración de gobiernos separados en Cataluña y las Vascongadas, incluso la apacible región de Galicia se vio literalmente empujada a un “régimen autonómico”, a través de un referéndum en el que ganó el “sí” a la autonomía en medio de la indiferencia general (de hecho, sólo un 20% de los gallegos apoyaron aquel experimento).

Los planes de “democratización” no respetaron nada, ni siquiera la moral ni las buenas costumbres. La inmoralidad se apoderó de las calles: se suprimió la censura inundando España de pornografía; la familia fue humillada y abandonada mientras invertidos y depravados campaban a sus anchas, entre continuas ofensas a la Religión y la Iglesia. Incluso el gobierno puso en marcha planes para implantar en España el divorcio, y hasta el aborto estaba entre los proyectos que algunas organizaciones, toleradas por el gobierno, propugnaban sin recato.

Las humillaciones permanentes al Ejército, la Bandera, la Religión y la Patria durante aquellos duros años trajeron recuerdos de otra época negra de España, aquella que entre 1931 y 1936 había llevado a nuestro país al borde de la ruptura y el colapso. En apenas 5 años, la España de Patria, Justicia, Trabajo y Familia construida con tanto esfuerzo por Franco y los mártires de la Cruzada había sido prácticamente destruida por un grupo de políticos antipatriotas y corruptos, guiados por el resentimiento y la ambición.

Y una vez más, fue necesario que las Fuerzas Armadas, como guardianas de las esencias amenazadas de la Patria, intervinieran para restaurar el orden y la dignidad de España. Cuarenta y cinco años después, de nuevo un grupo de militares patriotas, aliado con las fuerzas nacionales que resistían el empuje de la anti-España, recordó a las nuevas generaciones el significado del 18 de Julio y lo renovó con el glorioso Segundo Alzamiento del 23 de Febrero de 1981.

23 de Febrero de 1981: España resurge

Finalmente llegó la jornada decisiva. En una operación brillante, el entonces teniente coronel Antonio Tejero logró capturar a todo el gobierno y todos los diputados en el Congreso, cuando se votaba la investidura del sucesor de Suárez. En una actuación rápida y decidida, el Capitán General Jaime Milans del Bosch se hizo con el control de la situación publicando un bando de guerra desde su región militar de Valencia; tras unos instantes de confusión fue imitado por los Capitanes Generales de las restantes regiones. Madrid quedó asegurado con el despliegue de la División Acorazada Brunete, con lo que se consumó, de una manera magistral, el golpe de mano necesario para devolver a España al buen camino.

Pero las cosas tardaron aún unos días en aclararse. El entonces Rey Juan Carlos mantuvo una actitud muy dudosa, a pesar de que su nombre, como monarca designado por el propio Franco, había sido invocado en el pronunciamiento. Más tarde se supo que había intentado frenar la acción de las Fuerzas Armadas, tramando una verdadera batalla entre la Policía y la Guardia Civil para recuperar el Congreso (que hubiera ensangrentado Madrid con consecuencias imprevisibles), o incluso pidiendo la intervención de potencias extranjeras. Un hombre de su confianza, el General Alfonso Armada, asumió las riendas, pretendiendo formar un gobierno de concentración presidido por él y formado con políticos de todos los partidos, incluso del comunista.

Sin embargo, este cambalache no era aceptable para los Hombres del 23 de Febrero: las intenciones de Armada y el Rey eran volver al sistema de la Constitución del 78 cuanto antes, algo que los patriotas no podían aceptar. Así que tras unos días el “Gobierno de Concentración” de Armada fue destituido y reemplazado por una Junta Militar presidida por el Capitán General Milans del Bosch. El Rey Juan Carlos intentó un último movimiento, tratando de captar el apoyo de algunos generales para un contragolpe contra la Junta, pero sus intentos fueron abortados y la Junta le puso bajo arresto domiciliario, antes de destituirlo y enviarlo al exilio unos meses después. El reinado del “Rey Perjuro” concluía tras casi cinco años y medio de caos.

La Junta Militar constituida en Marzo del 81 inició la ardua tarea de restablecer el orden en aquella España que se deshacía a jirones: la Constitución de 1978 fue suspendida (al igual que, huelga decirlo, los “estatutos de autonomía” separatistas de Cataluña y las Vascongadas) y se declaró estado de guerra en todo el territorio nacional para restablecer el orden público. Se recurrió al ejército para devolver la paz a las Vascongadas, Barcelona, algunas ciudades de Andalucía y otros centros de la subversión marxista y separatista. No se hizo sin sacrificios: la rebelión de los elementos subversivos llenó muchas calles de barricadas y los tanques tuvieron que ser desplegados: en Barcelona los rebeldes sólo se rindieron tras el bombardeo con artillería del Palacio de la Generalidad, donde se habían refugiado. En los alrededores de Bilbao se vivieron verdaderas batallas campales y muchos edificios sufrieron serios daños. En varias zonas del país los terroristas se echaron al monte reviviendo durante semanas los infames “maquis” de la posguerra.

Fue necesaria la reclusión de numerosos elementos subversivos por todo el país, hasta el punto de que hubo que habilitar varios estadios como centros de detención. Sin embargo, son falsas las calumnias que continuamente repiten los expatriados del “Contubernio de Londres” y otros difamadores a su servicio, hablando de torturas y desapariciones de miles de presos. El “proceso de estabilización nacional” fue una operación de cirugía mayor practicada por cirujanos de hierro en el cuerpo de la Nación, pero a pesar de la propaganda antiespañola, sólo los enemigos de España fueron extirpados.

La mano dura aplicada por la Junta Militar devolvió el orden y la seguridad a los españoles. Sin reparar en medios policiales y militares, la Junta derrotó a los grupos terroristas y subversivos. El GRAPO desapareció sin dejar rastro, de manera casi milagrosa; ETA llevó su lucha a niveles de guerrilla urbana y de monte, reforzada por miles de separatistas reclutados tras el 23 de Febrero; situaciones semejantes se vieron en Cataluña, Andalucía, Canarias y Galicia. Tras una auténtica campaña de limpieza que recordaba a las heroica Cruzada del 36, el ejército acabó con los terroristas y restableció el orden. Aunque desde entonces la subversión terrorista instigada por agentes extranjeros ha rebrotado continuamente, la política de contundencia del gobierno nacional, recurriendo ampliamente al ejército y los estados de excepción, ha mantenido bajo control a los terroristas en todas las ocasiones.

La economía fue también reparada por la Junta presidida por Milans. Con el asesoramiento de especialistas económicos norteamericanos, siguiendo el ejemplo de Pinochet en Chile, se implantaron reformas decisivas en la liberalización de la economía. A pesar de los altos niveles de paro heredados de la “Transición”, el nuevo “estado de obras” y el orden social restaurados tras el 23 de Febrero (junto con las ayudas norteamericanas) permitieron el crecimiento de la empresas y de la economía española. La Junta Militar desterró los usos de la “Transición”: los numerosos “políticos” que vivían de hablar con palabras huecas sobre “democracia” y “libertad”, sin dar soluciones y enriqueciéndose con el trabajo de los españoles mientras éstos se empobrecían, pronto se convirtieron en cosa del pasado.

Reconstruyendo la nueva España

Tras el “proceso de estabilización nacional” ejecutado por la Junta Militar y una vez limpiada España de elementos subversivos, comenzó la tarea de construir el nuevo régimen, continuador del de Franco, pero adaptado a los nuevos tiempos. Rechazando las tentaciones del sistema partitocrático del 78 y recogiendo lo mejor del Franquismo y la mejor tradición española, se acometieron las reformas necesarias, sin apartarse del Espíritu del 18 de Julio y los Principios Fundamentales, traicionados por el Rey Perjuro y su camarilla.

Tras derogar la Constitución del 78 y la Ley para la Reforma Política del 77, se restauraron las viejas Leyes Fundamentales, tras ser reformadas y refundidas en el Fuero Nacional de 1984. La reforma más profunda afectó a las Cortes: el antiguo tercio de cabezas de familia fue transformado en la Cámara de los Procuradores, un parlamento de 400 miembros elegidos por mayoría en otros tantos distritos uninominales. Se creó así un verdadero parlamento democrático, dependiente únicamente de los españoles, a diferencia del engendro de Suárez, que no era sino un instrumento de los partidos y que con su sistema proporcional hacía ingobernable el país. Los demás procuradores, junto con el antiguo Consejo Nacional del Movimiento, constituyeron la cámara alta, el Consejo Nacional, representación orgánica de la nación española.

Este sistema ha conseguido crear, sobre las bases creadas por Franco, una democracia auténtica y estable, inspirada en el sistema del “turno pacifico de partidos” de la Restauración (establecido por Cánovas del Castillo hace un siglo). La ley prohíbe la existencia de partidos que promuevan la ruptura de la unidad nacional o la subversión del orden social, lo que garantiza una democracia honesta y segura, la “democracia dentro de un orden” en una España unida y unitaria, en contraste con el caos de la “transición” juancarlista.

El sistema electoral ha favorecido el nacimiento de dos partidos nacionales, la Alianza Nacional Española (ANE), a la derecha, y la Unión Social Española (USE), a la izquierda. Desde 1984, los gobiernos firmes de la ANE encabezados por el Presidente del Gobierno Blas Piñar, y la leal oposición de la USE, han garantizado la estabilidad de España, sobre una serie de consensos básicos: España, orden, familia, trabajo, unidad…

Aunque desde el extranjero se calumnia al régimen hablando de manipulación electoral y destacando los altos niveles de abstención, esto último no es sino una prueba de la extraordinaria placidez de nuestro sistema, en el que los ciudadanos pueden despreocuparse de la política sabiendo que su seguridad y prosperidad están garantizadas. Felizmente, las veleidades marxistas y separatistas han quedado felizmente desterradas de la política española, mientras España progresa. Aunque esas opciones ilegales florecen en partidos clandestinos, la eficacia de las fuerzas del orden mantiene a raya a la subversión.

De acuerdo con el legado de Franco, España mantuvo su forma de Reino, pero los juristas y los Hombres del 23 de Febrero se enfrentaron a la mayor dificultad a la hora de dar un Rey digno a España, después de la malhadada experiencia del perjuro Juan Carlos. Descartados los Borbones, se abrió paso con fuerza la opción de entronizar a la dinastía de Franco, que en vida, con su natural modestia, había declinado la Corona. Las normas de sucesión, tanto aplicadas a Alfonso XIII como al Caudillo, señalaban a la pareja formada por la nieta de Franco, Carmen Martínez-Bordiu, y el Duque de Cádiz Alfonso de Borbón: en su hijo mayor Francisco reunía la legitimidad de la dinastía histórica y la legitimidad de la Cruzada. Con un gran apoyo y entusiasmo popular, la Junta Militar coronó en 1984, como nuevo Rey de España, a Francisco II de Franco y Borbón, ante una emocionada Doña Carmen Polo. Como homenaje al Caudillo y símbolo de continuidad, sus apellidos fueron modificados y tomó el numeral de Francisco “segundo”, reservando el Primero al Generalísimo.

Francisco II contaba en 1984 con 12 años, lo que hizo necesaria una Regencia que asumiera la Jefatura del Estado hasta que, de acuerdo con el Fuero Nacional (que recoge lo establecido por la Ley de Sucesión de Franco), el Rey cumpla los 30 años, acontecimiento previsto para el año 2002. Desde 1984, el Regente Jaime Milans del Bosch ha conducido España con firmeza y pericia incontestables, emulando al Caudillo y preservando su legado.

España ante el escenario internacional

Desde el primer momento la España del 23 de febrero se encontró con dificultades en el orden internacional. Aunque los Estados Unidos y el Vaticano reconocieron y respaldaron desde el primer momento a la Junta Militar, el Segundo Alzamiento fue condenado por el Reino Unido y los demás estados de la Comunidad Europea, que dieron la espalda a España como represalia. Por el contrario, España gozó del respaldo casi unánime de las naciones hermanas de Hispanoamérica, destacando el apoyo de Chile y Argentina, cuya situación era tan semejante a la nuestra y donde las Fuerzas Armadas también se esforzaban en erradicar la amenaza marxista.

El gobierno británico acogió al ex rey Juan Carlos, el ex presidente Suárez y gran número de sus partidarios, y desde entonces ha encabezado la oposición a España, promoviendo inicialmente el boicot al Mundial de Fútbol del 82 y llegando a vetar el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea en las ampliaciones de 1986 (Portugal) y en la más reciente de 1995. La hostilidad británica no sólo se debe a las intrigas de Juan Carlos: Gran Bretaña no soporta la firme e inflexible reclamación sobre Gibraltar que España ha mantenido todos estos años (reclamación que estaba siendo olvidada durante la “Transición”), y el apoyo a nuestra nación hermana, Argentina, en su justa reclamación de las Malvinas en 1982 (España estuvo a punto de intervenir en auxilio de Argentina, pero la mediación papal frenó la guerra que los ingleses promovían).

La autodenominada “Plataforma Democrática”, una logia de traidores presidida por el ex rey y formada por los dirigentes de los antiguos partidos de la “Transición” (Suárez, González, Guerra, Pujol, Garaicoechea…), ha maquinado sin descanso desde hace 15 años para vengarse de España, desprestigiando nuestro Régimen y calumniándolo con absurdas acusaciones. El “Contubernio de Londres”, financiado de forma oscura y dirigido por intereses aún más oscuros, se ha empeñado en aislar España con peregrinas denuncias sobre “falta de democracia”, “falta de libertad”, “violaciones de los derechos humanos” y disparatadas y fantasiosas historias sobre torturas y desapariciones. Sus maquinaciones han logrado cierto eco en la CEE, pero cada vez son más ignorados por las naciones de peso y pronto terminarán en el rincón de la historia.

Prueba de nuestro creciente prestigio en el mundo, a pesar de las maquinaciones de los expatriados, son las numerosas visitas de Su Santidad del Papa Juan Pablo II, la firme alianza con los EEUU, la gran Exposición Iberoamericana de 1992 (por el Quinto Centenario del Descubrimiento de América) o, ese mismo año, la gran victoria de nuestra selección nacional de fútbol, medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París 1992.

Pero sobre todo, España ha establecido un sólido vínculo trasatlántico: tras el espaldarazo de la Administración Reagan al 23 de Febrero, España se ha convertido en un privilegiado aliado de los Estados Unidos en su defensa de Occidente ante la amenaza bolchevique. La alianza con EEUU ha sido el eje de la política exterior española, a pesar del rechazo europeo. El gran triunfo de España ha llegado con la caída del régimen soviético y el bloque comunista, victoria final de la firme defensa española contra el marxismo, iniciada por el Caudillo Franco el 18 de Julio de 1936. Por desgracia, Franco no pudo vivir para contemplarlo, pero las imágenes del derribo del Muro de Berlín fueron su mejor homenaje póstumo.

Mirando al Siglo XXI

A pesar de las dificultades económicas, a pesar del aislamiento al que nos someten desde Europa, a pesar de la subversión terrorista de los separatismos vasco, catalán, gallego, canario y andaluz, a pesar de los intentos desestabilizadores de grupos marxistas interiores, España ha conseguido unión y prosperidad y encara el siglo XXI segura de sí misma y orgullosa de su presente y su pasado. Superada la crisis de los 80 y recuperado el prestigio del país, las expectativas no pueden ser más halagüeñas.

En este año de 1996 se vislumbran importantes cambios: el Presidente Piñar ha anunciado su intención de retirarse antes del verano, mientras que se plantea también la posibilidad de la sucesión del Regente Milans del Bosch, ya con 84 años. Como nuevo Regente se apunta al Héroe del 23 de Febrero, el General Antonio Tejero, mientras que una nueva generación de políticos tomará con toda seguridad el relevo del Presidente. Otro asunto de vital trascendencia en estos días es el futuro matrimonio de nuestro joven Rey de 24 años, Francisco II, que garantizará la continuidad de la Casa de Franco y el futuro de nuestro régimen.

El nuevo escenario internacional que se ha abierto plantea numerosos interrogantes: la caída del bloque soviético y el cambio de administración en los EEUU (del republicano Bush al demócrata Clinton) obligan a replantear el papel de España. El tema más candente de nuestras relaciones exteriores, la cuestión de Gibraltar, continúa estancado ante la intransigencia del Reino Unido. Sin embargo, la sólida y leal alianza de nuestro país con los EEUU abre la posibilidad a una reintegración del peñón a España dentro de pocos años. La inminente devolución de Hong-Kong a China prevista para 1997 es un ejemplo a imitar.

Estamos en una época de importantes conmemoraciones: el pasado 20 de Noviembre recordamos el 20 aniversario del invicto Caudillo Francisco Franco, estos días conmemoramos los 15 años desde la gran jornada del 23 de Febrero de 1981 y el próximo 18 de Julio se cumplirán 60 años del Alzamiento y la Cruzada del 36. Echando la vista atrás, vemos lo que pudo haber sido España, un país roto, arruinado, hundido en el caos y la violencia… y hoy sabemos que España no sucumbió, que España renació el 23 de Febrero de 1981 y que esa España Triunfal sigue viva. Por muchos años.

(artículo publicado en el suplemento “El Alcázar Semanal”, el sábado 24 de Febrero de 1996, en un universo paralelo)

lunes, 9 de febrero de 2009

Problemas "de importación"

En Galicia, como en todas partes, tenemos problemas. Que si el paro, que si deficiencias en servicios, que si la falta de tejido industrial, que si carencia de infraestructuras, que si el envejecimiento de la población… como en todas partes cuecen habas.

Pero de un tiempo a esta parte presenciamos cómo a ciertos señores los problemas de Galicia no les parecen lo bastante interesantes, y para entretenerse han decidido importar problemas de fuera. Es el caso de la lengua. Ayer esos señores, que han creado la asociación “Galicia Bilingüe”, organizaron una manifestación en Santiago, en teoría por la “libertad de idioma”, aunque esos motivos parecen ocultar otras cosas, cosas que tal vez a sus promotores les da vergüenza mostrar abiertamente (y de las que hablaré después).

Resulta curioso encontrar, entre las adhesiones a la manifestación, las de organizaciones como la "Asociación para la Tolerancia" de Cataluña, el "Círculo Balear", la "Plataforma para la Libertad de Elección Lingüística" del País Vasco, "Convivencia Cívica Catalana" o la "Plataforma Valenciana por la Libertad Lingüística". Vamos, gente que conoce de cerca la situación lingüística de Galicia y que está muy concienciada por ver cómo los pobres galleguitos castellanohablantes somos oprimidos por los malignos nacionalistas. Más inexplicable resulta la presencia de la AVT, que llenó la manifestación con esas sombrillas suyas blancas con banderitas vascas y españolas: alomojó resulta que, como dijo en cierta ocasión Francisco José Alcaraz, quien no secunde la manifestación está fotografiándose al lado del entorno ETA-Batasuna... (no sería la primera vez)

Por cierto, antes de que ningún español de bien se me lance a la chepa diciendo que soy de la ETA, un ANUNCIO IMPORTANTE: CONDENO CON TOTAL ROTUNDIDAD CUALQUIER ACTO DE VIOLENCIA, Y PARTICULARMENTE LOS INCIDENTES PROVOCADOS POR UN GRUPO DE INDEPENDENTISTAS RETRASADOS MENTALES CONTRA LA MANIFA DE “GALICIA BILINGÜE”. Claro que tampoco pienso tolerar que se nos meta en el mismo saco a todos los que nos oponemos a esa manifestación: ayer había tres contra-manifestaciones: la de los subnormales lanzando botellas, la de los que simplemente sostenían carteles contrarios a la convocatoria y la de los que hicieron una parodia totalmente pacífica, "los españolísimos" (la mejor respuesta, muy bien por ellos). Naturalmente los imbéciles de la primera les han venido de perlas a los de la manifestación para apuntarse al victimismo, a través de sus portavoces y prensa afín.

Pero a lo que iba, las adhesiones a la manifa “bilingüe”. Los apoyos de partidos políticos son realmente interesantes: por un lado tenemos al Club de Fans de Rosa d'Ejjjpaña (la estrella y gran impulsora de todo este asunto - que también está muy enterada de la situación lingüística gallega), los "Ciutadans" (llevaban tiempo sin salir por la tele) y el Partido Popular... pero es curioso el caso del PP: es un "sí pero no", un “bueno…” muy gallego, un apoyo con la boca pequeña, como avergonzado. De hecho, el PP no ha apoyado la manifestación, en cuanto organización, con grandes aspavientos; por el contrario, simplemente ha permitido que algunos de sus miembros se sumen "a título individual": Ana Pastor, Corina Porro, Alfonso Rueda... Y es que el PP de Galicia sabe perfectamente lo que hay detrás de esto, y como partido que asume un cierto nivel de galleguismo (por eso no hay en Galicia un partido galleguista de derechas), es remiso a sumarse a tal disparate. Pero llegan órdenes de Madrid, y claro… También estaba Falange Española, pero no voy a comentar nada de eso porque sería demasiado fácil.

Aún así, en “Galicia Bilingüe” cada apoyo, aún con la boca pequeña y por sospechoso que suene, es tremendamente valioso, teniendo en cuenta lo infumable de sus diagnósticos y propuestas. Me pregunto cuántos de los 3.000 de ayer eran gallegos y cuántos eran “figurantes” traídos por las organizaciones foráneas antes dichas, que vinieron “a hablar de su libro” de paso que hacían una escapadita de fin de semana a conocer Santiago y probar el marisco. Su presidenta Gloria se vanagloria de que hay gallegohablantes que la apoyan (aunque tal cosa recuerda mucho al típico “amigo negro” o “amigo gay” del que echan mano algunos para excusarse de su racismo o su homofobia). Bien, de todo hay en la viña del Señor, dicen. Yo por ejemplo soy un gallego castellanohablante que apoya totalmente la enseñanza en gallego y rechaza las posiciones de “Galicia Bilingüe”. Y aquí lo voy a explicar.

La “persecución” del castellano

A los “turistas de manifestación” que ayer pasearon por Santiago les han contado que unos señores muy malos, los nacionalistas, están obligando a los niños a estudiar una lengua exótica y extraña, el gallego, para convertirlos en esclavos de Anxo Quintana y lavarles el cerebro (sí, es una exageración, pero lo que cuentan los de “Galicia Bilingüe” no anda muy lejos). Algunos conocen el problema de integración lingüística de Cataluña y simplemente lo han transplantado, creyendo que en Galicia es lo mismo.

Pero no lo es. Galicia no es Cataluña, básicamente porque aquí no tenemos una gran masa población de inmigrantes del resto de España para los que la lengua del país es extraña (en el sentido de ajena). Es más: los defensores de “Galicia Bilingüe” alardean con frecuencia de que también saben gallego.

El caso es que el bilingüismo es un hecho en Galicia. El nivel de conocimiento y uso del gallego es elevadísimo, y en todas las pandillas y familias se emplean gallego y castellano con naturalidad, sin que nadie se sienta discriminado. Yo soy castellanohablante (aprendí a hablar fuera de Galicia) y mi familia habla gallego. Y como todo el mundo en Galicia, siempre nos hemos entendido sin problemas. Todo Dios se maneja perfectamente en gallego y castellano, y aunque nunca han faltado los talibanes gilipollas, tampoco se les ha hecho nunca demasiado caso. En las escuelas se enseña gallego y en gallego (ya se hacía con Fraga), si bien ahora se aplica con rigor la Ley de Normalización Lingüística (aprobada por el PP en su momento); la TVG emite en gallego, la Consellería de Cultura promueve e impulsa el gallego como establece el artículo 5.3 del Estatuto de Autonomía (el Ministerio de Cultura se hace cargo del castellano) y el gallego es la lengua de trabajo de la administración autonómica.

Y lo sucede es que todo eso, que antes era así con la misma naturalidad con la que se emplea gallego y castellano, se ha convertido en un “problema” desde que la derecha dejó de gobernar Galicia y se creó este frente reaccionario neo-centralista en el que están UPyDance, la COPE y derivados y la corriente dominante del PP (ni siquiera todo el PP). Ahora resulta que cada anécdota pueril y cada rebuzno talibán es magnificado y exagerado, sacándole toda la punta posible para crear la sensación de que vivimos en un gulag nacionalista (nacionalista gallego, conviene precisar) y que los castellanohablantes estamos perseguidos y oprimidos.

Personalmente, como gallego castellanohablante, alguna vez me he sentido un poco “oprimido” por la parte de la ingle, pero luego me di cuenta de que era por los slips, que me apretaban. Llevo toda la vida en Galicia, siempre he hablado normalmente en castellano (cambiando al gallego cuando era necesario) y jamás en mi puta vida me he sentido discriminado ni perseguido ni criminalizado ni ninguna pollada de esas: cuando algún radikal tontolosgüebos (siempre hay alguno, como los tontoslapolla violentos de ayer) me viene con tonterías lo mando a freír espárragos y a raña-lo carallo, en dos idiomas, sin que se me forme un trauma.

Los “cruzados” de la “lengua común” se llenan la boca denunciando las “atrocidades” de la imposición lingüística de los nacionalistas, imposición que en Galicia es simplemente irreal. Por eso se ven obligados a elevar las anécdotas más triviales a la categoría de perversa campaña de limpieza étnica. Siempre ha habido talibanes del gallego, yo he sufrido a unos cuantos: en tiempos de Fraga (aquellos tiempos idílicos sin “imposiciones” ni “persecución”) tuve profesores de gallego que me llamaban “señorito” burlonamente por hablar castellano; yo simplemente me cagaba en sus muertos por detrás, les hacía caricaturas y… aprobaba sus exámenes, para darles en los morros (y pasar de curso, claro). Pero desde luego no había ese victimismo tremendista actual, impulsado por “Galicia Bilingüe”, El Mundo y otros “cruzados”, dispuestos a montar una tempestad en cada vaso de agua y a ver una banda de batasunis separatistas en cada grupo bravú.

¿Bilingüismo o Apartheid lingüístico?

"Galicia Bilingüe" es una organización curiosa, pues contradice su propio nombre. Lo que "Galicia Bilingüe" pretende no es una comunidad bilingüe, sino dos comunidades monolingües separadas, una segregación de los niños gallegos por idioma, un "apartheid" lingüístico en Galicia (tomando la palabra "apartheid" en su significado literal en afrikaans, "segregación"). Las aulas separadas o colegios separados para "niños en gallego" y "niños en castellano" que piden es un modelo diametralmente opuesto al bilingüismo (al pepero Alfonso Rueda se lo plantearon: “¿implica segregar a los niños?”, y él se fue por la tangente). Escuchemos a su presidenta en su discurso de ayer:

“No aceptamos porcentajes de empleo del gallego en la enseñanza […] nuestra lucha no acabará hasta que nuestros derechos sean respetados”.

En este discurso hay muy poco de “defensa de la libertad” (apenas una capita de pintura) y sí mucho de auténtica fobia por la lengua gallega. A Gloria Lago no le preocupa que sus hijos puedan no aprender castellano: lo que le molesta es que aprendan gallego, de ahí que pida un “todo o nada”, una segregación lingüística total. Los promotores de “Galicia Bilingüe” pretenden mantener a sus hijos “a salvo” de la “contaminación” de la lengua gallega, y esa defensa del “bilingüismo” que invocan retóricamente no es más que maquillaje. De hecho, la propia Gloria Lago considera innecesario que los niños sean competentes en ambos idiomas: “¿Por qué tenemos que conocer una de las dos lenguas a un nivel determinado?¿Cómo coño casa eso con llenarse la boca de “bilingüismo”? Deberían rebautizar su asociación con un nuevo palabro: “Galicia Bi-mono-lingüe”.

Esta entrevista del enlace anterior es reveladora: esta profesora de inglés afirma con desparpajo que es “imposible” ser competente en dos lenguas. La desmienten los millones de personas que hay en el mundo que son perfectamente competentes en dos, en tres o incluso más idiomas (diciendo una maldad, supongo que ninguna de esas personas ha sido alumna suya). En la entrevista, esta “enseñante” explica su experiencia personal, dando a entender que su hijo no tiene ni puta idea de gallego… y ella, en lugar de enseñarle o preocuparse de que lo aprenda, ha decidido que quiere excluir el gallego de las enseñanzas que recibe su hijo. El gallego, para las vacas y las letras de las pandeiradas.

Los motivos que mueven a “Galicia Bilingüe” tiene muy poco que ver con la pedagogía y sí mucho con ciertos prejuicios lingüísticos (y sobre todo clasistas) que creíamos superados. Durante muchas décadas el castellano ha sido asociado al progreso en la escala social, mientras que el gallego era la lengua de los campesinos y de los sirvientes, y siendo muuuy generosos, una lengua para el folklore. “Galicia Bilingüe” recoge esos prejuicios, que consideran al gallego como una lengua inferior propia de paletos, y que la “gente bien de la capital” tiene que hablar castellano. No es extraño que la normalización y el impulso del gallego resulten tan “ofensivos” a esa mentalidad: el hecho de que el gallego se haya convertido en una lengua oficial y culta es percibido como que “los pueblerinos y las criadas se les están subiendo a las barbas” y pretenden obligarles a “rebajarse”. Lo de “a mí hábleme en cristiano”, que humilló durante tantos años a la inmensa mayoría de los gallegos, se ha terminado, y algunos no lo acaban de aceptar.

Qué tontos son los niños (y los gallegos más)

Los argumentos en los que se apoyan los preocupados padres de "Galicia Bilingüe" para oponerse a que sus hijos estudien en gallego son realmente endebles, y tratan de ocultar de mala manera que lo que les mueve realmente son un montón de prejuicios lingüísticos sin fundamento, de los que acabo de hablar (por cierto, percibo un “parecido razonable” entre los “bi-mono-lingües” y los objetores de Educación para la Ciudadanía – deberíamos empezar a plantearnos hasta qué punto ese derecho de los padres a decidir la educación de sus hijos es compatible con el derecho a la educación de éstos).

Uno de los argumentos más habituales y que más cala entre los oyentes desprevenidos es el del tipo "si los niños estudian en gallego después no van a saber bien el castellano". Es una frase que ya he oído varias veces, y su fuerza como argumento es tan floja que se desmonta con tres sencillas preguntas al que lo sostenga:

pregunta 1: ¿Y tú en qué idioma estudiaste?
respuesta habitual a la pregunta 1: Pues en castellano
pregunta 2: ¿Y tú sabes gallego?
respuesta habitual a la pregunta 2: Pues claro
pregunta 3: Entonces ¿cuál es el problema?

No sé si es que los de "Galicia Bilingüe" consideran que sus niños son más tontos que los de los demás o que ellos mismos, pero es que la experiencia de generaciones demuestra lo contrario de lo que afirman. La generación de mis padres estudió en castellano exclusivamente, sin una triste asignatura de gallego: conocen el gallego perfectamente (vamos, es que son gallegohablantes en un 90 y muchos %).

Aunque no creo que se trate de eso, sino de un prejuicio mucho más vergonzoso e infame: asociar “gallego” con “tonto”. A estos “señoritos finos de la capital” les parece que los gallegohablantes de los pueblos son poco inteligentes (un viejo y estúpido prejuicio clasista) y deben pensar, tal vez inconscientemente, que el desarrollo intelectual de los niños se verá mermado si hablan gallego en el colegio. Ellos estudiaron en castellano, y aunque consiguieron aprender gallego en casa y en la calle, en su mente el castellano quedó asociado a “cultura” e “instrucción”. Asumido ese prejuicio, piensan que si sus hijos estudian en gallego en el colegio, esa lengua “pueblerina” disminuirá sus capacidades mentales hasta el punto de hacerlos incapaces de aprender castellano. Habría que preguntarse quiénes son realmente los “poco inteligentes”.

Otro “argumento” (este merece unas comillas) derivado del anterior y que he visto alguna vez empezaba diciendo “es que si estudian en gallego, cuando vayan a buscar trabajo fuera de Galicia…” (el resto se puede deducir). Básicamente es lo mismo de antes, sólo que además revela cierto prejuicio casi “étnico”: los gallegos estamos destinados “genéticamente” a la emigración y no tenemos más futuro que irnos fuera. En otros lugares se puede disimular hablando de “movilidad laboral”, pero en Galicia la emigración ha llegado a dejarla despoblada de gente en edad activa, un drama económico y social que ha marcado al país por generaciones, así que poco chiste con eso. Cualquier dirigente político cuyo proyecto de futuro para Galicia pase por seguir emigrando debería buscarse otro trabajo.

Mención aparte merecen las advertencias, repetidas por Gloria Lago, de que los niños van a sufrir “traumas psicológicos” por estudiar en gallego. Más o menos los traumas que tienen todos los gallegos que estudiaron en castellano hace décadas, que por las noches se despiertan entre pesadillas por culpa de aquello. Yo mismo debería estar fatal: empecé el parvulario en Barcelona, donde las clases eran en catalán, y me adapté sin dificultades y sin que mis padres protestaran; luego volví a Galicia y tras hablar castellano en Barcelona (y catalán en clase) me encontré con el gallego de mi familia y de algunas clases del colegio. Y después vino el inglés… Dios mío, no sé cómo no estoy ingresado en un manicomio. Vamos, que encima, madre hiperprotectora.

¡La "Lengua Común" en peligro!

Hoy día, aunque el gallego sea lengua vehicular de la enseñanza, los estudiantes tienen asignaturas de Lengua y de Literatura Castellanas, que son obligatorias como la que más. Lo inverso, con el gallego, no existía antiguamente, así que esa típica comparación de “es que ahora quieren imponer el gallego como antes se imponía el castellano” no cuela (no se molesten).

Y si me dicen que esos chavales no van a aprender el castellano, cuando en su casa, en la tele, en la radio, en la prensa, en los libros, en internet y en todos los medios a su alcancen la presencia del castellano APLASTA a la del gallego... permítanme que me descojone un poco. Desde luego no van a conocer el castellano peor que los estudiantes de otras zonas de España (de zonas monolingües, por cierto).

Esta cruzada uniformista que recorre España (impulsada por medios como El Mundo, la COPE y sus brazos políticos UPyDance y la corriente dominante del PP, que no todo el PP) ha hecho bandera de la “persecución del castellano” en las comunidades bilingües y el peligro que corre la que llaman “lengua común”. Pero ¿está amenazado el castellano en Galicia?

- Tenemos UN SOLO canal de televisión en gallego (la TVG) y unas pocas horas en otro (la programación del centro territorial de TVE), frente a 6 canales en castellano: los dos de TVE, Antena 3, Cuatro, Telecinco y La Sexta (y hablamos de TV convencional, porque si nos vamos a TDT o satélite la desproporción es mayor - incluso en las teles locales, al menos en Ourense, impera el castellano). Me hacen reír los que se quejan de la falta de presencia del castellano en la TVG: conviene recordarles que según la Ley de Creación de la CRTVG (que no es del bipartito) su función primordial es “la promoción, difusión e impulso de la lengua gallega”. Además, parece que seis canales frente a uno les parece poco.

- La misma situación encontramos en la radio: SÓLO UNA emisora 100% en gallego (Radio Galega) que alcance toda Galicia, frente a todas las demás, que apenas hablan gallego en algunas desconexiones locales (y en pocas).

- En la prensa diaria la situación es más curiosa, si tenemos en cuenta que la mayor parte de los diarios vendidos en Galicia son locales o de ámbito autonómico: La Voz de Galicia, el Faro de Vigo, El Correo Gallego, La Región de Ourense, El Progreso de Lugo, El Ideal Gallego, el Diario de Pontevedra, el Atlántico Diario, el Diario de Arousa... TODOS en castellano, con apenas unos pocos artículos sueltos en gallego (y sus ridículas ediciones especiales "galleguizadas" cada Día das Letras Galegas, para que no se diga: "una vez al año no hace daño"). Sólo unas pocas excepciones: Galicia Hoxe, O Xornal y el gratuito De Luns a Venres publican sus contenidos en gallego (A Nosa Terra, periódico histórico del galleguismo, es semanal). Y de los diarios de tirada nacional mejor no hablar.

- Si nos metemos en revistas y semanarios, las que vienen en gallego son la rara excepción, claramente minoritarias y especializadas, con un público bastante escaso y una existencia precaria. La inmensa mayoría, y desde luego las que leen los niños y adolescentes (revistas de videojuegos, de televisión, de moda para quinceañeras…) están todas en castellano.

- Y si uno entra en una librería (o la sección de libros de los grandes almacenes) la hegemonía del castellano es evidente. Hay lugares donde tienen a la venta más libros en inglés que en gallego. Para encontrar una oferta amplia de libros en gallego hay que acudir a librerías especializadas. Tiene cojones que digan que el castellano está en peligro cuando el gallego necesita refugiarse en librerías especializadas.

- Por no hablar del gran medio del siglo XXI, éste en el que nos encontramos. El ciberespacio en gallego es raquítico, la cantidad de webs, blogs y similares en gallego es ínfima, y si de éstos descontamos los de carácter institucional (Xunta, universidades, municipios...) las webs en gallego se cuentan con los dedos de una mano. Frente a esto, millones de webs en castellano. Y si comparamos tráficos...

¿El castellano amenazado por el gallego? Non me fagas rir que teño o labio cortado, como decía un profesor mío. Los que ven al gallego como una amenaza deberían mirar más hacia el inglés, o preoqpars + d otras amnazas q acexan al kasteyano y q son + claras...

Pretender el mismo trato para dos lenguas en una situación tan diferente es injusto, y reclamarlo por parte de cierto sector castellanohablante es un ventajismo que a otros castellanohablantes, como es mi caso, nos da vergüenza ajena. La lengua gallega es una lengua minoritaria con menos de 3 millones de hablantes y unas presiones brutales, que necesita una protección especial, no para “imponerse”, sino simplemente para mantenerse.

Arrinconado en los medios, al gallego sólo le queda la enseñanza y el ámbito oficial para sobrevivir. El castellano tiene su existencia (y su aprendizaje) garantizada en esta sociedad, por eso es necesario que el gallego sea la lengua de la enseñanza para asegurarnos de que las futuras generaciones de gallegos sean (sigan siendo) bilingües. Así lo establecen la Constitución (artículo 3.3), el Estatuto de Galicia (artículo 5.3) y las leyes sobre normalización lingüística (elaborada y aprobada por el PP de Fraga, por cierto). Porque Galicia ya ES y SERÁ una sociedad bilingüe, aunque no en el sentido que a “Galicia Bilingüe” le gustaría.

Conclusiones

- El castellano goza en Galicia de una excelente salud, al contrario que el gallego, que como lengua minoritaria necesita protección oficial; protección que le da la Xunta actual, como hicieron las anteriores y harán las futuras, independientemente de los partidos.

- Es falso que el castellano sea perseguido ni criminalizado, a pesar de la desinformación que se difunde al respecto desde ciertos medios, partidos y asociaciones (bueno, más bien “asociación”, en singular).

- Son absurdas las afirmaciones según las cuales la enseñanza en gallego resulta perjudicial para el aprendizaje, en el sentido de que los niños “no aprenderán bien castellano” o que “pueden sufrir traumas”.

- Los mensajes de “libertad de elección” y “persecución lingüística” lanzados por “Galicia Bilingüe” son una burda tapadera para encubrir prejuicios y fobias lingüísticas sin fundamento racional, basados en prejuicios clasistas no superados.

- Es inaceptable que por el capricho de unos padres acomplejados y llenos de prejuicios se pretenda segregar a los niños por lengua, como antes se segregaban por sexo.

- “Galicia Bilingüe” y sus mariachis pretenden todo lo contrario del bilingüismo: segregar Galicia, desde las escuelas, en dos sociedades monolingües separadas, creando un “apartheid lingüístico”.

Ha quedado claro que no soy partidario de “Galicia Bilingüe”. Pero es que mis objeciones a este movimiento van más allá del desacuerdo. Me parece ridículo, a la par de lamentable, que algunos traten de importar “conflictos de lengua” de otras comunidades, que no tienen sentido aquí. Pero sus motivos para hacerlo me parecen peor.

Detrás de todo esto hay unos intereses políticos que poco tiene que ver con Galicia. Estamos en plena ofensiva nacionalista española reaccionaria, que con el pretexto de “defendernos” de un talibanismo nacionalista, pretenden colarnos otro talibanismo nacionalista. Una cosa es quejarse de las decisiones del BNG, y otra pretender eliminar, como pretende UPyDance, el artículo 3.3 de la Constitución (la protección especial de las lenguas cooficiales como riqueza cultural), quitar las competencias de educación a la Xunta y dejar a la lengua gallega a la intemperie, camino de la desaparición, para convertirse en una lengua “folklórica”.

La manifestación de ayer en Santiago no iba dirigida a Galicia: iba dirigida a impulsar un proyecto político determinado en toda España. Es imperdonable que por las ambiciones políticas de ciertos medios y profesionales de la política de Madrid, y los caprichos de ciertos colectivos de gente con prejuicios absurdos se intente envenenar la convivencia en mi país con una disputa artificial.

Galicia no es ningún polígono de tiro para que El Mundo y Rosa d’Ejjjpaña hagan maniobras. Y el 1 de Marzo habrá que dejárselo claro.

Nota al pie

Mientras en Santiago algunos de sus compañeros se manifestaban porque se sentían “oprimidos”, Mariano Rajoy estaba en Suiza haciendo campaña entre los emigrantes. Hubiera sido una buena ocasión para que se enterara de la situación lingüística suiza, y de cuántos padres de Zürich protestan porque en Ginebra obligan a sus hijos a dar las clases en francés, y no en alemán. Pobres suizos, que no tienen “lengua común”.

Y otra cosa: aquí arriba, a la izquierda, está el banner del Manifiesto a favor de la convivencia lingüística y de la igualdad de derechos para el gallego, un contra-manifiesto frente aquél de la “lengua común”, impulsado por la Mesa pola Normalización Lingüística. Animo a todos los que estén de acuerdo conmigo a que se sumen.

 
Dejen a nuestros ancianos tranquilos
19A-lomojó